EL LIBRO
Querido y aguzado lector, le saludo con el gusto de siempre, esperando se encuentre muy bien.
Ayer 23 de abril celebramos el #DíaMundialDelLibro estos objetos que nos llenan de alegrías, desencantos, a veces compañeros, paño de lágrimas, otras tantas se siente más que un objeto cuando sus personajes se encarnan en nuestra imaginación y se roban nuestro corazón.
Ah los libros, compren, regalen, lean libros, no importa el motivo, un libro jamás estará de más, el autor Roberto Fernández Iglesias decía que era algo muy importante regalar o recomendar un libro porque se corre el riesgo de que al otro no le guste y no vuelva a tomar un libro en su vida, en efecto, es muy fuerte, en especial cuando es para niños o jóvenes la recomendación, cuando no tienen el criterio para acercarse a un texto que salga de sus principales intereses o un estilo, que no es el adecuado para ellos.
En este sentido hay opiniones encontradas, mientras hay quienes defienden la idea de que los niños y jóvenes deben esforzarse por acercarse a prácticamente todo tipo de lecturas, también hay quienes defienden que deben tener lecturas de acuerdo a su edad, entorno, intereses o como divertimento, más que un simple objeto para su instrucción.
En el caso de los adultos, tenemos, quiero pensar, cierto criterio para enfrentarnos a variedad de lecturas, pues como dijo en una entrevista Juan José Arreola no hay un libro por muy malo que sea que no me haya dejado algo. A veces no precisa que el texto sea precisamente malo en términos de redacción o estilo, en ocasiones es el tema, la historia la que acaba por desencantarnos, hasta el formato puede ser pretexto para dejar el libro para otro momento o de plano regalarlo.
Ya dependerá de usted, querido lector, hoy también podemos optar por la dinámica del trueque de libros, hay espacios especiales en los que uno puede deshacerse de ciertos títulos que ya no son tan necesarios en el librero, o la mente y cuerpo piden nuevas historias.
También si tiene oportunidad, puede dejar un libro en algún lugar público para que algún afortunado vaya a su encuentro. La donación de libros, a fundaciones que los hacen llegar a las manos adecuadas y donaciones a escuelas, últimamente he optado por esta última porque recuerdo que cuando tenía horas libres, y no podía salir de la escuela, a veces iba a la biblioteca y buscaba algún título de cualquier tema, no sé qué tanto vayan hoy los jóvenes a la biblioteca cuando ahora tienen los dispositivos móviles y casi no leen, pero no pierdo la esperanza.
En muchas escuelas aún trabajan con libros en físico, todavía existen círculos de lectura, en preescolar también se ven algunos ejemplares para los pequeños, algunos hasta con sonidos.
Hay una frase que se le atribuye al escritor Miguel de Unamuno que dice Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee, ahí la importancia de la lectura de temas lo más variados posibles, para poder discernir, construir un criterio para saber qué hacer con el bombardeo excesivo de información.
Igualmente esto de leer a diferentes autores nos ayuda a no solo quedarnos con una sola idea, o acabar adoctrinados por algún alguno, soy partidaria del pensamiento crítico, no criticón, el leer nos permite comprender nuestro entorno por ejemplo, algunas lecturas nos llevan a investigar a cerca de un tema o varios, son exquisitos los libros que tienen varias referencias porque no solo te ayuda a comprender el texto sino también te da esa oportunidad de enriquecerte aún más, ahondar, profundizar e incluso dar con más fuentes.
Pero esto solo es posible cuando le agarra uno el gusto por la lectura, yo no leí de verdad hasta como a los dieciocho años, más o menos, y no me refiero a que hasta ese entonces aprendí sino que en esa época me enseñaron cómo debo acercarme a los textos, con un diccionario en mano por si no conozco una palabra, a investigar el autor, considerar su contexto, el mío, en el momento que lo leo, cómo se escribió y más.
Así es querido lector, hay textos que verdaderamente nos pueden retar a leerlos y nos hacen comprender que el verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo como dijo alguna vez Jorge Luis Borges, resulta que hay lecturas que a veces decimos realizarlas por fuerza, porque no había opción, por ejemplo las lecturas que forman parte de nuestra formación académica, muchas veces no se considera como placentera o que se hace por gusto, me parece que herramos en ello, pues uno termina haciendo las del programa educativo porque se está interesado en aprender, porque nos agrada nuestra línea de estudio, lo que la hace ser y existe entonces ese gusto o goce implícito que nos hace cumplir con las lecturas aunque siga estando esa sombra imperativa e incluso de imposición, porque muchas de ésas, impuestas en los programas de estudios tienen, a veces, una intención más que la de instruir.
Así es querido lector, por eso es importante que sigamos leyendo, que tengamos un amplio bagaje cultural de las palabras dónde y cómo se usan, bajo qué circunstancias, hasta que nos dejemos atrapar por la literatura y sus posibilidades, a lo que un día dijo Carl Sagan un libro es la prueba de que los hombres son capaces de hacer que la magia funcione. Pues en la palabra se es, lo que se nombra es. Y vienen a mi mente las palabras de Borges en su poema El Golem:
Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.
En todas esas historias que son extractos de realidad o que volvemos realidad en nuestra imaginación, en la del autor, la fuerza de las palabras, de las letras. De cómo se transforman en conjunto, lo que dicen, lo que auguran, lo que sentencian o simplemente rememoran, que dejan a la posteridad.
Qué puedo decir cuando los libros se han vuelto parte de mi vida, cuando la palabra me habita, dirían algunos autores, cuando confío en el poder de la palabra. Aquí la invitación querido lector, a leer, a no abandonar el libro en físico y disfrutarlo. Me despido con una frase de Rubén Darío que dice:
El libro es fuerza, es valor, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor.

