¿Desplazó el Asistencialismo Gubernamental a la Sociedad Civil?
Elio Villaseñor Gómez, director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción del Diálogo AC, cita a Boaventura de Sousa Santos: “La democracia no se agota en el voto; exige la participación activa de la ciudadanía en todos los ámbitos de la vida pública”, para explicar que la sociedad civil ha sido desplazada por el asistencialismo gubernamental, y por ello cuestiona: ¿Cómo transitar de un enfoque asistencialista a otro que construya capital social? ¿Qué pasos dar para recuperar a la sociedad civil como interlocutora legítima en la política pública? ¿Cómo garantizar que la ciudadanía sea reconocida como agente activo y no solo como beneficiaria pasiva?
En las últimas décadas, la sociedad civil en México ha sido un actor clave en la construcción democrática. Con la Ley Federal de Fomento a las Actividades de la Sociedad Civil, se reconoció el papel de las organizaciones en la generación de cohesión social y en la formulación de políticas públicas con conocimiento especializado.
Hoy, sin embargo, vivimos un cambio de rumbo. El Estado ha optado por privilegiar la relación directa con los individuos, principalmente a través de la red de Servidores de la Nación, dejando en segundo plano a las organizaciones sociales y comunitarias.
Este esquema asistencialista asegura transferencias inmediatas de beneficios, pero al mismo tiempo debilita los procesos colectivos, erosiona el tejido comunitario y limita el potencial de transformación social.
Como advierte Robert Putnam, el capital social —esas redes de confianza, reciprocidad y cooperación— es indispensable para el bienestar democrático. Cuando lo comunitario pierde fuerza, se refuerza la dependencia hacia el Estado y la ciudadanía se reduce a una condición de beneficiaria pasiva.
Este modelo de centralidad gubernamental tiene consecuencias profundas: Convierte las políticas sociales en simples instrumentos de distribución. Refuerza un vínculo vertical entre Estado y ciudadanos. Convoca a la sociedad civil de manera coyuntural y la descarta una vez cumplida su función.
Frente a ello, las organizaciones sociales siguen resistiendo: forman, acompañan, fortalecen capacidades y generan alternativas. Pero la pregunta persiste: ¿Cómo transitar de un enfoque asistencialista a otro que construya capital social? ¿Qué pasos dar para recuperar a la sociedad civil como interlocutora legítima en la política pública? ¿Cómo garantizar que la ciudadanía sea reconocida como agente activo y no solo como beneficiaria pasiva?
En suma, dice Elio Villaseñor Gómez, el desafío no es únicamente técnico, sino político y cultural: superar un modelo que desplaza lo comunitario y fomenta la dependencia individual, para avanzar hacia un enfoque que priorice la participación democrática, la corresponsabilidad y la construcción de capital social.
El reto está en devolver a la sociedad civil su lugar como motor de cambio, no como simple espectadora. Recuperar lo comunitario es recuperar la democracia.
*Licenciado y Maestro en Periodismo
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