El mal uso las redes sociales en etapas vulnerables y sus malas consecuencias

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El mal o excesivo uso las redes sociales por parte de los niños y adolescentes puede propiciar que se conviertan en víctimas de sexting, ciberbullying, cibergrooming, quienes tras estas consecuencias podrían presentar poca capacidad de retención, problemas de aprendizaje, hiperactividad y otras dificultades graves como el suicidio.

Si bien, Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), son herramientas de gran utilidad para el aprendizaje y la recreación de los niños, niñas y adolescentes, permitiendo la comunicación, y aunque sin duda, este nuevo tipo de relación aporta muchas ventajas y posibilidades a los adolescentes abre también caminos un tanto inseguros, que pueden conducir a situaciones que difícilmente puedan controlar sin la intervención de otras personas.

De tal modo que es importante informar a los adolescentes y niños sobre los riesgos que pueden correr, pues es necesario que ellos sepan claramente qué es lo que pueden y lo que no pueden hacer; que conozcan cuáles de sus comportamientos cotidianos son inadecuados, incluso ilegales, y cuáles son las consecuencias de los mismos.

En lo correspondiente a los mecanismos legales de protección para los temas de sexting, ciberbullying, cibergrooming, el Senado mexicano aprobó por unanimidad, en noviembre de 2020, la Ley Olimpia, que castiga con hasta seis años de cárcel el acoso, hostigamiento y difusión de fotos y videos íntimos en internet y redes sociales sin el consentimiento de los implicados. Esta Ley fue bautizada de esta forma gracias a la lucha activista del Frente por la Sororidad, encabezado por Olimpia Coral, quien destacó al tiempo que esta ley fue aprobada que “La lucha de las mujeres seguirá hasta que la dignidad se haga costumbre”.

En tanto que el Código Penal del Estado de México destaca en su capítulo 4, artículo 211 Quarter que “A quien coaccione, hostigue o exija a otra persona, la elaboración o remisión de imágenes o grabaciones de voz o contenidos audiovisuales de naturaleza erótico, sexual o pornográfico bajo la amenaza de revelar, publicar, difundir o exhibir sin su consentimiento el material de la misma naturaleza que previamente la víctima le haya compartido directamente o que haya obtenido por cualquier otro medio, se le impondrá de tres a siete años de prisión y multa de doscientas a cuatrocientas unidades de medida y actualización”.

Ahora bien, con respecto al tema de la ciberdelincuencia, existe a nivel internacional el Convenio de Budapest firmado el 23 de noviembre de 2001 y que entró en vigor el 1 de julio de 2004, actualmente 65 estados son miembros, incluso algunos de latinoamérica y el Caribe como Colombia, Costa Rica, Panamá, República Dominicana, Perú, Paraguay, Chile y Argentina. México se encuentra como observador, pero lamentablemente no se ha adherido, un asunto que deberá formar parte de la agenda del actual gobierno a realizar las reformas pertinentes, y con el fin de tener más elementos para la protección de las personas que son víctimas del sexting, ciberbullying y el cibergrooming. es necesario que la ciudadanía se acerque con sus representantes y externen su interés e importancia de seguir insistiendo para que el Ejecutivo Federal dedique un primer paso a la adhesión, para proseguir con su debida autorización del Senado.

Este problema, al igual que los otros, trasgrede el interés superior del niño que, de acuerdo con la Corte Interamericana de Derechos Humanos (2002: 86), se refiere al “desarrollo de éste y el ejercicio pleno de sus derechos deben ser considerados como criterios rectores para la elaboración de normas y la aplicación de éstas en todos los órdenes relativos a la vida del niño”.

Por lo anterior, es urgente promover la educación digital, por un lado, y por otra parte, fortalecer la estrategia nacional de ciberseguridad; crear políticas públicas para prevenir la violencia en las redes ya que, a la par de la tecnología, evolucionan los crímenes de esta índole; fomentar un desarrollo sano y seguro en la infancia; así como concienciar a los adultos —sobre todo a padres de familia o tutores y docentes— respecto a la importancia de tomar las siguientes medidas para evitar que los niños sean víctimas de estos fenómenos sociales que ocurren en el mundo virtual:

  1. a) Instalar filtros en los equipos de cómputo para controlar los sitios web por los cuales pueden navegar los niños.
  2. b) Vigilar las páginas a las cuales ingresan.
  3. c) Exhortarlos a no publicar información o datos personales; no agregar a desconocidos ni chatear con ellos; no descargar cualquier enlace, archivo o aplicación que les llame la atención; no dar clic en anuncios publicitarios que les parezcan atractivos por lo que prometen; así como avisar cuando vean algo sospechoso, reciban fotos, imágenes, videos, correos o mensajes de texto peligrosos u ofensivos, y detecten alguna conducta de acoso en internet.
  4. d) No dejarlos participar en chats, foros o cualquier otro de tipo de conversaciones en línea con desconocidos, incluso cuando se tenga la sospecha de que son niños.