El Embajador Emérito Sergio González Gálvez

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Rodrigo Sánchez Arce,

rodrigo.pynv@hotmail.com; Facebook: Rodrigo Sánchez;

Twitter: RodrigoSanArce

A principios de la década de 1960, el mundo miraba con preocupación las hostilidades entre potencias nucleares que amenazaban la paz planetaria en el marco de la Guerra Fría. Latinoamérica no era la excepción: en 1963, Brasil, Bolivia, Chile y Ecuador adoptaron una declaración propuesta por México enfocada a la desnuclearización de la región, la cual se sumó a otra propuesta de Irlanda, para que los países que no tuvieran armamento nuclear se comprometieran a no fabricarlo, a no adquirirlo, a no hacer pruebas.

 

De esta forma, México convocó a una primera reunión en la capital del país en noviembre de 1964, presidida por el embajador en Brasil y jefe de la delegación mexicana ante la Asamblea General de la ONU: Alfonso García Robles. Como resultado de la reunión, en marzo de 1965, se creó la Comisión Preparatoria para la Desnuclearización de América Latina (COPREDAL), la cual trabajó dos años hasta que el 14 de febrero de 1967 logró que 22 Estados miembros firmaran el Tratado de Tlatelolco, llamado así porque se firmó en la sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) del gobierno mexicano.

 

El Tratado de Tlatelolco dispuso la creación del Organismo para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (OPANAL) y fue el primer acuerdo firmado en un territorio habitado del mundo (los otros eran para la Antártida y el espacio exterior). Tendrían que pasar 18 años para que se firmara el siguiente tratado en Asia (Rarotonga, Islas Cook). Por este esfuerzo diplomático, en 1982 Alfonso García Robles recibió el premio Nobel de la Paz, único mexicano que hasta el momento lo ha recibido.

 

Detrás de estas negociaciones y apoyando de manera incansable el esfuerzo de García Robles estuvo un diplomático oriundo de la capital mexiquense: el hoy Embajador Emérito Sergio González Gálvez. Nace el 11 de julio de 1934 en Toluca. Es abogado por la Universidad Autónoma de Nuevo León con estudios de posgrado en la Universidad de Georgetown. Ingresó al Servicio Exterior Mexicano en 1960 y pronto se incorporó a laborar con García Robles en diversos cargos en los trabajos del Tratado de Tlatelolco.

 

En 1975 fue nombrado Embajador, en 1987 Embajador Eminente y en 1998 Emérito. En la SRE ha sido Director General y Director en Jefe de Organismos Internacionales, así como Subsecretario. Entre sus cargos fuera del país están su actuación en la Embajada de Brasil y la representación ante la Conferencia de Desarme en Ginebra, Embajador en Japón, la República de Corea y Vietnam. Ha sido condecorado por los gobiernos de Alemania, Brasil, Chile, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón, Corea, Suecia y Yugoslavia. Se ha desempeñado como profesor en diversas universidades, entre ellas la UNAM, la UAEMéx y la Universidad de las Naciones Unidas con sede en Tokio.

 

Luego de recorrer un largo trayecto en el servicio exterior y el gobierno federal, González Gálvez se desempeñó como Titular de la Unidad de Asuntos Internacionales y Ciudades Hermanas del H. Ayuntamiento de Toluca, en el periodo de la presidenta Martha Hilda González Calderón (2013-2015).

 

Cuenta con publicaciones en diversos temas jurídicos y diplomáticos. Apenas este lunes 12 de agosto se presentó en el Aula Magna de la Universidad un nuevo libro de su autoría: Diplomacia e interés nacional. Una experiencia personal (Porrúa, 2018), con prólogo del ex gobernador Ignacio Pichardo Pagaza, en el que lleva a cabo una profunda reflexión sobre sus experiencias familiares y profesionales que influyeron en su formación diplomática; de igual forma plasma su visión sobre el actual contexto de la política exterior mexicana, el derecho internacional, el desarme y la soberanía nacional.

 

Dicho evento tuvo comentaristas de lujo: la senadora Beatriz Paredes (ex Embajadora en Brasil), el Embajador Luis Ortiz Monasterio (Irán, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán) y el Notario Isidro Muñoz Rivera. Sólo un personaje como González Gálvez pudo reunir en un mismo espacio a tantas personalidades de la política local, entre ellos Raymundo Balboa, jefe de Oficina de la Gubernatura; el rector Alfredo Barrera Baca y la diputada Mónica Álvarez Nemer; así como varios ex Alcaldes de Toluca: Yolanda Sentíes, José Antonio Muñoz Samayoa, Víctor Quiroz Santibáñez, Agustín Gasca Pliego, Laura Pavón Jaramillo, Enrique González Isunza, María Elena Barrera Tapia, Braulio Antonio Álvarez Jasso y Martha Hilda González Calderón, a quien se debe la realización del acto.

 

Luego de acudir a esta interesante experiencia me surgieron varias reflexiones. Si bien el libro presentado contiene rasgos autobiográficos, aún hace falta que se elabore la biografía de González Gálvez pues tiene muchas cosas que contar respecto a la política exterior mexicana del siglo XX; al menos hace falta que el propio Embajador Emérito nos regale sus memorias y que se cuente su historia en Wikipedia. Un aspecto que también sería interesante conocer es el de sus primeros años de vida en aquella Toluca de la década de 1930.

 

Además, a estas alturas nuestra ciudad capital ya puede contar relatos sobre el Servicio Exterior Mexicano a través de personajes que son oriundos o residentes de Toluca, que han pasado por las filas de la diplomacia mexicana y que, por supuesto, acompañaron a González Gálvez en la presentación de su libro, entre ellos el ex gobernador Ignacio Pichardo Pagaza (ex Embajador en España), Omar Martínez Legorreta (China, Vietnam, Camboya, Yugoslavia y Albania), Agustín Gasca Pliego (Suecia, Letonia y Lituania) y, aunque no asistió, Juan José Guerra Abud (Italia), entre otros. Vale la pena rescatar esas historias poco conocidas.

 

Nota: De acuerdo al Artículo 25 de la Ley del Servicio Exterior, el presidente de México puede reconocer la dignidad de Embajador Emérito como culminación de una destacada actuación en política exterior. Los candidatos deben cubrir requisitos como ser embajadores y haberse dedicado a la diplomacia por 25 años. En ningún caso puede haber más de cinco eméritos. Actualmente lo son Patricia Espinosa, Sandra Fuentes-Berain, Carlos Alberto de Icaza, Bernardo Sepúlveda Amor y, el más antiguo de todos, Sergio González Gálvez.