“Disfrutando mis pecados” de Félix Cardoso (Primera Parte)

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La dimensión de la sensualidad en la vida humana puede llegar a ser la más importante en la trascendencia de una persona,  pues el amor es la motivación más honda del individuo hacia sus semejantes y este amor que a la pareja respecta, con toda su sublimación, lo convierte en la búsqueda de la perfección, en el ideal  que todos conocemos, la sensación de amar en plenitud. Por inverosímil que esto parezca.

La inhibición erótica no nos hará más libres ni más humanos. Esta propuesta es audaz, traspasa límites, expone lo desconocido de una relación amorosa que cuestiona el mundo exterior suplantándolo por el reino del cuerpo, proponiendo nuevos caminos para jugar, porque en el amor se juega, se goza, se gana y se pierde.

El amor se nutre de los sueños y de a poco nos va dando algunos avisos físicos, sentimentales, hasta freudianos cuando estamos completamente hundidos en él, pero, el erotismo aunque parezca, no llega abruptamente, la unión sexual resulta no ser todo el atractivo, erotizar es un proceso de cortedades, de aproximaciones.  Cada movimiento es perceptible y significativo.

También se requiere una madurez que no corresponde al azar, saber un Verbum erótico, por eso sagrado, atribuible a los hombres y a las mujeres a quienes les fue vedado por un impuesto pecado al  amor de los cuerpos, ensuciando la libido.

Para algunos de nosotros, la poesía erótica sigue siendo de otros, de los expertos, de quien ya conquistó la libertad de su cuerpo, derritiendo esas viejas construcciones que se pierden en la oscuridad de los tiempos, ellos quienes dominan el lenguaje,  las palabras más poéticas o menos eufemísticas para denotar la sexualidad creativamente.

¿Por qué en prosa y afirmo en la contratapa que es un libro de poemas?  Porque el poema puede escribirse en verso y en prosa con su característico movimiento entre el ritmo y la rima. Por eso y porque la actitud lírica del poeta Félix Cardoso en “Disfrutando mis Pecados”, está más allá de relatarnos una vivencia amatoria, lejos del machismo y de la represión, con mucha ternura roza la conciencia, naturalmente, con amor.