Cumplo años

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Y lo único que contará cuando

me muera será el peso de mi corazón. 

Parafraseo a Dios.

Cumplo años y escribo todo aquello que ronda mi cabeza desde hace días. Hace dos, cumplí cincuenta y me siento digna de decirlo. En estos clichés de mujer; la edad no se menciona y me parece absurdo que nos acuñen para ser falsa y eternamente jóvenes. La edad dejó de importarme; he aprendido que un número no es lo que me hace realmente mujer, ni bella, ni hermosa, ni inteligente, ni atractiva.

 

Todo lo contrario, con la edad y cada una de sus enseñanzas, mi mente y alma, han reconocido cada circunstancia acomodada distinguiendo todo lo valioso que la vida me entrega: soy la única que decide qué hace con ello y los últimos meses  he dejado lo que me lastima para dar paso al agradecimiento y la paz que esto me da.

A veces me pienso de los seis años a la edad que tengo y me siento en un marasmo de sensaciones agradables por cada mañana que despierto lúcida de vida. No tengo una memoria fotográfica, muchos recuerdos los he traído a mi mente sólo para celebrar cómo he llegado hasta acá.

Hace días pasé mi escritorio a la ventana que da a la calle, saqué mi cama individual casi a la cocina de mi pequeño hogar; mi humilde y gran templo de la amada Sofía. 

He vendido el televisor, no tengo teléfono de casa; la modernidad versus pandemia se han encargado de decirme qué es lo importante de lo que no. 

Tengo días sintiéndome jubilosa de unos años más, con la diferencia que, el tiempo contado ha sido corto para sentirme satisfecha, entusiasta, agradecida, bendecida, capaz de dar amor de vida. 

Aun cuando faltan algunos días, ya me han llegado los primeros obsequios. Mi amiga Lupita Leal, me regaló una muñeca antigua que representa mi niñez; la recuperación de la niña que me habitó y que hoy, a mis cincuenta y tantos, la siento viva. 

Los ojos de Lea, la muñeca, son los míos; así, achispados, sonrientes, ilusionados, llenos de vital magia. ¡Bienvenidos mis cincuenta y dos! ¡Feliz cumpleaños Carmen Sophía!