Desfile del 20 de noviembre

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Hace unos días conmemoramos un aniversario más del inicio de la Revolución Mexicana, un suceso que se originó porque Porfirio Díaz ya se había reelegido siete veces en la presidencia del país; el despojo de tierras a ejidatarios; desempleo, salarios precarios y la pobreza en la que se encontraban muchos de los mexicanos. Después vendría el levantamiento de varios movimientos campesinos, indígenas, obreros, que fueron reprimidos por el porfiriato. En junio de 1910 se reelige Porfirio Díaz y ante esto, meses después desde la cárcel, Francisco I. Madero escribió el Plan de San Luis en el que declaraba nulas las elecciones de ese año para dar inicio a los enfrentamientos que duraron varios años hasta 1917 con la promulgación de la Constitución que desde entonces nos rige.

Años después, a alguien se le ocurrió que una buena forma de recordar esta lucha a través de un desfile. Pero todo comenzó cuando en 1928, se organizó una carrera de relevos para la conmemorarla, en 1930 fue con un desfile por las calles del centro histórico, pero en 1936 el festejo se hizo oficial por decreto del senado.

Ya en 1941, con carácter de oficial, la celebración fue encabezada por el entonces presidente Manuel Ávila Camacho, el desfile ya tenía forma, en el participaban figuras destacadas dentro del deporte nacional, la Marina Armada de México, fuerzas armadas y fuerzas policíacas. Año con año así se hacía esta magna conmemoración del 20 de noviembre tanto en la capital del país como en los estados y municipios.

Invito a que traigan a su memoria sus recuerdos de los desfiles que les hayan tocado presenciar o incluso participar porque hubo quienes por sus prácticas deportivas o porque su escuela formaba parte del contingente también participaban. Vagamente recuerdo que trabajadores sindicalizados llegaron a formar parte del desfile hace muchos años, ahora se ha transformado en un desfile cívico-militar, parecido al del 16 de septiembre.

Originalmente se hacía durante los días de descanso, es decir el día que se establecía como de asueto para la conmemoración de esta fecha, el tercer lunes de noviembre, se comprendía que no había labores en todo el país por lo que se podía disponer de avenidas principales para no entorpecer las actividades diarias y que la mayoría de la población tuviera la oportunidad de ver el desfile conmemorativo de esta fecha.

Este año no fue así, el actual presidente decidió que el desfile recorriera las calles del centro histórico el miércoles 20 de noviembre durante horas laborales. Ya se imaginará usted el caos vial que esto ocasionó y que además fuera apreciado por unas cuantas personas, desde luego no las mismas que hubieran ido en un día de asueto.

Cómo un simple desfile puede comunicar tanto, un acto conmemorativo de aquella lucha en la que se desconoció la reelección, en el que se buscaba el reconocimiento de los indígenas, obreros y más pobres y en la que cada año desfilan hombres y mujeres que luchan día a día por defender la soberanía de nuestro país, miembros de la armada, de la policía y aquellos que demuestran la grandeza de nuestra estirpe a través de las disciplinas deportivas; nos recuerdan a los demás mexicanos, que existen, que podemos contar con ellos en algún momento e incluso pueden ser un aliciente para querer hacer lo mejor posible por esta tierra, nuestra. Un acto que por años había significado un día de convivencia de los mexicanos y reconocimiento de nuestros aún respetables fuerzas armadas.

Esas fuerzas que han hecho mucho daño en algún momento de la historia, pero que en otros momentos nos han defendido; esas fuerzas que hoy han sido severamente desconocidas entre la sociedad y rebasadas por el crimen organizado. Esas fuerzas que deben recordar su servicio al pueblo y que muchos que lo han tenido presente incluso han perdido la vida y eso no podemos olvidarlo. Ellos también se ponen bajo el mando del comandante supremo, que es el presidente, el que más que cualquier otro no puede olvidar su deber por el pueblo.

Pueblo que este veinte de noviembre, quedó exento de esa conmemoración y convivencia de poderes; en especial un pueblo como el nuestro, que se jacta de democrático donde se supone está primero la soberanía y el derecho del mismo a elegir y controlar a sus gobernantes, creo que no podía quedar fuera ni siquiera simbólicamente, pero como dice el título de este espacio de opinión probablemente esto haya sido tan sólo una simpleza.

Para terminar esta simple observación recordaré una de las frases de los revolucionarios, Emiliano Zapata: Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno.