De dulces y obsequios

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Cuando yo doy me doy a mí mismo

Walt Whitman

 

El miércoles por la noche, mientras caminaba, veía las luces navideñas con las que adornan algunas casas, y me di cuenta que el paso del tiempo ha ido debilitando mi espíritu navideño. Tengo flotando en alguna parte de mi mente los recuerdos de algunos diciembres pasados que fueron muy difíciles y eso no ayuda,  sin darme cuenta empecé a hacer el recuento y el panorama se tornó más desolador. Mas tarde, cuando ya estaba en casa, recibí una llamada y pude hablar con una de las personas más agradables y buenas que he conocido y para cuando esa llamada finalizó, mi ánimo decembrino cambió.

Recordé que mi vida no ha sido perfecta porque no hay vidas perfectas y que cada día, de cada mes, de cada año, han existido momentos desagradables y situaciones complicadas con las que siempre he podido cargar para dejarlas en segundo plano y darle prioridad a las cosas del alma. Una navidad muy lejana, era una jovencita que cargaba con la vida revuelta junto con la cabellera, llegué de invitada sorpresa a la casa del que, en aquel momento, era mi novio, ya era tarde y habían tenido su intercambio de regalos. Su madre, una señora muy cariñosa,  me dio la bienvenida y despareció un ratito para regresar con una de esas botas de plástico llena de dulces, me abrazó y me dijo: este es tu regalo,  feliz navidad.

En esa época no estaba acostumbrada a que alguien y menos una desconocida, tuviera un buen gesto conmigo y menos que me obsequiara algo. Aquella noche recibí algo mas que dulces. Somos lo que vamos conociendo del mundo, somos lo que aprendemos y percibimos de los demás. No estoy segura si todo lo que uno da regresa el doble como dicen por ahí, pero no importa, hagamos del dar una costumbre, siempre hay alguien que necesita una palabra, un abrazo, un café o un té de hierbas curativas. No nos esperemos a ser mas generosos el año que viene, empecemos hoy, tomemos de pretexto diciembre época de obsequiar, siempre tememos algo que compartir y por más sencillo o pequeño que eso sea, encenderá una fogatita en el espíritu de alguien y una noche de ésas, muy malas,  recordará lo cálido de ese fuego y se sentirá reconfortado.

Honremos a todos aquellos que alguna vez nos han obsequiado a manos llenas, haciendo lo mismo.  Este es un buen momento para pensar en hacer un lugar más en nuestra mesa, regalar dulces para la buena fortuna, decir todos las palabras de amor y perdón que nos guardamos durante mucho tiempo. La palabra y el abrazo son regalos de magia curativa.