El Día de Muertos, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad desde 2003

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Esta semana celebramos una de las tradiciones mexicanas con mayor arraigo en México, pues forma parte de un sincretismo entre la religión católica (Día de Todos los Santos y Día de los Fieles Difuntos) y la prehispánica. El modo de celebrar este encuentro con nuestros muertos depende de las diferentes regiones, y aunque se ha popularizado más la tradición del centro del país, en las regiones mayas existen variaciones, tal es el caso de Pomuch, Campeche, dónde los familiares desentierran los huesos de sus fallecidos, los limpian y después los envuelven en servilletas nuevas y bordadas especialmente para la ocasión, posteriormente, lo vuelven a depositar en su tumba y se le realiza la tradicional ofrenda con alimentos y bebidas.

Desde 2003 (7 de noviembre) la Unesco distinguió a la festividad de Día de Muertos como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Entre los temas que se abordaron en el marco de la ceremonia que se llevó a cabo en París, la Unesco reconoció que es “Una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, y como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor fuerza entre los grupos indígenas del país”. Del mismo modo, este organismo declaró que “el encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad…”

Si bien esta celebración del Día de Muertos ha persistido durante cientos de años, y pese a que se han sumado diversos elementos debido a la influencia de otras tradiciones, como es el caso del Halloween, también es cierto que en algunas regiones la tradición se sigue celebrado tal como la llevaron a cabo los antepasados, y cabe reconocer que este acto fue altamente reconocido por la Unesco, pues reitera la importancia que tienen la pervivencia de tradiciones a través de la tradición oral y reconoce que es un derecho humano de todo colectivo étnico-cultural y de sus integrantes a conservar su propia cultura, su patrimonio cultural tangible o intangible, su memoria histórica y su presente. 

Esto fundamenta y apela a que se respete el derecho a que se le reconozcan sus conocimientos, creencias, artes, moral, religión, normas y prácticas; y el derecho de sus miembros a pertenecer a una cultura, a no ser forzado a pertenecer a una cultura diferente o a no ser asimilado por aquella.

Finalmente, para cerrar esta reflexión sobre la importancia de mantener vivas nuestras tradiciones, es importante, asimismo, que tengamos presente que se deben reconocer los derechos culturales, los cuales garantizan que las personas y las comunidades tengan acceso a la cultura y que puedan participar en la que sea de su elección. Son fundamentalmente derechos humanos para asegurar el disfrute de la cultura y de sus componentes en condiciones de igualdad, dignidad humana y no discriminación.