DUBITATIVA
– Hola. ¿Qué hay? – Fue el mensaje.
– Todo. – La respuesta.
~•~
Desde que leí Todo he tratado de interpretar, de descifrar tu respuesta, incluso he regresado al chat a releerlo con la esperanza de encontrar algo más, sin éxito, claro; de tal suerte que no pude evitar comenzar a divagar… no estoy segura si tiene un sentido literal, metafórico, si es una breve paradoja, una paráfrasis de la vida o de un momento de ésta para ser más precisa.
Mientras comía, cucharada tras cucharada pensaba en que Todo termina, sobre todo con el movimiento implacable del tiempo.
Después, al lavar los trastes imaginé al Todo como agua corriente, que si bien limpia y arrasa, también puede desgastar y perforar. Porque Todo encierra un mundo en cuatro letras, pero a la vez es parco, ralo, deja entrever mucho, aunque nada con claridad.
Más tarde, mientras leía ciertos textos de índole laboral, extrañamente descubrí –o o al menos eso quise pensar– que la vida está plagada de Todo es una mezcolanza de azar, destino, decisiones, reacciones, albedríos, voluntades, deseos, sorpresas… y justo ahí me detuve y sonreí. ¡Aaaah! Pero no creas que por mucho tiempo, porque de pronto recordé eso de las ambivalencias –ahí dejé de sonreír–… entonces Todo también puede llevar implícita esta característica, una escala de matices oscilantes entre lo que llamamos bueno y malo; justo en ese momento me asusté un poco, incluso se me aceleró el corazón, así que hice una pausa en mis profundas cavilaciones y concluí en que lo mejor sería dejar de sobre pensar y preguntarte:
–¿A qué te refieres con Todo?

