CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA EN EL ESTADIO NEMESIO DIEZ
“La crónica de una muerte anunciada” afuera del Estadio Nemesio Diez, empezó a percibirse desde las 15:00 horas, cuando el arribo de hinchas vestidos de rojo escarlata, comenzaba a dibujarse alrededor del recinto que hace más de 38 años fue sede mundialista.
El corazón de los seguidores del rojo, a pesar de sentirse animoso de estar presente en otra liguilla más y en otro encuentro con el que sigue siendo el mayor campeón del balompié mexicano, también tenía latidos debilitados dada la incertidumbre del resultado, ya que el equipo de casa, tenía desde el minuto cero del partido de vuelta, una desventaja significativa de dos goles.
Las posibilidades de los Diablos Rojos del Toluca para vencer a las Águilas del América, realmente eran pocas, por no decir casi nulas, pues la oportunidad de anotar nuevamente cuatro goles en un solo partido no se presenta con frecuencia en la escuadra de la capital mexiquense.
“Estamos con fe de que remonten y salgan ganadores. Nos merecemos otra copa, ya son muchos años de no ser campeones. Nos deben una”, conversaba Daniel Bernal, quien es aficionado del Toluca y residente de la Ciudad de México.

Como Daniel estaban Felipe, Oscar, Andrea y Sebastián, que aunque nacieron tres, cuatro y seis años antes del último campeonato de los rojos, desean vivir la adrenalina de una final del equipo de sus amores.
“Ya no nos tocó disfrutar del Toluca campeón y tenemos la ilusión de que se dé en esta ocasión, el equipo ha jugado muy bien todo el torneo, ojalá que recuerden que nosotros, como afición, queremos verlos levantando la copa”, resaltó Sebastián ondeando una bandera con los colores del equipo mexiquense.
Los americanistas, por su parte, con el alma infestada de energía, llegaron a la calle José María Morelos y Pavón 10 minutos antes del silbatazo de inicio y con bengalas amarillas y azules, intercambiaron el debilitado humo rojo que dejó el paso del equipo toluqueño. Las banderas, los cantos y los puños resaltaron la ilusión de que su equipo sea por dieciseisava ocasión campeón del fútbol mexicano.
“¡Vamos a quemar al Toluca!”, gritaron escandalosamente llevando en lo alto la figura de un diablo de cabeza hecho de cartón y al cual procedieron prenderle bengalas rojas simulando un asesinato latente.

Con la tensión hasta por los poros de la piel, los menos afortunados, se quedaron en el exterior de la conocida Bombonera para ver a través de una pantalla el partido. Gritaban, se sentaban, colocaban las rodillas en la carpeta asfáltica rociada de residuos de cerveza y ninguna de las acciones permitió el consuelo de un equipo que desde hace 14 años no muestra aprecio de una afición que es fiel sin importar las derrotas.
“Pues sí duele pero uno es fiel a su equipo, si no no seríamos verdaderos aficionados. Gane o pierda estaremos, pero esperemos que ya nos tomen en cuenta y no sigan con este juego interminable de generar ilusión cuando realmente no se tiene intenciones de ganar. Uno hace mucho para apoyarlos, ¿por qué entonces no es recíproco?”, refirió Alejandro Velasco, quien acompañado de su hijo de 10 años, decidió retirarse antes de la conclusión del partido, “porque duele y no es justo”.
La tarde cayó, como el equipo del Estado de México y una vez más se inicia desde cero para los “tifosi” del rojo.

