El hombre: humano o ser humano, generadores del mundo rompiendo barreras del posmodernismo
Primera Parte
esto de Jugar a la vida, es algo que a veces duele
esto de Jugar a la vida, es algo que a veces duele
En tu casa yo me pierdo yo me encuentro y al fin soy
En tu casa yo deshago con mis manos una flor
En tu casa yo inauguro hasta el último rincón
En tu casa yo me ahogo con el agua de tu voz
En tu casa hay señales que me dicen donde estoy
Pero a veces en tu casa. yo me encuentro
y no soy.
(fragmento)
Amparo Ochoa
Me parece que para entender todas estas cuestiones de el autoconocimiento, la conciencia y el ser, es importante charlar un poco acerca de lo que significa el conocimiento de la ontología y del arte de la interpretación; que es al final de cuentas con lo que vamos a jugar en esta vida para lograr la misión por la que estamos acá: –no tengo dudas– vivir para amar y ser amado. Sin embargo, para profundizar en ello se requiere de una transformación que tiene todo que ver con estos dos aspectos que ya se han mencionado.
Ahora, vale la pena aclarar que el hablar de transformación no significa que algo está mal en la vida con alguien, más bien habría que charlar sobre la eficiencia y la eficacia para que una persona logre sus más grandes sueños sean cuales sean éstos, que al final serán la materia prima de esta misión. Así es que comenzaremos a comentar algunas cuestiones que nos puedan apoyar para dar ideas transformacionales, en esta ocasión haciendo referencia sólo a los dos conceptos que hemos señalado.
Primero, comentar una situación, pues se trata de entender un poco el sistema de pensamiento que hoy da forma a las diferentes culturas, es decir, al funcionamiento del mundo. Por ello hay que comentar acerca del posmodernismo, no es otra cosa más que el modernismo a su máxima potencia, pero sin un cambio estructural en la línea de pensamiento y sobre todo de su accionar. De alguna manera, haciendo honor al pensamiento de Heráclito hay que señalar que el hombre deviene y las cosas se transforman en un proceso interminable de nacimiento y destrucción que afectará a los seres humanos, animales y objetos. El Oscuro de Éfeso sentenciaba en su palabra: Todo fluye, somos y no somos. Así es que para el griego con un cambio incesante existe un principio eterno que se encarna en el fuego. Pero al parecer esta llama crujiente se trata de una metáfora que remite al cambio inminente y eterno del hombre y en consiguiente del mundo.
Aterrizando esto en el posmodernismo, hay que decir que se apoya en un acercamiento a las culturas de consumo que alimentan la estilización de la vida en el contexto de que ésta tiene todo que ver con lo éticamente bueno y además no hay un verdadero yo, de tal suerte que la meta se convierte en una búsqueda interminable de vivencias, valores y lenguajes dado que nada permanece y además el mismo fenómeno plantea una idea general de los principios que se hacen patentes en nuestra cultura contemporánea como no los ha contado Jameson.
Aquí valdría la pena retomar a Marcuse –padre de la revolución posmoderna– en el sentido de que toda realidad es una construcción social, que la verdad y la realidad no tienen un contenido estable y por tanto objetivo y riguroso, incluso se podría asegurar que no existen. Pará aclarar esta cuestión es muy didáctico el comentario que hace Francisco Martorell. En el sentido de que bajo esta filosofía ideológica que define el funcionamiento de nuestro mundo hoy: la realidad es un algo que hay que interpretar y en ese contexto toda interpretación –recalcó, cualquiera que ésta sea– tiene un valor equivalente. Eso es, hablamos de una hermenéutica abstraída sin una racionalidad y con la insistencia de vinculación con otras dimensiones del hombre como la pasión, la voluntad o el deseo.
Aquí en este punto habría también que charlar en algún momento sobre si estamos hablando del hombre como humano o como ser humano. Bajo esta óptica hay que centrarse en la segunda concepción. Es momento de comenzar a delinear los principios que definen el concepto que estamos anteponiendo a humano. Me parece que esta diferenciación va más allá aún de la esfera del lenguaje mismo. Pero hay que comenzar por esbozar aquella herramienta del conocimiento filosófico que nos acerca a la comprensión de este monosílabo, pero que está lleno de misterios y de significado, ser.
Entonces les cuento que la ontología nace como una rama de la filosofía que se ocupa de estudiar el ser de las cosas. Se reflexiona entonces acerca de las concepciones de la realidad así como sus relaciones y características, es sin duda la raíz del árbol de la concepción de mundo, que es tal vez lo más significativo del posmodernismo, en el sentido de que se trata de la creación del ser. En suma, sin ser humano no hay mundo. Desde el punto de vista riguroso del lenguaje tenemos que la ontología se trata del logos del ente al que en adelante llamaremos ser. Inclusive en términos más estrictos habría que decir que es la filosofía del ente en tanto ente. Se trata entonces de todo lo que tiene ser para dar, así como amante es todo lo que tiene amor para dar.
En cuanto al ser nos podemos referir a las piedras, los animales, las personas, los principios matemáticos, las imaginaciones, inclusive Dios mismo, tienen un ser, cada uno a su manera, por supuesto. Sin embargo, cuando hablamos del aspecto ontológico para la transformación que mencionamos al principio habría que vincularon más a la ontología del lenguaje, tal vez como el mejor acercamiento pero con la advertencia de que se va más allá.
Termino esta primera parte de nuestra charla, sentenciando que en realidad no sabemos cómo las cosas son, únicamente las observamos e interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos lo cual podría parecer demasiado inocente pero sin duda, está cargado potencialmente de trinitrotolueno.

