De dictaduras y otros demonios

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El siglo XXI prometía ser el siglo de la democracia y la libertad. Terminadas la segunda guerra mundial y la guerra fría y, entrados en la última década del siglo XX con el desarrollo del comercio internacional el mundo se hizo más “pequeño” y la libertad de la que se gozaba en la mayoría de los países del mundo con la democracia, indicaba un periodo de paz y desarrollo.

Durante la primera década del siglo XXI los organismos y organizaciones internacionales tanto gubernamentales como no gubernamentales se enfocaron en construir agendas públicas que garantizaran entre otras cosas, la promoción de los derechos humanos, la igualdad, el combate a la pobreza y el cambio climático; todo esto en el contexto de los ideales de la democracia.

La democracia y el libre mercado era el paradigma de los pueblos para alcanzar el desarrollo y la igualdad social. ¿Qué pasó? Que ni una ni otra han hecho realidad el sueño de millones de personas que vivían y siguen viviendo en la exclusión. Luego entonces, si el libre mercado y la democracia no son la solución ¿Qué lo es?

La lógica histórica y dialógica nos indica que, si estos ideales institucionalizados no funcionan, deberíamos volver a lo clásico, esto es: los personalismos y a ideologías prehistóricas como lo son: el nacionalismo y/o ¿el comunismo?, lo pongo entre signos de interrogación porque pareciera que algunos de los nuevos populismos, causados por el desencanto en la democracia, utilizan el discurso de la igualdad basada en decisiones de tinte autoritario que pueden derivar en dictaduras, como la época del socialismo real. El ejemplo más claro de esto es Venezuela, pero, por otro lado, tenemos países que nunca han podido evolucionar en sus democracias y que pareciera que su status quo, aunque no es pasión del pueblo, tampoco encuentra la fórmula para destrabar sus realidades, me refiero al caso de Bielorrusia.

Bielorrusia es un país relativamente joven (consiguió su independencia en 1991) y ha sido gobernado desde 1994 por un solo hombre: Aleksandr Lukashenko, es decir que lleva gobernando 26 años. En el mes de agosto del año 2020 se llevaron a cabo elecciones generales para la presidencia, Lukashenko ganó con más del 80% de los votos emitidos y con un polémico “apagón de internet” durante varios días. Esto no sería una sorpresa si en Bielorrusia la economía fuera boyante y la corrupción estuviera  Desde entonces ha habido protestas en las calles en contra de las elecciones por haber sido aparentemente fraudulentas. La represión de Lukashenko ha sido al mejor estilo de las dictaduras comunistas del prehistórico socialismo real.

Es curioso que, en el escenario global, China y Venezuela estén apoyando a Lukashenko mientras que la Unión Europa rechazó las elecciones y las señaló como fraudulentas. Rusia juega un papel muy importante en este escenario pues es evidente que Moscú tiene una relación de interés e influencia sobre el país.

Tal perece que, con tantos frentes abiertos en nuestra sociedad global, los demonios de las dictaduras se asoman o se reafirman, y es entre otras cosas, a causa de la falta de liderazgos políticos responsables que den soluciones incluyentes de carácter social, pero también y, hay que decirlo, por la falta de preparación de algunos pueblos para exigir que se respeten las reglas del juego. ¿Qué más demonios se aparecerán?