EL BUEN CAFÉ, 20 AÑOS DE TRADICIÓN, SABOR Y EL MURAL DE FERNANDO CANO

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La mañana del 21 de septiembre, siendo el único restaurante abierto, lucía El Buen Café. Con su color anaranjado, su azul y el blanco de su fachada combinando con los colores recién pintados en el cielo.

Apareció delante de mí mirada Carlos, mesero del lugar desde hace más de diez años. Su actitud de servicio me hizo percibir de manera distinta al lugar, pues la sensación de hogar se desplegó delicadamente mientras tomaba asiento y me sugería algo para beber.

“¿Chocolate, americano, capuchino o café descafeinado?” Pregunta inmediatamente después de dar la bienvenida. El americano, se convirtió por tradición en la bebida preferida de la mayoría de comensales, de acuerdo a él, los toques de sabor intenso se traspasan a los platillos que ofrecen: huevos divorciados, chilaquiles, enfrijoladas o crepas poblanas, los ideales para comenzar el día.

Después de 15 minutos en el lugar, tomé en cuenta que me encontraba en uno de los sitios más emblemáticos de la ciudad, en tanto que tiene más de 20 años de existencia. Abarcando generaciones de comensales que se han enamorado de sus virtudes gastronómicas, pues aunque no vaya lejos de ofrecer lo usual a otros restaurantes, su sabor casero es único y peculiar, Rosalba es encargada de los insumos. Su sazón ha provocado que sus comensales sean fieles, como el Profesor Manuel Hinojosa, recién fallecido a los 90 años de edad y cliente frecuente de más de 16 años, cada miércoles de semana, exceptuando los trascurridos durante la pandemia, contemplando su edad, la cual le impidió ponerse en un riesgo innecesario.

Como él, al menos el 65 % de los comensales dejaron de asistir al sitio, en tanto que pertenecen al grupo de adultos mayores, siendo notablemente agradecidos por haber sido el primer grupo social vacunado, permitiéndoles salir con mayor confianza de sus hogares.

El relato contado por Karina Hinojosa, la dueña del lugar, emergía un brillo en sus pupilas que reproducen un amor intocable hacía su restaurante, el cual no solo ha preservado la calidad de sus alimentos, sino que por igual ha sido de los espacios restauranteros con una resiliencia formidable: “yo creo que nos hemos mantenido más por nuestros clientes que llevan años viniendo. Sin ellos, desde hace mucho estuviéramos perdidos como tantos que no han podido perdurar.”

Así, unido a la cultura e historia de Toluca, su pared está impresa con arte local. Poco se sabe que en su entrada, su pared es adornada por un mural original del muralista mexiquense Fernando Cano, cuyo simbolismo produce los elementos enriquecedores de cada creación gastronómica: maíz, grano de café y verdes luminosos del campo, la base de sus alimentos.

Las fotografías que le adornan en el interior, son provenientes de lentes de fotógrafos mexiquenses, exponiendo la belleza citadina. Comer en el Buen Café, no es solo el acto de satisfacción de una necesidad biológica, sino el hipnotismo de cada textura, olor, sabor e imagen que de él nace.