El escuadrón de Reyes

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Dedicado a Don Alfonso Reyes (Monterrey 1889-
Ciudad de México, 1959. Ensayista, crítico, poeta y
narrador)

Vacilación de imágenes, resonancia categórica- cantos de serpiente-, se hace el canto
elocuente, Alfonso en los Alfonsos, en nuestra lengua el hombre que maúlla, la boca que
esculpe generalidades, maestro de edición, calvo por naturaleza. A su creación literaria la
expresión de autor se repliega en formas híbridas, su canto es de todos y de uno solo, si
se parte desde sus pasadas instalaciones se convierte en fundición; fundado aquí,
fundado allá, es estaciones en un plan ya previsto por la naturaleza literaria.
Digamos que la España es la cuna, estando lejos del Monterrey (México) sonoro,
retumbante, se manifiesta. Se hace. Las capitulaciones de su vida son secuencias de la
madurez; París, Buenos Aires, Río de Janeiro y Montevideo no son más que cambios de
piel haciéndose un incendio en versos, en flamas renacientes con alegóricas imágenes
del origen del mundo suspendido, inacabable, ventoso mareo que acaba de empezar,
ventoso el nunca, el final. El orgullo se pone en una erre con erre de Reyes, corre Reyes
que hay muchas letras por escribir. Dos o más Reyes, el primero sin capa, el que es para
todos, suspicaz en el vocablo, ingeniero de matices, leal águila y señor de lo soleado,
para bien… Sin moño ni corbatín selecto, poeta, ensayista, dramaturgo, narrador y crítico,
no hay alguna prosa como aquella, bien lo dice Carlos Fuentes que ni el mismo Borges,
¿Entonces nadie lleva el vuelo como lo ha hecho el Rey, con corona de soles
ensimismados? Asegurarse que se trate de las letras de uno, no de varios literatos,
porque al amanecer los sueños en sus sueños se hacen de él. No hay multiplicidad en
uno solo, hay que abandonar, ser sediento del calor, ser Reyes, enajenar la soledad para
multiplicarse en acompañamiento de la soledad, es ser PROSA INVISIBLE, fundar la
ATENEA DE LA JUVENTUD en el siglo XIX, ser fósforo inacabable, canto de aves
pobladas de portales y pasillos, ser proceso de la Revolución, ser misterio encontrado,
pavorreal hermano del sol. Así desmesuremos a lo largo de las visitas de sus obras, es
decir poco a poco, el camino divino, dejar el alma en sus letras elegantes, dejar los
pequeños suspiros en su ritmo sin igual, apropiarse de lo desconocido ya conocido, ser
marea de sus mares, ser de algo, ser de ser de la literatura mexicana; uniforme yacente
de hoy, desde siempre.