El conflicto

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El conflicto, cualquiera que este sea, emana del desacuerdo entre dos partes; lo más común es que cada una de ellas defienda, a capa y espada, su postura y, en ese tenor, nuble su vista y razón al punto de no entender argumentos.

 

En el día a día vivimos en el conflicto, ya sea en casa o en el trabajo; pero parece una especia de fijación el andar por la vida buscando asuntos en que entrometernos, aunque estos no necesariamente sean de nuestra incumbencia.

 

Otro asunto es reconocer si lo que tenemos enfrente es un conflicto real, o simplemente se trata de supuestos que cualquiera de los involucrados asume como ciertos y, en consecuencia, le hace percibir un problema en donde no hay absolutamente nada.

 

Me vio feo, Es que la caigo mal, Trae algo contra mí, y otras expresiones, son los primeros síntomas de una discrepancia en el sentir entre dos individuos; cualquiera de ellas se acabaría si fuésemos capaces de hacer algo tan simple como preguntar al interlocutor si es que hay algún problema y la causa de éste.   En más de 90 por ciento de los casos, esto no sucede y se deja ahí una percepción equivocada que, con el tiempo, podrá convertirse en un tema de atención mayor.

 

Sin embargo, si hay actitudes, como la prepotencia o la arrogancia, que pueden lograr hacer sentir al otro como inferior o estúpido, y ese sentimiento será un detonante de estados de ánimo que llevarán a problemas más serios.  Me parece que debemos trabajar para buscar la empatía y la asertividad necesaria para decir las cosas de manera franca, sin necesariamente agredir a quien será el receptor de nuestros mensajes.

 

Un buen líder, sabe cómo manejar los conflictos y buscará  la forma de encontrar solución a los mismos, eso requiere de un conocimiento pleno de las circunstancias y de una actitud de servicio que debe ir acompañada del adecuado manejo de estrategias para acercar a los involucrados. Diálogo, razón, comprensión, empatía y humildad son el principio para el destrabe de cualquier problemática.

 

Si en su lugar encontramos cerrazón, inconciencia, altanería, egos grandes y necedad, el resultado ante cualquier situación, por pequeña que sea, será un tema de proporciones desmesuradas, incontrolable y de choque frontal.

 

No todos los que están en posiciones de mando tienen la inteligencia y la capacidad para manejar un conflicto; lo más común es encontrar perfiles que, ante la crisis, asumen posturas defensivas que les hacen buscar culpables en todos los sitios, menos en el propio; enunciarán discursos opinativos más no resolutivos; entrarán en un estado de negación en el que todo lo que ellos haces es perfecto y la cerrazón está en la otra acera; defenderán lo indefendible y resaltarán su limitada capacidad de autocrítica.

 

El conflicto no lleva a nada, ¿para que buscarlo?