Detrás de ti

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Llovía mucho desde hace días, no había servicio de  electricidad, todo el pueblo estaba en las mismas. Cuando la lluvia cesó, salí a caminar un rato. Detrás de la casa hay una vereda que conduce al bosque. Me puse mi gabardina impermeable y tome llamé a foxy. Sentí un poco de frío y el vaho de mi respiraciones comenzó a  notarse, foxy se había adelantado, y  pasó un rato largo hasta que note que no regresaba, la llamé varias veces  y,  después varios intentos, vino a mí, traía algo en el hocico, no lo quería soltar, era una madera tallada, pero ya estaba muy vieja y los mordiscos de foxy la habían modificado, logré quitársela después de algunos de sus gruñidos, la guarde en una de mis bolsas de la gabardina, seguimos caminado, se podían escuchar algunas aves, pero también alcance a percibir un sonido raro, no era el sonido de máquinas talando, tampoco el crujir de ramas, o de hojas movidas por el viento, no había viento, solo frío. 

Al día siguiente,  regresó la electricidad, pude comenzar los trabajos que había dejado pendientes, sobre todo una puerta que no lograba terminar porque era muy grande y ya me estaban exigiendo la entrega, decidí contratar a un muchacho hijo de un vecino, él necesitaba el trabajo, y yo, que alguien me ayudara. Me dispuse a comenzar y al cabo de dos horas llegó, se miraba algo extraño, pero no tenía tempo de estarlo cuestionando así que le di las indicaciones y para que se pusiera a trabajar. Otra tormenta se acercaba y en cuanto se escuchó el primer trueno, nos quedamos sin electricidad, de nuevo. El muchacho me comento que su papá tenía una planta de luz que sólo era cosa de pedírsela, accedí.  Esperaría a que parara un poco la lluvia para ir a su casa, mientras tanto,  nos bebimos un té. No soy de hablar mucho con la gente,  menos con alguien tan joven, pero como foxy lo olía insistentemente le pregunté si tenía perros y me dijo que no, es algo raro para alguien del monte no tener perros, pensé. 

Paró la lluvia y el muchacho se fue la dichosa planta, mientras, yo, fui por la gasolina que tenía en la bodega, mientras movía cosas de lugar para encontrarla, escuche de nuevo aquel sonido, pero lo asocie con la tormenta. Unos minutos más tarde llamé a foxy y no aparecía, la busqué por toda la casa, le chifle en varias ocasiones y nada. Comenzó a oscurecer, el muchacho tampoco aparecía, me preocupe por mi perra y salí a buscarla, tome mi lámpara. Caminé varios minutos llamándola, y en ese momento sentí un gran dolor en el pecho y al mismo tiempo el sonido raro, cada vez más intenso, el dolor me hizo detenerme y respirar con dificultad. Cerré los ojos por unos instantes, después sentí los lamidos de foxy en los dedos de una de mis manos. Abrí los ojos y ya no había sonidos, ni dolor y la luz de la casa se veía a lo lejos. Cuando abrace a mi perra noté a lado de mis pies había un palo, como el que le había quitado días atrás del hocico, lo recogí pero no pude verlo bien y recogí la lámpara del suelo para verlo mejor, era casi igual al otro y entonces recordé que el otro palo estaba en mi gabardina, en ese instante escuche que el muchacho chiflaba, lo que hice fue meter el otro palo al mismo bolcillo. Y fui a la casa. Le dije  que volviera al día siguiente,  que no me sentía muy bien,  así que se fue. 

No supe en qué momento me quedé dormido, desperté de sobresalto y seguí, no le di mucha importancia a lo que había ocurrido la noche anterior, pero me dio curiosidad las formas de esas maderas. Después de desayunar, saque de mi gabardina los palos, cuando los vi con detenimiento, descubrí sus formas, eran  caras alargadas de hombres, pero cuya seña particular era su expresión, uno tenía el ceño fruncido y el otro la boca abierta, como lanzando un grito. Estaba tan concentrado en eso,  que no percibí la llegada del muchacho,  quien estuvo detrás de mí no sé cuánto tiempo, hasta que foxy gruño y entonces fue que voltee. Parado ahí solo me dijo que si ya íbamos a continuar, le dije que sí pero mi corazón se había sobresaltado. Aquel día terminamos la puerta, fueron por ella y le pagué al muchacho, me preguntó si requería más ayuda, pero le dije que no, si necesitaba pero los acontecimientos recientes me pusieron un poco nervioso. Tomó su planta de luz y se fue,  seguí a trabajando en lo que me hacía falta, pero no dejaba de pensar en las caras talladas. Ya se hacía noche, dejé el trabajo y le  di de comer a foxy, puse un poco de té. 

Comenzó a bajar la neblina y se puso muy fría la noche. Me abrigue y me senté en mi sillón a tomar mi té.  Creo que me quedé dormido por unos minutos,  imaginé que caminaba y que alguien estaba detrás de mí, y cuando volteaba no había nadie, de pronto, sentí una respiración en la nuca y una voz que susurraba: no grites. Desperté. Mi perra empiezo a rascar la puerta para salir, le abrí, y salió veloz, mi reacción fue seguirla, corría muy rápido, la perdí, le llamé, pero esta vez yo gritaba, pero recordé la voz diciendo que no gritara, un miedo me abrazaba, me sentía desesperado y el dolor en el pecho regresó, el sonido que había escuchado provenía de la tierra, sentía que me iba hundiendo, pero la voz detrás de mi seguía diciendo no grites, no grites, no grites. Fui consumido por la tierra. Todo se apagó, no había sonido, no había nada. 

Algunos meses más tarde, unos senderistas caminaban por esos rumbos, sin saber que era lo que les esperaba, uno de ellos tuvo la suerte, si pudiera decirse así, de encontrar una figura de madera tallada finamente, era la figura alargada de un hombre con la boca cocida y una expresión en sus ojos de terror.