Decía Kalimán…

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Uno de los referentes más interesantes de la cultura popular mexicana es Kalimán, aquel héroe de historieta cuya sapiencia era reconocida, al punto de convertirse en un referente con respecto al estilo de vida más conveniente para hacerlo en armonía.

Serenidad y paciencia, una de las máximas más representativas de su acervo, cuya pertinencia tiene cabida incluso en nuestros tiempos, en tanto cada vez somos más intolerantes con el otro y, por tanto, somos capaces de mostrar nuestra cara más obscura, incluso sin conciencia plena de lo que decimos.

Porque somos intolerantes y lo que buscamos es sangre a toda costa, incapaces de permitir el error, incapaces de mostrar tantita empatía, incapaces de pensar en que todo aquello que criticamos nos puede regresar como boomerang en cualquier momento.

Quien es incapaz de mostrar paciencia, suele tener conflictos existenciales; personas casadas con la suya y que suponen que eso que piensan y exigen es verdad absoluta, con nula autocrítica y en la creencia de que su voz es ley, al costo que sea, aplicando una máxima a su estilo: porque lo digo yo.

De la misma manera, evidenciando que no tienen interés alguno es mostrar serenidad, porque les invada un cáncer que poco a poco les va mermando su lado humano, y porque se acostumbran a existir con base en el enojo, la agresión y la intimidación. ¿Para qué mostrarse serenos si a gritos y caprichos podemos conseguir las cosas?

Esto se acompaña de una inmensa ingratitud, porque a pesar de los esfuerzos del otro seguimos en la búsqueda de imponer nuestra voluntad, porque de no ser de esa manera, nos convencemos de que el mundo está en nuestra contra.

Personas verdaderamente exitosas han dejado claro que una actitud positiva ante la vida es la mejor forma de lograr los objetivos; asumen que de nada sirven los conflictos, que el enojarse con todo y contra todos no es una forma sensata de vida.   Aún con esta postura, es tristemente común encontrar personas que, incluso con lecciones de vida fuertes, mantienen su paradigma y persisten en la imposición como forma de vida.

Serenidad y paciencia; dos palabras que encierran una gran enseñanza, porque quienes las aplican están convencidos de que es a través de una postura positiva como se pueden construir mejores relaciones humanas y se consolidan las personas triunfadoras de manera integral.

¿Qué ganamos con la agresividad?, ¿Cuál es el sentido de una actitud retadora permanentemente?, ¿A dónde queremos llegar?

Que simple sería para todos entender que la vida se construye con esos pequeños detalles: un abrazo, una mirada sutil, una postura servicial, el trabajo continuo y permanente, la capacidad de llegar a buenos acuerdos o la sonrisa a flor de piel.

Bien decía Kalimán; uno de esos sabios que sin grado académico de por medio, sin una posición jerárquica alta o sin una falsa intelectualidad, ofreció una postura inteligente, pertinente y congruente con las necesidades de un mundo cada vez más adverso.

Estimado lector, ¿Cree que tenía razón?

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