El imperdonable olvido

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Estamos perdidos. Y me entristecerá que estas líneas no sean avaladas en su real dimensión, por lo mismo que culparé.

De que al hablar de refinamiento del espíritu, el artículo no pegue, la flecha no se clave en el centro del círculo. 

¿Por qué? Simplemente porque hemos visto la mitad del problema, una cara de la moneda y la importante, la que nos hace mejores seres humanos se ha quedado en el cajón del olvido.

El ser un pueblo educado es la salvación y se ha dejado de lado. Cierto la desigualdad económica rompía el alma. El mirar a tanto pobre nos llenaba de cólera y el comprobar que los presidentes desde Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto, arruinaron el país, no enchiló el alma.

AMLO ya paso a la historia como el gestor de la 4T y Claudia Sheinbaum como continuadora de la magna obra.

Pero regreso al principio: el hombre vale por lo que es, por lo que siente, por lo que piensa, un hombre educado o una mujer con valores se da cuenta del entorno, sabe leer la realidad, entiende cuando le mienten y detecta la falsedad.

Valemos por nuestro alcance en la ciencia y el arte, por entender la cultura, por ser más humanos por ser un pueblo crítico, fino, espiritual, que optimiza lo trascendente sobre lo banal y aquí es donde aparece el renglón olvidado, pues nuestros niños y jóvenes continúan memorizando en lugar de crear y lo peor, en los hogares no se enseña que vale más saber y entender que poseer, que todos somos iguales y que si a todos nos va bien, para todos es para bien.

Desde la cuna fallamos: el televisor y los celulares son quienes van dominando la mente de las y los pequeños,

Lo frio tecnológico sobre lo humano sentimental y lo que es peor no se llega a la cúspide del arte y cultura y se vive en un mundo de veleidades, tic tocs en lugar de ideas completas y nulo entendimiento de la que ennoblece al alma. 

Y ahora la educación formal donde los errores corresponden a todos: Gobierno, Secretarías de Educación Pública y maestros; dije todos porque no me explico cómo han sido los presuntos cerebros que han manejado el timón de nave educativa personajes como el actual Mario Delgado, Lety, y con todo respeto la Maestra Delfina Gómez recordando que en el pasado esta tarea correspondió a gigantes del pensamiento como José Vasconcelos, José Ángel Ceniceros y Jaime Torres Bodet.

La educación es lo más importante porque nos hace mejores, porque sabemos discernir, porque podemos escoger lo óptimo sobre lo pésimo.

El tronco del árbol educativo debe tener buena raíz, pues la básica educación primaria si llega a ser mala o pésima incidirá hasta el posgrado, que por cierto a veces es una entelequia, pues al pulular miles de escuelas patito, salir con doctorado de una institución así, no vale la pena.

Debe dirigirse la educación superior hacia la investigación, que tendrá primacía sobre la docencia incluso y la extensión de la cultura, pues el empleo del método científico, de la utilidad de lo investigado y lo que necesita el país debe darse. Una investigación de excelencia urge y retornando a platicar con peras y manzanas un niño avispado, abusado, listo, estará preparado para sortear los avatares del difícil vivir.

La educación es todo, es el total vivencial: es el celular, es la inteligencia artificial, es la radio es la televisión… es pasar frente a una lonchería y mirar que los que mordisquean sabrosos tacos de cuerito, tienen fijos, los ojos perdidos que están mirando la tv que les manda la actuación de Peso Pluma, Gloria Trevi o un partido de futbol de la mediocre selección mexicana.

La pésima educación mexicana, creo yo, que fue el mayor triunfo del neoliberalismo. Al dejar el Gobierno los medios de información y comunicación a una iniciativa privada, que como dijo Azcárraga era soldado del PRI, zar del canal de las estrellas idiotizó a generaciones completas y la escuela, memorista e inamena no pudo nunca competir, y un poco, pero sigue: actualmente es más conocido un berreador de canciones que un creador de ilusiones.

Y llego a 2026 donde no me explico la alianza de Mario Delgado con las trasnacionales que llenan de comida chatarra a la población.

Es increíble que nuestro honorable gobierno deje de lado a la educación y lo que más duele es la pérdida del cariño familiar, de la unión anímica familiar, que aunque faltara un poco de plata los corazones destilaban oro molido.

Y de aquí viene lo demás: el triste retorno al Salinismo, prohijando el auge de las escuelas particulares y para acabar de enlodar el panorama, casi nadie sabe en este país que estudian sus hijos e importa más ver a tráileres cargados de los benditos libros, que el análisis para saber qué diablos contienen, que alimento espiritual abrevan niños y jóvenes.

¿Qué dicen? Y como diría un chavo de hoy:

Sepa wey.