Día de brujas

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Un juramento y una decisión, ambas son palabras fuertes. Los últimos fragmentos traducidos y citados, tanto en inglés como en español me han hecho sentir en la lengua este ligero toque a prosa poética.
La primera vez que lo leí me emocionó, me llevó a leerlo una y otra vez, creo es una de mis partes favoritas, la segunda después del final. El dilema de A.S. cada vez es más y más enredado, menos mal que ahora es un problema entre dos chicas. Valerie no figuró más.
En fin, hablando un poco de mi investigación, ya para diciembre nuevamente visité a mis abuelos y confiándome en la buena memoria del padre de mi madre esperé la tan esperada sorpresa. Dolorosamente seis meses con el diario y aún no tengo algo concreto.
La noche de brujas de 1995 pasó algo que este seudónimo jamás podrá olvidar:
“31 de octubre de 1995
Hace no menos de dos semanas prometí en este escrito invitar a P.T. a salir y puedo presumir que hasta hoy le marqué. Lo malo fue que ya tenía planes con Josh y otros amigos.
Y es aquí donde me pregunto, ¿cómo sigue amándolo después de lo que le ha hecho? Nunca he llegado a tener una relación de verdad, no sé cómo este amor a primera vista puede resultar; tal vez, por eso no termino por comprender porque ella hace lo que hace.
Algo que si entiendo es el interés entre dos personas. Mismo que sentí con Valerie y ahora siento con Dana. Desde aquella fiesta mi nueva llamada en el teléfono público es la española y puedo decir que las cosas van bastante bien. No tiene caso mencionar nuestras citas una vez más, pero creo esta noche ha sido la mejor.
En mi vida había conocido lo que es el Halloween, yo ni celebro el día de muertos en mi país y ante el rechazo de la chica Turner mis ánimos bajaron; hasta que Alex tocó la puerta, me dijo que iría a pedir dulces y después a una fiesta, me invitó.
No acepté ir, hasta que especialmente a la casa de los Williams marcó Dana y me pidió que fuera. Los planes del chico de en medio y yo eran distintos, así que cada quien partió por su cuenta.
Caminé como quince minutos para llegar a la casa de Dana. Con el tiempo que llevábamos de vernos había conocido la verdad, no era una chica de intercambio, sino alguien que tenía ambas nacionalidades. Ella vivía con sus padres y su hermana.
Toqué el timbre y en la puerta me recibió con los brazos abiertos:
–¡Qué bueno que llegaste!– exclamó ella con alegría.
Mis labios no pudieron contestar, pues antes de dejar salir palabras. Ella literalmente me dejo con la saliva en la boca:
–¿Y tu disfraz?– preguntó.
–No traje, nunca he salido a pedir dulces en mi vida.–respondí.
–Vamos, sube a mi recámara e improvisaremos algo.– mencionó la chica española y estadounidense en mi lengua materna.
De mi brazo no me soltó hasta estar en su alcoba y allí me puso una bata, me maquilló el rostro, me puso talco en el cabello y un poco de sangre falsa por todo el cuerpo.
En escasos diez minutos ya estábamos fuera de su casa, tocando las puertas y pidiendo dulce o truco. Algunos adultos eran generosos y otros nos pedían que regresáramos a casa, pues ya estábamos grandes:
–Ya conseguimos un buen botín.– dijo ella.
–Ya lo creo, creo es tiempo de ir a la fiesta.– mencioné.
–Entonces, andando.– contestó tomándome de la mano.
El evento de Halloween sería en la casa de Paul, un chico de mi grado, alto y blanco, un poco robusto, con ojos marrones. Él y su familia son una de las más ricas dentro de todo el Estado. Estar con Dana me hace sentir tan tranquilo y a la vez tan nervioso. No tenía ni la más mínima idea de dar el siguiente paso:
–Creo que tú y yo deberíamos ser novios.– dijo ella mirándome a los ojos.
–Creo que te me has adelantado.– respondí.
En mi bolsillo trasero traía un anillo de dulce, el cual ya había comprado hace tres días como ya había mencionado. Era su preferido y a pesar de no existir una propuesta formal, ella aceptó y posteriormente yo la besé. Fue mi primer beso, labio contra labio de esos de un segundo que sólo se dan los niños.
Ambos caminamos a la fiesta más contentos que nunca. Bailé, tomé varios vasos de refresco, la abracé, le sonreí, le hice saber que esa pedida poco formal era de un amor sincero.
Esa noche de martes ambos observamos la luna casi por una hora, antes de que la regresará a su casa. Caminé a casa de los Williams con muchos dulces y con el corazón más vivo que nunca. De camino me encontré con Alex, animado me preguntó:
–Un pajarito me dijo que tú y Dana ya son novios, ¿Es cierto?–
–Temo decirte que te han mentido.– dijo mintiendo.
–Entiendo.– dijo él un poco triste.
–Te han dicho la verdad.– mencioné para cambiarle la cara.
–Me alegro por ti hermano.– contestó Alex. –Pero dime ¿la has besado?– agregó.
Antes de que terminará su pregunta que yo ya esperaba, me fui corriendo a casa y ya en la habitación le conté todo. Este ha sido el mejor martes de todo lo que llevo de intercambio, los ojos se me cierran, a dormir se ha dicho.
A.S.”