El sufragio en México

Views: 816

La historia de la mujer es sólo para tenerla como dama de compañía, así aparece en el texto del dramaturgo Rodolfo Usigli (1909-1979), quien escribe la obra: El gesticulador, en el año de 1938: cuál es el papel del gobernante cuando pierde la cabeza y se convierte en todo poderoso, por lo que pone en filo de la navaja el destino del pueblo, se lee: Cesar.- El político es el eje de la rueda; cuando se rompe o se corrompe, la rueda, que es el pueblo, se hace pedazos; él separa todo lo que no serviría junto, liga todo lo que no podría existir separado. Al principio, este movimiento del pueblo que gira en torno a uno produce una sensación de vacío y de muerte; después descubre uno su función en ese movimiento, el ritmo de la rueda que no serviría sin eje, sin uno. Y se siente la única paz del poder, que es moverse y hacer mover a los demás a tiempo. Y por eso ocurre que el político puede ser, es, en México, el mayor creador o el destructor más grande. ¿Es parecido a mí este retrato?

Espacio del hombre, del macho donde la mujer no se nota, y al no aparecer, deja un vacío en el campo de la política que se hace sólo por hombres muy hombres. La sociedad, la economía y la familia caminan sin que noten cuánto importa la madre, la esposa, hermana o hija: dentro de la sociedad de inicios del siglo XX es sólo sirvienta que viene del siglo XIX. El caudillismo o el caciquismo… donde el poder, emborracha a tontos y les vuelve locos y asesinos.

A los inteligentes: los hace tontos y soberbios. La mujer no tiene rol de mando en ninguna esfera social, la gobernanza está aún lejos de la participación de ellas en cosas del Estado. Viene participando desde el movimiento de Independencia en 1810, después, en toda guerra entre liberales y conservadores, centralistas o republicanos; su presencia es sólo decorativa: aunque sea la que organiza tertulias donde se murmura de la insurrección, o lleve, además, recados peligrosos a quien resulte necesario. Igual sucede en Inglaterra en el siglo XIX, donde la mujer no tiene derecho ni a tener a sus hijos, pues ella les ha dado la vida, pero son del padre por la ley; cuando el marido entra en ira con ella es el encargado de quitárselos, porque así lo  decide el Estado, que le convierte en policía que aplica los peores castigos: violencia y destrucción de la familia.

Poner a la comunidad en su contra, para que no ande de rebelde. El siglo XIX es el escarnio de muchas batallas de la mujer por ser tomada en cuenta y las sufragistas, son parte importante del cómo hacerse presentes, recodándole a los hombres que ella ha estado junto a él en sus luchas, en todas sin mengua de ninguna y sin embargo es incapaz de ser justo.

Es interesante citar al Dr. José Manuel Lastra quien en el libro: Revolución e Instituciones, publicado por Editorial Cruzada en 2011, en la ciudad de México, dice: La aportación de la Asamblea Constituyente fue un paso vigoroso en el camino de la justicia social, en que la Revolución Mexicana quiso ser el mensajero y el heraldo de un mundo nuevo. Esta contribución fue la más original y de mayor trascendencia. Con ella, México se convertiría en el país con la legislación de trabajo más progresista y completa del mundo. Las viejas estructuras fueron renovadas para establecer las bases fundamentales de un nuevo Estado y de un nuevo derecho. Se impuso al Estado un hacer, una conducta que cuidara la condición justa y libre de los hombres frente a la economía y el capital. Lenguaje de un solo género, se habló y se legisló pensando en hombres.

Señala el estudioso: No fueron precisamente los juristas a quienes debemos la formulación legislativa de los derechos sociales y económicos, sino a los diputados que venían del taller y de la fábrica, de las minas, del campo, quienes decidieron ofrendar su vida en el combate de la Revolución. La historia de la Carta Magna de 1917 hecha por hombres sin la participación de las mujeres. Prosigue el investigador: La incorporación de los derechos sociales en el texto de la Constitución Mexicana de 1917, fue obra de la libre voluntad de los diputados constituyentes reunidos espontáneamente en el edificio que fue de la residencia del Obispo de Querétaro, que ampulosamente llevaba el nombre de palacio Episcopal. Una Constitución hecha por los hombres para los hombres, hoy sabemos que sólo a través de difíciles batallas, la mujer mexicana ha de poner su nombre en el articulado de la Carta Magna a lo largo del siglo XX.

En sus derechos políticos la larga espera de la mujer mexicana lleva a lograr en voto con la reforma al artículo 34 constitucional. En el libro Revolución e Instituciones se lee que: … Concedió a la mujer iguales derechos políticos que al hombre, y se otorgó a la mujer sin restricciones. Otorga la ciudadanía a hombres y mujeres mayores de 18 años.

Aparece en el libro el ensayo de Dulce María Sauri Riancho: Voto a la mujer. La revolución abrió la puerta. Sí, sólo que 43 años después de haberse iniciado el movimiento de 1910 y 36 años después de haberse promulgado la Carta Magna de 1917. Y tiempos después a 34 años de haberse fundado el Partido Nacional Revolucionario (PNR) que transformó su nombre por las siglas del PRI en 1946. Es decir, después de lograr instituciones que rigen el siglo pasado. Varias décadas después en un país machista se ven obligados a reconocer que la mujer tiene iguales derechos que el ciudadano de a pie: esposos, padres, hermanos, compañeros de trabajo en fábricas, en el campo o la parcela, en el magisterio y la burocracia estatal. Mientras en Inglaterra el voto a mujeres mayores de 30 años se le otorga en 1918, y el voto universal en el año de 1929, o en muchos otros países, se les ha dado en la segunda década del siglo XX: entre ellos, el país de la antigua Rusia, que con la victoria de los bolcheviques dio el voto a la mujer en el año de 1918. La pregunta: ¿Por qué tuvieron que pasar tantas décadas para incorporar a la mujer mexicana a iguales derechos en la vida política? ¿Hasta dónde ha avanzado en sus derechos sociales, laborales, educativos y culturales, por sólo citar algunos?…

Escribe Dulce María Sauri: ¡Nosotras también! / la participación femenina en la política creció conjuntamente con la efervescencia que acompañó la campaña electoral de Francisco I. Madero. Con esta motivación se integró el Club Femenil Anti reeleccionista Hijas de Cuauhtémoc, encabezado por Dolores Jiménez y Muro. El contexto en que esta organización netamente política electoral comenzó a actuar, se refleja en la afirmación de Andrés Molina Enríquez en su clásica obra Los grandes problemas nacionales: … Por lo pronto, el absurdo feminismo americano ha producido en la familia mexicana una perturbación tan profunda que no se necesita un gran talento de observación para ver que hay algo que se ha desarrollado más a la sombra de ese feminismo, que el bienestar de la mujer, y es su prostitución… Aún en los espíritus más avanzados que desean la caída del viejo régimen hay en contra de la mujer predisposición que caen, por lo menos, en ese machismo que les niega todo tipo de acción en favor de la igualdad entre hombre y mujer. Es interesante ver el texto del caricaturista Rius: La revolucioncita mexicana, en sus páginas aparecen dos o tres veces alguna mujer en dibujo o fotografía. Para la mayoría de historiadores y estudiosos, incluso artistas, la mujer no aparece. Aunque Dulce María cite hechos relevantes: Las mujeres que participaban en actividades políticas era mal vistas, socialmente censuradas; el feminismo atribuido a la mala influencia americana, es tachado de prostitución. Muchos aspectos de la vida política, social y económica son severamente cuestionados en años siguientes, por parte de intelectuales progresistas en el que coinciden porfiristas y revolucionarios… Grande incógnita de la historia: ¿Por qué el hombre ha sido enemigo del desarrollo de la mujer?… ¿Por qué la mujer es —a veces— enemiga de la propia mujer, en favor del progreso humano? Falta mucho en la cultura para comprender este atraso que a todos hace daño.