DE TOLUCA A VALLE DE CHALCO
Febrero 2026 en un día templado pintando para caluroso te diriges a El insurgente el modernísimo tren suburbano que conecta a Toluca con la CDMX
Llegas a la terminal de Zinacantepec y como es el principio encuentras asiento. Tu viaje será de placer, aunque un asunto necesario te haga ir a la capital. Y de ahí a Valle de Chalco.
Tu ser de la Era Terciaria debes preguntar cómo se usa la tarjeta que representa franquear el paso y llegar a los andenes.
Para el tren, te instalas y con fondo de música suave mexicana comienza un viaje de ensueño. Y desde el principio descubres que Toluca ya es una metrópoli y viendo hacia el norte notas que La Teresona, nuestro cerro rey, donde íbamos en épicas aventuras, ya casi va a la mitad, de casas y de cosas. Sigues viendo a una cuidad nueva, desconocida, la nueva Chorizópolis.
Invadida por miles de nuevas casas y de nuevos vecinos, y en este momento, al mirar hacia abajo tres edificios están en lugar de lo que otrora eran campos de futbol. El Insurgente frena momentáneamente en Toluca centro y luego enfila hacia Metepec. El Huapango de Pablo Moncayo apenas se oye y mientras miras pasar casas y autos reflexionas en el antigua pueblito de Metepec que hoy es el vasto y riquísimo nido de potentados.
Avanza el moderno ferro y tu cabeza comienza a construir imágenes: los miles o tal vez millones de nuevos habitantes de Toluca, Metepec, Lerma donde es la siguiente parada: ¿de donde salieron? Como se ha poblado tan abruptamente esta parte de Toluca y reflexionas en que el Estado de México y el CDMX son la quinta parte de la población nacional.
Rueda El Insurgente y las ideas sobre la crónica se diversifican: paisajes, clase social, los 100 pesos que te costó el pasaje, cuando de pronto aparece La Marquesa, sus pastos, sus puestos, sus árboles y te preguntas ¿porque aquí no hay una terminalita que sobre todo los fines de semana llenaría el lugar? Gigantesco error que quien sabe a quién se deba.
Continúa el viaje y el paisaje lo comparas con las películas Europeas cuando fotografían los Alpes o la Selva Negra Alemana.
De pronto se anuncia que llegas a Santa Fe ¡ohh! El otro mundo el de la riqueza y el boato, el de la elegancia y la lana: monumentalidad en los edificios y recuerdas cuando hace 40 años era el basurero del Distrito Federal en donde hiciste una crónica que hoy parecerá asentada; Las lápidas.
Cierto, en Santa Fe estaba en las cavernas de las minas de arena la cuidad de los muertos en vida, los teporochos del D.F, en etapa terminal que aquí venían a morir con el calor de los de su especie.
En la gran cuidad nadie los recibía, ninguno los quería, eran sobrantes humanos en el D.F. y aquí morían acompañados y luego sepultados.
Y la antítesis: hoy la elegancia y la vida se asientan sobre las minas de arena y las lapidas.
Más pronto que lo cuento llegamos a la estación Vasco de Quiroga. Ahí bajan muchas personas que irán en autobuses o en funicular hasta Los Pinos, a encabronarse con el lujo en que vivían los pinches rateros ex presidentes.
Tú sigues hasta Observatorio y ahí hallarás asiento seguro por ser el principio de la línea uno del Metro, y de volada irán pasando las estaciones que desde hace muchos años conoces: Tacubaya, Chapultepec, Insurgentes, etc… hasta llegar a la estación Zaragoza en donde abordarás un camión de segunda que te lleve a Valle de Chalco.
Oooh el antiguo D.F y el Estado de México ya revueltos ya no binomio sino unidad y por cierto no saldrá tu camión, hasta que se llene, mientras te solazas con los finísimos albures de una simpática gordita que hombro con hombro con el chofer de la unidad lanzará verbos envenenados:
- Ton’s que gordis me las das, me das las partidas.
- Y tendrás con queso las enchiladas pendejín.
Mientras la música grupera inunda el recinto
Por fin se llena el autobús y enfila a toda velocidad por la av. Ignacio Zaragoza y tú, mirando a derecha e izquierda notas la abundante, colorida formación de autobuses, autos particulares y hasta tráileres.
La invisible línea divisora entre la CDMX y el Estado que lleva el nombre de la patria toda quien sabe cómo la pasaste, lo cierto es que de pronto aparece Valle de Chalco.
Te bajas y encuentras a una cuidad más que pueblo, abigarrada, con gente que pudiese ser capitalina, con nuevos inquilinos, el Valle de Chalco pertenece al feudo mexiquense y pudiéramos decir que también a la CDMX. Y vienen las reflexiones al canto; chin, es lo mismo: una alcaldía y un municipio, Iztapalapa es una Cuidad en si, como Ecatepec que tienen más habitantes que los países centroamericanos.
El calor la nueva gente la novedad. Realizas tu tramite y vámonos de regreso a Pantitlán para el retorno, y por supuesto como ahí es principio y fin, terminal y primera estación, hallas lugar y de nuevo llegas a Observatorio, sin dejar en el tintero que este es el verdadero México, que ésta es la neta de la Patria y en el camino que recorre El Insurgente, otra vez la reflexión: ya somos un chingo pero ¿y ahora? La maestra Delfina Gómez dudo que podrá siquiera recorrer el Valle de Chalco e incluso presumo que los de Iztapalapa, el Valle de Chalco y compañía de alcaldías y municipios no conocen Toluca, pero ahora con El Insurgente no habrá dificultad.
Por cierto, sin querer al hablar del Valle de Chalco piensas en Valle de Bravo, y si en el primero están sin agua en el segundo con una laguna, la de Avándaro que a los lados la bordean el lujo y la riqueza. Una polvosa nueva otra, asiento de políticos ladrones en mansiones lujosas. Este es México.
Dormitas un poco y al despertar, ya está Zinacantepec principio y fin del viaje.
Pardea la tarde anunciando que en poco tiempo el negro manto de tinta china cubrirá a Tolucópolis y tú al abordar el taxi en la estación Zinacantepec piensas que vives en un mundo que ni pensabas y se te viene el chingo de gente, de paisajes, de música, y sobre todo de amor por la vida que te permitió vivir este nuevo mundo.

