Delitos cibernéticos
Resulta innegable el uso que las personas dan a las redes sociales, siendo espacios donde la gente puede convivir, informarse, comunicarse y en general expresarse socialmente; no obstante, hay gente que hace mal uso de las redes y la tecnología para obtener beneficios indebidos e incurrir en conductas contrarias a la propia sociedad.
De tal suerte, que los delitos cibernéticos, son como tal delitos que se dan en entornos virtuales y que, en México, no cuentan como tal con una tipificación específica, sino que tipifique y sancione como tal las conductas nuevas que aparecen día a día en entornos virtuales, sino que forzosamente hay que encasillarlas dentro de los delitos ya existentes pero que no se ajustan como tal, pues los entornos virtuales entrañan nuevas conductas que requieren una normatividad y una pena aplicables.
Por ejemplo, si se realiza una extorsión a través de redes sociales, lo más seguro es que este delitos se catalogue únicamente como extorsión, a pesar de que quizás a través de medios virtuales, los ciberdelincuentes realicen esta conducta de manera masiva o finjan identidades; siendo así que la pena aplicable no es la adecuada a una conducta más organizada y violenta.
El uso de inteligencia artificial también implica la generación de nuevas conductas, mismas que aparecen a través de la generación de voz, como puede ser el robo de identidad, o incluso delitos de índole sexual como la generación de contenido sexual falso, o incluso otros delitos como la pornografía de menores, la trata de blancas, el turismo sexual u otros que pueden materializarse y causar un daño real en un ambiente real.
De tal suerte, que hay que entender que los delitos cometidos por medios digitales si tienen o generan un daño en un entorno real, también delitos más patrimoniales como lo son el robo de información, el fraude digital, operaciones con recursos de procedencia ilícita, etc. Por otra parte, también existen delitos que dañan la vida, como es el caso del delito de inducción al suicidio, por ejemplo, con plataformas como lo que en su momento se llamó, “la ballena azul”, caso en el cual un grupo de cibercriminales convencían adolescentes a quitarse la vida a través de una serie de retos.
De tal suerte, que la legislación debe adaptarse a entornos virtuales tal y como se hizo a través de la Ley Olimpia.
