DE MI SE ACUERDAN

Views: 128

En el verano de 1978 el Partido Comunista Mexicano lanzó una campaña por recuperar su legalidad. Para ello inició una serie de movilizaciones a lo ancho del país a fin de exponer sus objetivos de transformación por medios “democráticos”, queriéndose empatar con los partidos eurocomunistas de entonces.  

En aquel tiempo me desempeñaba como reportero del diario unomásuno, y así fui enviado a Guadalajara para cubrir el mitin que en la Plaza de Armas encabezaría el dirigente Arnoldo Martínez Verdugo. Inició a las doce, y una hora después había concluido. Como el vuelo de retorno era hasta las cinco, me lancé a buscar una entrevista con el dirigente de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), que en años recientes había protagonizado violentos enfrentamientos con los miembros del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), y con los “tecos” (de ultraderecha) de la Universidad Autónoma de Guadalajara. 

    Una llamada telefónica y sí, una hora después me encontraba ante el dirigente de la FEG, el joven estudiante de Historia, Raúl Padilla. Recordaba las notas de primera plana del Excélsior de Julio Scherer… balaceras, atentados explosivos, reyertas. Así que la primera pregunta de entrada fue: “¿Se puede pensar que la FEG sea una organización estudiantil armada?”. La respuesta fue tajante: 

    –¡De ningún modo! –respondió Padilla extendiendo los brazos sobre el escritorio, y en el gesto empujó un pequeño bulto guardado sobre la mesa. 

    Era una discreta pistolera, y la Colt automática rodó por el piso, sin que nadie comentara nada. La entrevista siguió tal cual, y al día siguiente estaba en la primera plana del diario: “La FEG busca organizar pacíficamente la protesta estudiantil en Jalisco: R. Padilla”. 

    Luego, abandonados ya los trotes reporteriles, en noviembre de 1987 fuimos convocados un grupo de autores para viajar a la primera Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en algo que llamaban el centro de exposiciones. Así que en la terminal de Balbuena, a punto de montar el pulman, nos saludamos en el andén varios amigos… Hernán Lara Zavala, María Luisa Puga, Gonzalo Celorio, el español Javier Marías, el poeta Eduardo Lizalde, Dante Medina, Eraclio Zepeda, Silvia Molina, Daniel Sada y etc.  

    El viaje fue una fiesta en el salón bar, con cigarros, brandy y anécdotas mil a carcajadas. “Pinches críticos mamones, pinches editores culeros, pinches regalías que no llegan”. Apenas arribar a Guadalajara, fuimos trasladados a las instalaciones de la famosa primera FIL, que era de absoluta anarquía y buena disposición: las conferencias se daban en salones que parecían gallineros (con cartón de huevo en la alambrada), sin micrófonos y camioncito para llevarnos a comer y merendar. Ahí fue el reencuentro con Raúl Padilla, como coordinador de la FIL, a punto de convertirse luego en rector de la Universidad de Guadalajara. “Disculpen los descuidos de esta vez”, nos previno, “porque ya lo verán, esta Feria habrá de convertirse en la más importante del idioma español. De mí se acuerdan”. Y cumplió. 

    En diciembre de 2015, cenando en su casa, éramos como cien los ahí convidados. Al aire libre, bajo pérgolas de lona, compartíamos canelones y algunos vinillos cuando algunos locuaces intentaron bailotear sobre la tarima del jardín. Padilla fue a calmarlos… “se pueden ahogar”, les advirtió. ”Bajo la plataforma está la alberca, y hay que evitar un accidente”. 

    Hoy día la FIL es nuestra mejor carta de presentación cultural ante el mundo. Junto a la feria de Hannover, se ha transformado en el escaparate universal del libro y el pensamiento contemporáneo. Tan, o más importante, que todos los murales de Diego y Siqueiros, o toda la filmografía de la ”época de Oro”.  

    Lo del Domingo de Ramos no fue un accidente. Al iniciar la madrugada el reflexivo Raúl se dio un tiro para evitar la agonía de la metástasis, que ya lo agobiaba. “Muerte asistida”, le llaman en Europa, o una Colt en la mano, que da lo mismo, como la de 45 años atrás. Se ha ido un héroe, digamos que el impulsor más importante del libro (y el cine) en México y Latinoamérica. Adiós, jefe.