Desde donde sea sigue persiguiendo un montón de sueños…
El cáncer me ha dado momentos gloriosos,
de una clarividencia brutal,
de una emoción como nunca antes había sentido.
Pau Donés
En este día en que Pau Donés dejó el plano terrenal se ha comenzado a hablar de sus historias y en particular las asociadas a Jarabe de Palo, como aquella, que probablemente ya habrá leído en horas pasadas de la verdadera historia de La Flaca. En estas próximas líneas me gustaría comentar sobre una de sus creaciones, la que habla más de él. Curiosamente no se trata de una obra musical, sino más bien literaria, una plática de vida plasmada por una imprenta.
Se trata de su libro 50 palos del cual él mismo señalaba que no se trata de una biografía porque las biografías huelen a muerto. Es una reflexión, una charla amistosa que se alarga hasta la madrugada y en la que cuenta de sus mejores momentos, pero también de los peores. Del suicidio de una madre, del fracaso amoroso, de una carrera con altibajos que cuando repunta queda interrumpida por un diagnóstico atroz: cáncer de colon, pero él mismo expresaba que ahí no cabían los lamentos ni la melancolía. Es un libro optimista, como la música de Jarabe de Palo, como la filosofía que rigió la vida de Donés. Es un libro tierno, honesto, emotivo, divertido pero algo ácido por momentos.
Vamos a comenzar con lo que nos señala muy atinadamente aunque de manera poco convencional Antonio Gil-Nagel Rein, el neurólogo que realizara el prólogo de esta charla de Pau. Nos platica acerca de que los silencios y sonidos se construyen con cierta coherencia. También señala que la corteza de los lóbulos temporales es activada por el ritmo, la melodía y la armonía, de tal suerte que pueden ser almacenados como recuerdos imborrables. Es como si conserváramos la banda sonora que acompaña la película de nuestra vida.
Nos narra que cada sistema nervioso, será activado por su música, aquella que tiene un significado, que forma parte de su biografía o que abre una nueva ruta en sus vivencias. Así es que el músico conecta con nuestra experiencia aportando su cotidiana originalidad y activa nuestra corteza cerebral. Los autores como Pau Donés saben encontrar, porque han nacido para explorar. Lo quieran o no, su cerebro está diseñado para buscar, no seguir el camino trazado, apartarse de las convenciones y pensar desde fuera del espacio común. Nos platica cómo un lunático del tipo Charles Chaplin tiene un cerebro especial con un talento original.
Así es que canciones como La Flaca, que surgen de una aparente locura, nos acompañarán el resto de nuestra vida, lo mismo que las películas de Charlot. El carácter de los exploradores está marcado por una sensibilidad diferente en el centro de recompensa, en la corteza prefrontal, justo a la altura de las sienes de nuestra cabeza. Allí actúa la dopamina, uno de los neurotransmisores necesarios para que disfrutemos de la vida.
Pau nos dice muy al principio del texto: Ahora bien, pelos en la lengua tengo pocos, y de igual manera os digo que nunca escribo con el encefalograma plano. Es decir, siempre lo hago desde la euforia o la melancolía, por lo que a la hora de leerme conviene tener en cuenta que estos palos fueron escritos en contextos emocionalmente alterados, así que, si en algún momento encontráis alguna declaración fuerte o fuera de tono no os preocupéis, seguramente la escribí en un momento de notable estado de excitación (que no exitación).
En este magnífico libro, Pau Donés reúne ideas, teorías y pensamientos sobre el amor, la amistad, la fama, el fracaso, el éxito, las drogas, el sexo, la religión, el estrés o el futuro, como lo llama él, el oasis de la vida. Todo ello basándose en sus propias experiencias, y dando especial énfasis a este atropello inesperado que ha sido la irrupción de la enfermedad, que aquí se afronta con una naturalidad pasmosa y envidiable.
Se trata de un sincero repaso de medio siglo de vida, nos platica las cuatro cosas más importantes que le han sucedido: el nacimiento de su hija Sara, la muerte de su madre, la música y la enfermedad. Pau Donés nos habla tal cual piensa, intensamente, cosa que se agradece. Es un tipo que te cuenta las cosas como son, sin más, un loco que se marcha al monte con los perros a dormir en campas y bañarse en lagos, un músico a veces venido a más, pero siempre orgulloso de su trabajo, un padre peculiar, viajado al que de repente le dicen que igual ya no vive mucho más y va y dice que por sus huevos.
Cada capítulo es como un tema musical que se escucha o lee a placer, sin seguir un orden. Nos trasmite, fundamentalmente, el poder benefactor del hecho de ordenar y clarificar la mente en torno a conceptos o ideas, aunque sea de forma caótica, como él. Al escribir sobre el papel, éstas ya no están en su cabeza, cobran un orden. Una vez le llegó a Pau una carta de una joven que había despertado de un estado de coma escuchando Depende. Sin duda muy recomendable leer el libro, como un relámpago se va, pues parece una persona sensata dentro del maravilloso disparate que ha sido su vida. Creo que terminada la columna me iré a escuchar un par de discos de Jarabe de Palo. Así que para él está claro: O molas, o no molas. Y si no molas, pues ándate vía, o sea, a tomar viento. Y pues en esto de la vida hay que ser ambicioso.
Recordemos que en un verano de 1995 un joven hacía su debut musical en la Sala Tarantos, en la Plaza Real de Barcelona. Allí interpretó por vez primera La Flaca. Dicen que esa canción se parecía a otras, aunque nunca he compartido esa opinión. Su musicalidad era algo nuevo, de ritmo pegadizo y sugerente. Un año después, con ese y otros magníficos temas, Jarabe de Palo y su líder, se consagraban internacionalmente. Tras la creación de su primer disco, le siguieron otros siete maravillosos hijos. La vocación de Donés llegó gracias a Nuria, su madre. Ella solía ponerle música para que se calmara, y fue quien le regaló la primera guitarra. La pérdida precoz de aquella mujer fue el peor de los golpes y, a la vez, una lección que le hizo comprender que la vida era lo mejor que él tenía. Así es que dejó todo lo que hacía en aquellos momentos y se entregó en cuerpo y alma a la música, su gran pasión.

