El amor es ciego y el éxito de AMLO

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De acuerdo con diversas encuestas, el éxito del presidente de México es casi incuestionable, como cualquier político, su popularidad ha subido y bajado, pero las bajadas no se comparan con sus antecesores que siempre bajaron justo a la segunda mitad de su periodo de manera considerable.

En política, hay dos mundos paralelos, aunque en realidad hay muchos, me centro en dos: el mundo real, de los resultados y el mundo de las apariencias, de las ilusiones y las fantasías.

De acuerdo con los resultados “reales” conseguidos por el presidente en la primera mitad del sexenio, son objetivamente peores que sus antecesores: más homicidios dolosos, mayor pobreza, peores servicios de salud, la educación se mantiene sin cambios reales, el empleo se ha perdido entre muchas otras cosas; ¿entonces porque la popularidad de Andrés Manuel se mantiene arriba del 50%?

Aparentemente no tiene una explicación, pero desde mi percepción, el actual presidente es de los más brillantes para comprender específicamente qué quiere oír la gente y qué quiere la gente. Lo primero, los dichos de Andrés Manuel están llenos de sabiduría en cuanto a que es verdad que la histórica desigualdad de México por motivo de razas, clases sociales, jóvenes y personas de la tercera edad, han sido una realidad a la que no le habíamos querido entrar, hasta que llegó Andrés Manuel. Eso hay que reconocerlo y lo comparto.

Por otro lado, el solo hecho de hablar de los pobres, los indígenas, los jóvenes y los sexagenarios, ya lo hacen tener en cierta medida, la atención y la simpatía de todos estos grupos, históricamente excluidos. Pero no solo es que el presidente hable de estos grupos, sino que además les da lo que siempre han estado esperando: 1) atención y, 2) apoyos económicos. Estos segundos con los que estoy de acuerdo a medias, a pesar de que pueden interpretarse como clientelares, también es verdad que han servido para paliar en gran medida la pobreza de millones de personas.

Para los seguidores del presidente hay algo que resulta muy importante y esto es: ponerles atención y “ocuparse” de ellos. Algo así como un amor o una apariencia de amor que por lo menos me indique, que para alguien “importante”, yo existo. El reconocimiento de una realidad que los mexicanos nunca han querido ver y que la clase empresarial y parte de la clase política nunca quiso mirar.

No importa que lo hagas mal, no importa que haya más corrupción, que haya más violencia, que hayan empeorado los servicios de salud, mientras me pongas atención y te ocupes de mí, yo te seguiré, porque después de todo, el amor es ciego.

Carlos G. Blanco R.

@cgonblanc