El elegido, Ramón Rodríguez Arangoiti

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Recurro al libro que amistosamente me prestó el arquitecto destacado Enrique Méndez Sosa, quien está realizando trabajos de recuperación de nuestro patrimonio toluqueño día a día, como lo he comprobado. Al preguntarle de la importancia de Ramón Rodríguez Arangoiti le surgió la clara admiración por quien considera al artista y a la profesión del arquitecto, en el alto nivel de las artes en su más clara concepción. El título del libro: Ramón Rodríguez Arangoiti / Arquitecto del siglo XIX publicado por el Ayuntamiento de Toluca y Miguel Ángel Porrúa en el año 2000, escrito por Juan Guillermo Romero Álvarez. Sería suficiente con leer la cuarta de forros para comprender la importancia de quien dejó su huella en la ciudad de Toluca a través de instituciones que, en lo religioso y el mundo laico, le hicieron destacar. La desgracia es que la mayoría de estas construcciones arquitectónicas desaparecieron por esa visión equivocada de que. a Toluca hay que refundarla, pero no a partir de sepultar la ciudad que ya no se desea, sino destruyendo y derrumbando lo que no se desea más ver en el escenario de la urbe.

Cito la cuarta de forros del libro: Ramón Rodríguez Arangoiti nació en 1830 y murió el 20 de marzo de 1882 en la ciudad de México. De muy joven cayó herido en la defensa de Chapultepec, después ingresó a la Academia de San Carlos, en donde fue un alumno muy destacado y al terminar sus estudios de arquitectura obtuvo la beca para estudiar seis años en Europa. Dos realidades en un joven brillante y amante de su patria. Esa doble personalidad de ser hombres de la espada y de la pluma, en el caso de los literatos, para Rodríguez Arangoiti, lo fue la espada y el lápiz que ha de trazar edificios y construcciones en el más alto grado de arte y beneficio habitacional o de construcción urbanística que le hará destacar a finales del siglo XIX, cuando ya su vida física ha terminado antes. Dicen las palabras que leo en la contra pasta: En Roma, obtuvo el doctorado en ciencias matemáticas (ingeniería) y por sus proyectos arquitectónicos y arqueológicos le concedieron el título de Virtuosi al Pantheon y el nombramiento de miembro de la Academia Thiberina, además desarrolló trabajos por su cuenta.

Eran aquellos años anteriores en la década de los sesenta, en que Roma y El Vaticano se debaten por causas políticas y terrenales: aquellos años antecedentes a la presencia de Giuseppe Garibaldi quien realiza la revolución que dará unidad a un país de feudos e intereses que no le dejaban avanzar. Es decir, años que en Europa eran pan cotidiano por igual en el centro de Europa que en sus territorios del mediterráneo. La Europa que vive Arangoiti son años de grandes enseñanzas para un joven que demostraba que todo lo bebía: bueno y malo en su patria, bueno y malo en la Europa vieja que se renovaba en ese siglo vital, el XIX. De esos años hablamos al pensar en el joven de no más de veinte años que recorre Europa con los ojos bien abiertos. Viendo las obras más grandes de creación artística y arquitectónica del pasado y el presente occidental. Leo por igual: Llegó a París, donde en la Academia Imperial de Bellas Artes, obtuvo la aprobación de los exámenes que le permitieron ser miembro de la misma. Por su proyecto “Escuela de Marina y Puerto de Tehuantepec”, recibió un premio de Napoleón III en la exposición de Bellas Artes. Llevó a cabo trabajos particulares y colaboró en la triangulación de la ciudad, en la Sociedad de Crédito Inmobiliario y en los edificios del Boulevard del Príncipe Eugenio. Recorrió gran parte de Europa hasta su regreso a México en 1864. Tiempos de ilusión y gloria en que la juventud tiene su persona cual esponja que todo lo absorbe. Saber ello, es entender que Toluca ciudad tuvo en Ramón Rodríguez Arangoiti un artista que le hizo el rostro de Toluca la Bella.

Editado en el interés del Ayuntamiento de Toluca, la contra pasta no refiere su paso por la ciudad como creador de su primer y bello rostro que le distingue en el México del primer siglo independiente de España. Palabras finales de dicho texto dicen: A su regreso a México fue considerado como profesor de la Academia de san Carlos. Fue nombrado por Maximiliano, como ingeniero director de la Casa Imperial y desarrolló los proyectos y dirigió las obras encargadas por el emperador; a la desaparición del imperio, Rodríguez se separa voluntariamente de la Academia y se dedica a trabajar por su cuenta. Desarrolla una gran actividad, tanto en la ciudad de México como en el interior de la República. Tales palabras me han de llevar a la compra de un libro vital para comprender la grandeza de quien funda ciudades y construye, igual que Diego de Porres un siglo antes en Guatemala, la huella que ha de dejar la grandeza de su mente y el poder de su visión artística, que no sólo de construcción urbanística.

Es importante hacer notar que la época de tres años que gobernó Armando Garduño Pérez, es vital para encontrar en su etapa una serie de publicaciones que destacan por lo que dan a municipio y ciudad. En primer lugar las monografías municipales, las cuales tienen el antecedente en el gobierno de Laura Pavón Jaramillo, misma tarea que destaca en dicha recuperación con Enrique González Isunza y Ramón Arana Pozos. Tres gobiernos que pusieron mucho interés en la obra editorial, donde destaca en los inicios de Pavón Jaramillo, la presencia de Augusto Isla y Félix Suárez, amantes de la labor editorial durante los siguientes lustros en Toluca y en la entidad.

En la presentación del libro citado escrito por Juan Guillermo Romero Álvarez, dice Armando Garduño Pérez: Con gran beneplácito, el H. Ayuntamiento que me honra presidir, celebró en 1999 el Bicentenario del Título de Ciudad que le fuera concedido a Toluca por el rey Carlos IV de España en septiembre de 1799. Al festejo —pleno de expresiones culturales y de historia—, acudieron puntuales las plumas y el talento de investigadores, historiadores, cronistas y escritores que como Juan Guillermo Romero Álvarez, nos obsequiaron fragmentos importantes del devenir de nuestro pueblo […] El municipio de Toluca, tuvo, gracias al genio del arquitecto Ramón Rodríguez Arangoiti, una sede digna de su señoría. Con su visión estética y su concepción monumental, su diseñador le concedió a este territorio una casa de gobierno que es baluarte y orgullo, cobijo y dignidad que reflejan la grandeza de sus habitantes. La obra de Juan Guillermo Romero Álvarez —autor de la biografía del arquitecto Ramón Rodríguez Arangoiti, y meticuloso investigador de la época—, nos reafirma la convicción de un honroso pasado, en donde confluyen la magnificencia y la sobriedad, valores que se retratan en la obra arquitectónica, que hoy nos distingue.

La historia de la humanidad que enseña sus contradicciones, en el caso del artista y arquitecto Ramón Rodríguez Arangoiti su pasión por estas artes le han de hacer que lejos de la política y las ideologías se le designe como lo hace en un texto muy relevante en este año 2023, libro presentado en la reciente Feria Internacional del Libro de Minería, obra de Hugo Arciniega Ávila con el título de: El arquitecto del Emperador / I. Ramón Rodríguez Arangoiti en la Academia de San Carlos, 1831-1867, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México / Instituto de Investigaciones Estéticas en el año 2021. Obra magna bien merecida para quien es en el siglo XIX una de las mayores expresiones de las artes.