EL PLAN (Tercer Capítulo)

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En plena colonia Narvarte la vieja casa casi se caía. Siguiendo el dicho de que una casa abandonada se cae sola, el hogar que fue de los padres de Salvatierra olían a humedad. Y acaso se salvaba la sala con viejos sillones de la época de la nostalgia.

No llegaban, y el General Antonio se alarmó: La acción de eliminar a Trump visto con calma era una locura.

…Y fueron llegando. Sólo siete de los doce y por cierto las tres mujeres, con la noticia que el general se imaginaba.

– mandaron decir que no le entran. Y otros que le han buscado y no hallaron solución.

Además de rostros serios, Salvatierra escuchó de la dama militar:

Quién sabe, pero el asunto se estaba colando y nosotros platicando en -corto dijo- venimos a claudicar. Elegantemente la teniente Coronel Rosángela Ramírez sintetizó la negativa al general.

A Salvatierra se le cayó el mundo. Todo para nada: pero entendió la situación y poniendo buena cara ofreció.

– Bueno. Bien. Aquí acaba todo, pero no me van a despreciar los “Capuchinos” que compré en el OXXO de la esquina y que están esperando que alguien los consuma. Además, enfrente venden pastes de todo, ahí verán hay variedad.

Y sonriendo a duras penas los conminó en la despedida del plan al último brindis con café.

Para que no hubiera dudas, sin contenerse el general Torreblanca la soltó.

– Para que le buscamos. No se puede pelear a fuerza contra fuerza. Es casi imposible suprimir al colorado de Trump y no queda sino agua y chile, o sea aguantarnos y chingarnos.

Una madura dama con pants rosa –en realidad es diplomada del Estado Mayor Presidencial- acotó:

– Queda asentado el silencio, aquí no ha pasado nada y no nos conocemos.

Salvatierra sonriendo los invitó a los pastes y el café:

–¡Qué pinche mundo! -Tronó el coronel Hernández que no habría hablado- que tengamos que aceptar la injusticia.

– ¿Cómo? Dijo la diplomada:

– Sí, ni modo como decía un programa televisivo “Aquí nos tocó vivir”.

Los temas fueron cambiando; China y su reticencia y ataque. La unión de las dos Coreas con sus homólogos asiáticos…. la persecución de ciudadanos, latinos que en USA se creían gringos con papeles y todo, Ucrania, Gaza y llegamos a la cercanía de una guerra mundial

Aquí el general García reflexionó de nuevo:

Toño Salvatierra, creo que tienes razón: quitando el tumorcito canceroso, se salva una vida, me acuerdo de Hitler: si el plan para matarlo ¿Vieron la película de Tom Cruise?. Hubiera tenido éxito millones se hubieran salvado:

El general Salvatierra Tronó:

– ¡Terminen los pastes y el café y todos se me van a la chingada!

Se abrevió la reunión y Salvatierra, sentado en un desaseado, pero cómodo sillón de 1950, reflexionó:

Mejor. Así actuaré sólo. Tomó su celular y llamó a Ciprian Alves, en secreto, el terrorista internacional mexicano que –nunca se supo cómo- salió de Almoloyita.

– Siiiii buuueno… General.

– Te necesito.

¿A mí?

– ¡Ya! ¡Urge!

– Bueno, así por la buena donde nos vemos, y Salvatierra le dio la dirección del Café de Chinos.

– ¿Cuándo pues?

– ¿No te dije que mañana a las ocho de la noche?

– No. Pero ahí estaré.

Ciprián era el héroe de la vida real, digno de una película: robaba, había secuestrado a políticos millonarios, y más. Y trabajaba sólo con dos elementos: el güero Reséndiz y su Cessna y su segundo de a bordo Luis Méndez.

Hacían todo lo malo bien. Ahora el problema era si aceptaba el loco encargo de matar a Trump.