CHARLAS DE SOBRE MESA: HABLEMOS DE LA SINCRONICIDAD

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En días pasados, el viernes 14 para ser más preciso, me interesó un artículo publicado en un diario de circulación nacional cuyo título era: EL PODER OCULTO DETRÁS DE LAS COINCIDENCIAS. Me parecieron atractivos sus planteamientos sobre la necesidad de conectarnos con nuestra sabiduría interior.

Los tiempos de confinamiento derivados de la pandemia, nos dieron la oportunidad de hacer un alto en el camino, sacudirnos, ocuparnos del sentido de las cosas y tratando de encontrar explicaciones. Justo ahí, toman importancia los hechos del día a día en donde todos hemos sido presas de las coincidencias.

Dice el artículo en cuestión que las coincidencias pueden ayudarnos a tomar decisiones, consolarnos en en el duelo y ayudarnos a sentirnos más conectados con los demás y menos solos, tal y como lo comparte en su libro titulado: COINCIDENCIAS SIGNIFICATIVAS: cómo y por qué ocurren la sincronicidad y la casualidad, del reconocido psiquiatra Bernard Beitman.

Para mi sorpresa, el martes 18, un primo hermano y ahijado muy estimado, que es Doctor en Derecho y socio de una prestigiada firma de abogados a nivel nacional, me envió a través de Whatsapp un archivo en YouTube titulado: SINCRONICIDAD: Carl Jung y la sincronicidad. Las casualidades imposibles y su significado psíquico.

 

Sale sobrando aclarar, que por supuesto, mi pariente no tenía ni idea que esos temas que el me compartía estaban ligados con los que precisamente, habían llamado mi atención, eso es lo que se llama coincidencia o sincronicidad y que por cierto, no era la primera vez que me ocurría, ya había tenido otras experiencias.

Los seres humanos, vivimos una infinita cantidad de eventos que muchas veces creemos que sólo son casualidades, pero cuando nos compramos la idea de que es sólo una casualidad, corremos el riesgo de perdernos de información valiosa y así nos vamos a dormir con la mente bloqueada o incrédula luego de en el transcurso del día habernos encontrado con un símbolo de manera recurrente.

Busqué en Google la palabra SINCRONICIDAD y la búsqueda arrojó 729,000 resultados. ¿Qué es la sincronicidad? La palabra sincronicidad es un término elegido por el psicoanalista Carl Jung para referirse a dos hechos vinculados de manera simultánea y de forma causal, por tanto, hablaremos de una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí sin motivo aparente, pero con un contenido sumamente significativo.

Para Jung la sincronicidad no se presenta necesariamente de manera literal, sino que puede aparecer de manera simbólica. Él dividió el concepto en 3 categorías:

  1. Coincidencia entre un contenido mental (pensamiento, sentimiento, un sueño) y un acontecimiento externo (una llamada de alguien en la que se estaba pensando).
  2. Coincidencia entre una visión interna y un suceso que sucede lejos de allí (soñar con un accidente o la muerte de una persona que sucede en la realidad).
  3. Consiste en tener una imagen de algo que posteriormente acontece en el futuro.

Para aderezar estás líneas, les comparto esta bella reflexión que nos lego Ralph Waldo Emerson:

Somos imanes en un globo de hierro.

Poseemos la llave que abrirá todas las puertas.

Todos somos inventores, y cada uno de nosotros se embarca en un

viaje lleno de descubrimientos, guiado por una carta personal

de la que no existe ninguna copia. El mundo no es más que

aperturas, oportunidades e hilos de los que se espera que tires.

Créanme, es un tema tan apasionante, que le dedicaré también mi artículo de la próxima semana, y para seguirlo interesando, les comparto la siguiente.

Leyenda hindú

 

Una antigua leyenda hindú dice que hubo un tiempo en el que todos los hombres eran dioses. Pero llegaron a abusar tanto de su divinidad, que Brahma les quitó su poder divino y lo escondió en un lugar en el que les sería imposible encontrarlo.

El gran problema fue dónde esconderlo. Cuando los dioses fueron convocados por un consejo para resolver este dilema, propusieron lo siguiente: «Enterremos la divinidad de los

hombres en el suelo».

Pero Brahma contestó: «No, eso no será suficiente pues el hombre cavará y la encontrará».

 

Entonces, los dioses dijeron: «En tal caso, arrojémosla  divinidad en lo más profundo del océano».

 

Pero Brahma respondió de nuevo:«No, porque tarde o temprano  el hombre explorará las profundidades de todos los océanos, y seguro que un día la encontrará y la subirá ala superficie».

 

Desconcertados, los dioses propusieron: «Solo queda el cielo. Sí, escondámosla divinidad del hombre en la Luna».

Pero Brahma, de nuevo, dijo: «No. Un día el hombre recorrerá el cielo, irá ala Luna y la encontrará».

Entonces, los dioses concluyeron: «No sabemos dónde esconderla, puesto que parece que no hay ningún lugar en la tierra o el mar al que el hombre no pueda llegar un día».

 

Entonces, Brahma dijo: «he aquí lo que haremos con la divinidad del hombre:la esconderemos en lo más profundo de su ser, puesto que es el único lugar en el que no buscará». Desde entonces,

Concluye la leyenda, el hombre ha viajado por toda la Tierra, ha escalado sus montañas, se ha tirado al mar, ha clavado sus suelos y ha explorado la luna y el

cielo en busca de algo que se halla… dentro

de sí mismo.