EL COLOR DEL ESPEJO NEGRO.

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Una de las principales características de nuestra era digital se encuentra marcada por el consumo de bienes y servicios digitales, entre los cuáles, los principales exponentes son los contenidos por streaming que hoy en día, permiten el acceso continuo bajo demanda a una serie de producciones que trascienden los contenidos tradicionales al constituir material susceptible de ajustarse a los gustos y preferencias de los diversos perfiles de usuarios.

Así como el artículo The Right to Privacy representó una serendipia de la nueva dimensión de los derechos del ser humano frente a un desarrollo tecnológico que con el paso de los años se volvió exponencial, muy superior inclusive a los alcances que hubieran podido imaginar sus autores, los sucesos que dieron lugar a la Ley de Protección de Privacidad de Video de 1988 (Video Privacy Protection Act) en el marco de la nominación de Robert Bork ante la Corte Suprema de los Estados Unidos de Norteamérica y la revelación de los registros de renta de diversos títulos que pusieron en duda sus capacidades para el cargo, se vuelven icónicos en el marco del binomio proveedor de servicios y consumidor digital en el que gran parte de los criterios de satisfacción del producto o servicio están basados en los datos personales y/o la gestión de la privacidad de las y los usuarios, legislación que trasciende como una materia de estudio viva no por su contenido, sino por los alcances e impacto que puede tener dentro de los aspectos intangibles de cada persona y el libre desarrollo de su personalidad.

Como podrá advertirse, el consumo de contenidos digitales va más allá del mero entretenimiento en el que la demanda por parte de los usuarios llama la atención como una nueva forma de aprendizaje y abstracción del entorno a través de filmes, películas y series que empiezan a homologar su estructura con los demás mecanismos de comunicación social en la llamada era de los datos visuales e interactivos, no obstante, el principal impulsor de esta modalidad es la empresa Netflix que hasta el cierre de la década pasada lideró este nueva forma de consumo de contenidos, abriendo paso a una competencia de mecanismos similares en los que se encuentran no sólo el streaming, sino la televisión tradicional, la televisión por internet, la generación de videos en plataformas diversas, la transmisión de contenidos en vivo, entre otros tantos que conforman la oferta de un consumo cada vez más creciente y diversificado.

En ese contexto, el modelo de distribución de video contenido por streaming a su vez, puede revelar más de sus usuarios que lo que ellos mismos pudieran identificar, y a su vez, para esta empresas, representa un capital que inexorablemente debe ser explotado como un mecanismo de subsistencia, es decir, que lo que empezó como una oferta de contenidos requiere mantener a sus usuarios a través de contenidos nuevos que se ajusten a sus preferencias, en el entendido que si los mismos no cumplen con dichos parámetros, los usuarios no se verán incentivados para mantener su membresía con el proveedor, y por ende, dejará de pagar por los servicios que proporciona la empresa, en este caso Netflix.

En consecuencia, no resulta descabellado presumir que gran parte de los contenidos y nuevas series que se ofertan a través de plataformas por streaming estén fuertemente asociadas a las preferencias de los usuarios conforme a diversos segmentos, que a su vez permitan fidelizarlos con la compañía a fin de que mantengan su consumo conforme a una relación constante de costo beneficio en función de la cual, también resulta factible ir determinando los costos y las ganancias estimadas, como parte de los esquemas de análisis de datos indispensables para mantenerse dentro de dicho modelo de negocio.

Por ello, tampoco resulta desfasado el presumir que el tipo de contenidos ofertados bajo una temática predominante, obedece a la causalidad de la preferencia de la población usuaria, con lo que resulta posible percibir el estado de ánimo de ciertos sectores a través de la cantidad de contenidos generados por una plataforma en un periodo determinado.

De ahí que una serie como la de Black Mirror o espejo negro, título que representa una sutil analogía determinista – existencial entre el ser humano y el uso de la tecnología vista a través de ese espejo negro o pantalla, permite reflejar cualquier aspecto de la personalidad humana desde el ámbito de lo digital, por lo que esta serie constituye el espacio ideal no sólo para la representación de la tecnofobia, sino de todos aquellos efectos indeseados que pueden traer las equivocaciones en el enfoque a adoptar como parte de las soluciones tecnológicas.

Este tipo de contenidos que si bien pudieran parecer la antítesis de una adecuada promoción del consumo de contenidos por internet, forma parte del espectro de las diversas posibilidades que nos enfrentamos en la creación de soluciones en el ámbito tecnológico y en la esfera digital, que no necesariamente deberían cumplirse en un sentido negativo, y por ende, dan oportunidad de elección.

Por ello, llama la atención de la reciente experiencia aficionada española, en la cual, se ha generado una analogía de la pandemia con la tentación autoritaria del uso de la tecnología por distorsionar nuestras vidas sacrificando, en el trayecto, nuestra noción de la privacidad con la finalidad de satisfacer los requerimientos para la continuación de nuestras actividades en el marco de la nueva normalidad.

No obstante, en ese escenario, la privacidad se vuelve parte fundamental de los esquemas adoptados para esa nueva normalidad en que como la luz, puede permitir que ese espejo negro pueda volverse de cualquier color, en el entendido que como la electricidad y como la luz, se puede modificar el determinismo de un resultado determinado, eligiendo el color y contraste del contenido que se desea visualizar a través de estos mecanismos, puesto que la tecnología solamente es una herramienta neutra, que sin importar su color, plateado o negro, solamente refleja las características del ser que se posa frente a ella, lo que constituye en definitiva, el color que adoptará en cada caso.

Hasta la próxima.