El mundo maravilloso de Julio Verne

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Dicen, más en mito que en realidad, que en la tierna infancia se le ocurrió infiltrarse en una tripulación como grumete, a bordo de un barco para viajar y conocer el mundo. Por desgracia para el autor y por fortuna para nosotros, su padre logró frustrar sus planes y le puso tal reprimenda que, el entonces pobre niño, juró viajar sólo en su imaginación.

LA VUELTA AL MUNDO EN OCHENTA DÍAS  (1873)   

Phileas Fogg acepta una apuesta para demostrar que es posible viajar alrededor del mundo en ochenta días, pero aparece un problema cuando es confundido con un ladrón.

El flemático caballero inglés, afirma que, para dar la vuelta al mundo, 80 días alcanzan y sobran; para ello empleará todos los transportes (sin despegarse de la superficie) conocidos en esa época.

Al final, con uno de los más grandes y acertados argumentos de la literatura y de la ciencia, logran tal empresa.

Comentarios, curiosidades y experiencia personal: 

Este libro es el que, en vida, catapultó al autor a la fama, le dio tanta popularidad y riqueza que pudo dedicarse por completo a escribir, se compró un yate y solía dar paseos.

Es el libro icónico y la carta de presentación del autor, si es que necesita tal cosa.

Mucha gente asocia el globo aerostático a esta novela, incluso he visto libros ilustrados con ese transporte en la portada; no puede haber cosa más errada. En toda la novela jamás se usa el globo. Pero sí: buques, trenes, trineos, elefantes, etc.

Como dato adicional, debo añadir que el viaje se realiza en su mayoría en el extenso y vasto imperio británico, con excepción de Japón y Estados Unidos (aunque éste último sí fue colonia británica)

Phileas Fogg al igual que el capitán Nemo alcanza su lugar en la Literatura Universal. Curiosamente, con excepción de Henry Blount (Miguel Strogoff), a partir de aquí el autor empieza a ridiculizar a los personajes británicos hasta llevarlos al extremo, como después veremos en otras obras como Héctor Servadac, Claudio Bombarnac y la Agencia Thompson y Cía. ¡Ah! y también en César Cascabel.

Como dato curioso, Phileas proviene del latín filios que significa hijo y fog en inglés quiere decir niebla. Hijo de la niebla, esto refuerza la teoría de que el escritor pertenecía a un grupo que trazó las bases para establecer el nuevo orden mundial.

En lo personal, es el libro que más veces he leído; en mi juventud me mimeticé con Phileas, mis amigos me decían el Phileas Fogg mexicano.

La primera vez que leí la novela, me desvelé y no la terminaba, angustiado me fui a la cama, inquieto por saber si Picaporte y Aouida, liderados por el inglés, lograrían completar a tiempo su aventura.

Un grupo de colegiales daneses volvió a dar la vuelta al mundo; solo tardaron 43 días, en 1928.

Mi sueño es repetir la hazaña de Fogg y Picaporte, pero por mi actividad profesional es difícil que me tome 80 días de vacaciones. Aún así, como los protagonistas de la obra, no pierdo la esperanza.

Y eso es lo que la obra representa, algo más que un mero entretenimiento para la juventud. Leída y traducida en el mundo entero, aportó, en el umbral del siglo pasado, un mensaje necesario para la sociedad: la esperanza.