El Plumaje del Mosco

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Cierto, este libro de sus hijos dedicados al cronista Municipal de Toluca es un ejemplo de cómo seguir la huella del escritor que como cascada nos deja buen número de obras, lo cual hace preguntar y además tuvo cargos en la administración pública de relevancia puesto que era conocido de propios y extraños. Respetado en sus labores dejó enseñanzas de todo tipo. Imposible no citar las palabras de su hijo más brillante y admirado en Toluca, él mismo un cronista de respeto, cito en la Justificación de Motivos que escribe Poncho Sánchez Arteche: Un reto a la capacidad de imaginar la vida como uno supone que pudo haber sido vivida por otro. Para convertirse en interesante, útil y aleccionador, un relato biográfico sólo puede ser —en mayor o menor medida— un ejercicio de ficción narrativa. Algunos biógrafos apuestan por la veracidad antes que por la belleza, y generalmente fracasan, porque la mayoría de los lectores no están dispuestos a aburrirse con la lectura de un curriculum vitae, por muy documentado que éste sea. Hay muchos modos de biografiar, pero abordado el estudio de una existencia con la metodología de la historia tradicional, como un rastreo de sucesos atestiguados en documentos públicos y privados, en fuentes bibliográficas o hemerográficas, cuando no va más allá de un mero recuento de hechos, tal vez no pase de ser un registro escalafonario de los ascensos de un individuo dentro del duro oficio de vivir en sociedad

Reflexiones de quien supo de la fama de su padre por todos los medios y hechos de su vida. Cierto, sucedió, que un largo tiempo fue reconocido como el hijo del profesor Mosquito, después con el tiempo se ganó la presea Estado de México, cuando era gobernador Emilio Chuayffet Chemor, sorprendiendo a muchos, por el hecho que sólo unos años después, no muchos, la justicia de los reconocimientos le llegó al cronista Municipal de Toluca, que lo merecía desde hace mucho tiempo por ser escritor de los grandes en el estado de México. Por ser un periodista excepcional y un cronista que no ha sido igualado a la fecha en Toluca y en la entidad.

Difícil es hacer la biografía de alguien, cuando uno mismo es incapaz de hacer la propia, dice Jorge Luis Borges, y ha quedado como una verdad que no debemos ignorar. En el caso del libro que se dedica a don Poncho, es un esfuerzo valioso bajo la dirección de Sánchez Arteche, quien cuenta: En el caso de Alfonso Sánchez García, profesor Mosquito, uno de los escritores más prolíficos del Estado de México, la edición de un estudio sobre su vida se representa como una tarea de titanes. A lo largo de más de medio siglo, a partir de 1945, fue redactor y colaborador cotidiano en infinidad de publicaciones, tanto de la ciudad de México como de Toluca. No debemos de sorprendernos que muchos de nuestros toluqueños, nacidos en la ciudad o venidos a radicar aquí por décadas, también tuvieron la experiencia de la Ciudad de México. Les veíamos venir, fuera por estudios en las instituciones que los habitantes de Toluca veíamos con mayor respeto y admiración: sea, porque estudiaban en la Universidad Nacional Autónoma de México o el Instituto Politécnico Nacional o a lo más, en el Colegio Militar, pues cuando ello sucedía, era un espectáculo ver a los jóvenes cadetes con su uniforme de gala presumir por los Portales de la ciudad. Vivir en ciudad de México era vivir en el paraíso en donde todo se podía ver y gozar. Así, que la experiencia de don Poncho viviendo en la capital del país no fue para menos. 

Como tampoco para Alejandro Ariceaga, quien fuera siempre nuestro ejemplo: en eso de vivir y trabajar escribiendo en las altas esferas. De la generación de José Agustín o Gustavo Sáinz su narrativa y prosa no les iba detrás. Para mí el mejor prosista de la segunda mitad del siglo XX, el fundador del Centro Toluqueño de Escritores es siempre bien recordado. Dice con objetividad y de manera cierta Poncho Sánchez Arteche: En el caso de Alfonso Sánchez García, al menos sus hijos estamos convencidos de que escribió tanto acerca de sí mismo, que ese solo hecho lo convierte en ilustre: alguien capaz de ilustrar, con su pensamiento y con sus actos, el espíritu de una época, de una generación, el carácter —en fin— de un ambiente social y humano, el de mediados del siglo XX, cuyos protagonistas han sido poco dados a memoriar con franqueza. Los clásicos, que nos pertenecen a todos, sea porque vienen de otros países y de muy lejanos tiempos, o sea porque en territorio nos son cercanos en la comunidad, pueblo o ciudad. En el caso de Alfonso Sánchez García es una suerte que Poncho nos diga en su introducción al libro, que en dicha publicación hay escritos que son inéditos, cuenta: como historiador, desde 1964 completó la primera versión de su Historia del Estado de México, en tres volúmenes, y a partir de ese año hasta su muerte publicó bajo su firma más de treinta libros acerca de esta entidad federativa. Asimismo, colaboró en otras tantas publicaciones colectivas y dictó cerca de un centenar de conferencias sobre diversos temas históricos, literarios y humorísticos. Hombre que nació para el trabajo antes que cualquier otra cosa. Es el trabajo el que dignifica la labor del ser humano aquí en la Tierra. Cuando se leen estas líneas de quienes más pudieron conocerle, que es su propia familia, se comprende que el ejemplo de vida de don Poncho es el Trabajo como herencia.

Mucho que decir, y entre otras cosas, Poncho Sánchez Arteche escribe: … Por si ello fuera poco, dejó inédito un original mecanoescrito, que supera las mil quinientas cuartillas, con el sugerente título Confesiones impersonales de un pecador, una especie de Apuntes para mis hijos que tal vez no hayan sido redactados con fines de publicación. Los párrafos de Poncho son certeros y nos dan prueba de que el escritor es un hombre o mujer que al llenar páginas en blanco están frente al psicoanalista, y por lo mismo, son páginas del alma y de su existencia cotidiana. Un largo camino de expresión humana que no puede considerarse que su destino sea el bote de la basura o algún anaquel en el que quedé olvidado, hasta que llegue algún familiar a limpiar todo aquello que no relumbre en el color amarillo del oro, o al menos de la plata. Para conocer al cronista Municipal de Toluca, cuyo periodo fue en el reconocimiento del municipio de 1981 a 1997, debemos de leer con gozo este libro El plumaje del Mosco, hasta en el título le atinaron sus hijos, de familia que todos admiramos, porque a cuál más de sus hijos son admirables amantes de la lectura y la cultura en general. La introducción de Poncho, el sabio hijo de nuestro cronista dice: El material es presentado a manera de capítulos, que no corresponden necesariamente al contexto de que se les extrajo; el título de cada uno de estos apartados es responsabilidad nuestra, aunque se ha buscado la máxima aproximación al espíritu y al estilo del autor. Dado que los fragmentos seleccionados fueron escritos en diversos momentos entre 1954 y 1987, pueden advertirse notables diferencias de percepción de los hechos; cambian también el tono y el estado de ánimo, pero se encuentran sin embargo una constante, que es propia del estilo de Sánchez García: la ironía que no perdona ni a quien la destila

Fortuna del cronista Municipal de Toluca es que sus libros fueron varias veces reeditados. Que sus artículo o columnas representan una buena cantidad de título, entre ellos el mejor ejemplo: San Juan Chiquito / Un barrio de Toluca, en el caso del libro El Plumaje del Mosco / Páginas autobiográficas, publicado por la UAEM en el 2001 y, por el Gobierno del Estado de México en el año 2015. De esa misma manera se tienen otras obras como: Toluca del Chorizo, o Toluca del Toloache, además de su interés por dar a Toluca una monografía que recabase mucho de su historia y su realidad cultural, en la que sustenta su orgullo como capital mexiquense. El escritor es aquel que escribe… y publica lo que escribe. Lo demás son habladurías. Estamos ante el escritor que lo fue, por sus textos que son lectura obligada para quienes vivimos en Toluca y, además, que publicó mucho en periódicos y revistas de todo tipo.