Dispositivos perniciosos

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Dicen que tiempos pasados nunca fueron mejores; en muchos aspectos hay algo de razón, pues los avances tecnológicos han hecho que muchas de las actividades que para nuestros padres o abuelos resultaban tediosas y complejas sean ahora de fácil realización.

Computadoras, teléfonos, televisores, tabletas, consolas, línea blanca, equipos de sonido y muchos otros más, han generado un confort que ciertamente minimiza esfuerzos y nos permite vivir en eso que se llama modernidad.

Si bien son muchos los beneficios, también son muchas las desventajas; la razón es simple, gracias a esa accesibilidad tecnológica, muchos de esos artefactos son, por el uso que reciben, objetos perniciosos que generan malos ratos, en un contrasentido contundente con su razón original de ser.

Muchos padres de familia encuentran en el horno de microondas un aliado estratégico para la comida diaria; basta con llenar un recipiente de agua, agregarle el contenido de un sobre mágico, esperar 3 minutos y obtener una sopa instantánea que resulta del agrado de chicos y grandes. ¿La calidad de los nutrientes?, ¿La confiabilidad de los ingredientes?, poco importa, lo significativo es que se pueden elaborar alimentos de manera expedita, aunque no haya un control de calidad que evite, por ejemplo, una mala calidad en nutrientes.

Algo similar sucede con las pantallas inteligentes, desde la comodidad de un sillón y con un control remoto en la mano, tenemos a nuestro alcance cientos de alternativas para pasar un domingo de entretenimiento, entre los servicios de televisión de paga y los streamings, no hay necesidad, ni siquiera, de tener que ir al cine.   ¿Correr?, ¿Salir a caminar?, ya no es opción.

Y qué decir de dispositivos celulares; lejos esos días en los que esos receptores se requerían para establecer conexión de voz, valga la ironía, pero el teléfono se utiliza para todo menos para hablar por teléfono.

Existe otro tema adicional, la gran mayoría de ellos cuenta con cámaras con una calidad de imagen que, aquellas diseñadas por Kodak en los setentas y que tanto revuelo provocaban, hoy resultan juguetes.  Hoy día todo ser humano que cuente con un celular con cámara, se autodenomina corresponsal permanente, a la caza de cualquier imagen que resulte interesante para otros, sin medir las consecuencias de lo que han decidido compartir.  Esto es un arma de dos filos, pueden ser de gran ayuda, pero a la vez, pueden ser causantes de grande conflictos.

Y como joya de la corona, las benditas redes sociales; en ellas, sin filtro de por medio, quien sea puede difundir todo tipo de información, con las implicaciones propias del caso. Cierto es que al final cada receptor tendría que tomarse la molestia de verificar la información a la que tiene acceso, en la menos cinco sitios adicionales para poder suponer que se trata de una noticia real, en los hechos, la gente suele comprar como verdad todo aquello que lee.

Cuando además se organizan grupos de WhatsApp para tratar todo tipo de asuntos, la posibilidad de mal informar o esparcir rumores falsos es potencialmente peligrosa; de un choque laminero son capaces de inventarse una carambola de dimensiones catastróficas.

Todo depende del cristal con que se mire, pero creo que debemos educarnos, todos, para hacer un uso responsable de todos esos adelantos y evitar, hasta donde podamos, darles ese poder para tergiversar su función original.  Todo mal utilizado, puede ser pernicioso.

horroreseducativos@hotmail.com