El gusto musical, el intenso y rebelde en catarsis solidaria
Lo que vemos u oímos, es una imagen visual o aural, que depende de la habilidad de nuestro cerebro para procesar una cierta cantidad de información. La música es sonido, es vibración, es energía que se transmite en forma de ondas que llegan a nuestro oído y de él al cerebro. Pueden ser de diferente naturaleza: agradables, desagradables, excitantes, tranquilizadoras. Sin perder de vista que transmiten un mensaje que puede ser significativo dependiendo de diversos factores.
Lacárcel (2001) presenta a la psicología de la música dentro de un marco conceptual y empírico que sirve como referencia para explicar la respuesta humana a la misma desde tres dimensiones: estructural, sensorial y expresiva. Los estudios de la psicología de la música se han centrado en los elementos musicales, en aspectos conductuales, en la influencia que tiene en la sociedad, en condicionantes sociales, en la memoria musical y en la experiencia subjetiva, así como también en la interacción con el género, entre otros, como lo señalaba Colley. Un aspecto relevante es el que tiene que ver con el gusto musical.
Para Latham (2001), los estudios sobre el gusto musical se enmarcan dentro del marco social de la psicología musical, los cuales se centran en la relación que hay entre la estructura musical y el contexto social. Estos estudios han encontrado que la preferencia musical está influida por la complejidad, y a su vez, está mediada por la familiaridad, la cual depende del nivel adecuado de excitación en un momento determinado, como también por aspectos como el estilo y la adecuación de la música al entorno. Asimismo se relaciona con la demografía y señala que el gusto refuerza las distinciones sociales y contribuye a la construcción y expresión de la identidad.
Vamos a entender como gusto la existencia de un determinado placer de orden estético que se fundamenta en una afinidad natural entre una persona y un objeto, así lo define De la Calle, (2006). Si partimos de la pregunta ¿qué escuchar? Podemos contextualizarla de muchas formas. McDermott (2012), dijo que uno de los factores que más influyen en el gusto musical para una persona es la familiaridad con la pieza escuchada; señaló que se prefiere música que ya se ha escuchado, que use el idioma del oyente, o que sea un reflejo de su propia cultura. Además otro factor que influye es la complejidad de la obra, el mismo indica que la pieza no gusta cuando es muy compleja o muy simple; y afirma que gusta más cuando es moderadamente compleja, y que también influye el que tenga un contenido emocional.
Por otro lado Megías y Rodríguez (2003), encontraron que el gusto musical es instrumental y funcional para los jóvenes desde dos grandes perspectivas; en la que se convierte en vehículo para la diversión y un nexo con otras personas, pero también en la que actúa como acompañante y como medio evocador de recuerdos o sensaciones vividas.
Por otra parte en un estudio experimental Rentfrow y Gosling (2003), examinaron las diferencias individuales en las preferencias musicales, encontraron que es un aspecto importante en la vida de los participantes y escucharla es una actividad que realizan con frecuencia. Los resultados sobre el gusto convergieron en que existen cuatro dimensiones asociadas a los rasgos de personalidad, las cuales son: reflexivo y complejo; optaban por el blues, jazz, clásico y folklor, se les vincula con la apertura a nuevas experiencias, se liga negativamente con el deporte, tienen una imaginación activa y valoran las experiencias estéticas; intenso y rebelde; asociados al rock, alternativa y heavy metal, busca una apertura a nuevas experiencias y gustan del deporte, a pesar de enfatizar las emociones negativas no muestran signos de neuroticismo, tienden a ser curiosos y disfrutan de tomar riesgos; el optimista y convencional; les gusta el country, soundtrack, música religiosa y pop, muestran correlaciones positivas con extraversión, diligencia, conservadurismo y el deporte, correlaciones negativas con la apertura a nuevas experiencias, liberalismo, habilidad verbal, son alegres, sociables, confiables, disfrutan de ayudar a los demás; finalmente tenemos al enérgico y rítmico que elije el rap, hip-hop, soul, funk y electro, éste, correspondió con extraversión, tendencia a ser hablador, llenos de energía, indulgentes y a evitar ideales conservadores.
Sin embargo, Dash (2007), con otra perspectiva, encontró que los estereotipos sobre los géneros musicales tienen una importante base real en evidencia con la sociedad; dice que algunos son incorrectos y exagerados, que la música está estereotipada por aspectos de género, así raciales, económicos, de edad o culturales, los cuales influyen en el gusto musical. Schäfer (2008), encontró que un fuerte factor por el cual a las personas les gusta la música es por la identificación con los músicos y la información que se da a través de la música. Otros factores que influyen son las cualidades que tiene de reunir a las personas, de expresar su identidad y sus valores, de influir o regular el humor o la excitación y de crear estimulación intelectual o expresión artística.
Diferentes investigaciones como la de Pelletier (2004) han demostrado que la audición de música es un medio efectivo en la reducción de estados de ansiedad. Otros estudios revelan que diferentes tipos de música tienen diferentes efectos. Por ejemplo, la música docta y la que es preferencial de cada persona parece provocar una reducción en la excitación y el estrés, mientras que música como el Hard Rock o música excitante suele incrementar o prevenir la reducción de la excitación y el estrés. Sin embargo hay un factor de gran importancia que nos podría señalar que la aseveración anterior no es del todo exacta, me refiero al aspecto fisiológico y su asociación con lo que se hablaba de la exitación provocada al escuchar la música y que también tiene que ver con la emotividad y estados de ánimo.
Estudios realizados por Burns, Labbé, Williams & McCall (1999), concluyeron que las medidas fisiológicas de los participantes como la temperatura de la piel, tensión muscular y frecuencia cardíaca, antes, durante y después de escuchar diferentes tipos de música, no fueron significativamente diferentes. Estos últimos estudios los señalo, pues hay una fuerte crítica que se realiza a las investigaciones clásicas por parte las personas que pertenecen a la cultura heavy, es que se centran sistemática y exclusivamente en buscar aspectos negativos, mientras que no se preocupan por los efectos psicológicos positivos de aquellas personas que escuchan heavy metal y no por ello dejan de socializar.
En 2016, investigadoras de la Universidad de Nottingham y la Universidad De Montfort se basaron en su propia experiencia en el mundo del heavy metal para realizar un estudio sobre sus efectos positivos. En las charlas con sus amigos o en los conciertos se dieron cuenta que muchas personas del entorno coincidían en que, contrariamente a lo que decían los estudios, era el metal lo que los ayudaba a salir adelante. Contaban cómo era esta música lo que los ayudaba a evitar la depresión y les permitía expresar sus emociones negativas. A partir del análisis de las letras de las canciones, y en relación con las opiniones que habían obtenido, las investigadoras identificaron a la catarsis como el mecanismo principal de los efectos psicológicos positivos del heavy metal.
El contenido dramático de las letras y los cambios rápidos del ritmo de las canciones era justamente lo que los adolescentes identificaban como la característica de este género musical que reducía el estrés. Las canciones, que pueden ser vistas como negativas, pueden producir sentimientos de alivio en el sentido de identificarse con aquella persona que se sintió de ese modo particular y no sólo lo superó sino que, pudo expresarlo de manera creativa. También los efectos psicológicos del metal apunta a la solidaridad, a experimentar y expresar emociones fuertes, lo que hace que los seguidores de este género se sientan menos solos.

