El trovador de mil caminos… ¡Lo Cortez no quita lo Cabr… ! (Primera Parte)

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Su verdadero nombre fue José Alberto García Gallo, nació en Rancul, un pueblito que se localiza al norte de La Pampa. Algunos de sus biógrafos han contado que vivió una niñez feliz, sin excesos ni lujos. Decían que apenas a los seis años su maestra le enseñó a tocar el piano, desde ahí ya no paró, a sus doce compuso su ópera prima: Un cigarrillo, la lluvia y tú. Él mismo decía: mi madre pensó que yo era Mozart… Así es que a mis amigos les adeudo la ternura, y las palabras de aliento y el abrazo, el compartir con todos ellos la factura,  que nos presenta la vida paso a paso,  a mis amigos les adeudo la paciencia, de tolerarme las espinas más agudas, los arrebatos del humor,  la negligencia, las vanidades, los temores y las dudas. Así fue, estamos hablando de Alberto Cortez, el cantante, el poeta, el ser que vibró tantos corazones, el que pensábamos nunca partiría, es motivo hoy de un sin-razón-homenaje, después de un par de años  de haber evolucionado.

De pronto una marea, una nostalgia que sacude, pero sabedores de que ha partido el trovador a la otra vida con sus cantos y poemas,  en ésta se quedará para siempre en un rincón del alma. Así es, Alberto Cortez le cantó al amor y a la mujer, al sentido de la vida, a la amistad y a la ausencia, a los hombres, a la nostalgia y el desarraigo. Es de la generación de los cantantes argentinos que se les puede recordar más allá de la década de los setentas cuando llegó a México con aquella canción Te llegará una rosa cada día. Tiempo atrás arribó a Europa, cuando aún era un joven influido por el tango y el folclore argentino. Poco tiempo transcurrió para tener gran éxito, sin embargo, su herencia musical más la influencia de la canción francesa, sobre todo la del belga Jacques Brel, lo transportaron desde esa imposición inmediata como intérprete a la revelación de un extraordinario cantautor con un gran resplandor de luz.

Recordemos canciones como Distancia, Callejero, Cuando un amigo se va, A partir de mañana o La vida, que  se han convertido en clásicos. A lo largo de más de cinco décadas de carrera, el argentino fue respaldado tanto por el público como por la prensa especializada. Es de reconocer el talento requerido para ser el pionero en estrechar de forma extraordinaria la pequeña senda entre la poesía y la música. Recordemos sus grandes adaptaciones de textos de otros poetas como Antonio Machado y Miguel Hernández: Retrato, las moscas, y Nanas de la cebolla terminaron siendo grandes éxitos en su voz y son un gran ejemplo de lo dicho.

La nostalgia aparece nuevamente como de la nada está en ese espíritu tan grande del maestro Cortez. Y volvemos a recordar que ha partido a Un rincón del alma. Recuerdo cómo resaltaba su elegancia con vestimenta en negro, distinguiéndose también con su cigarro en la mano. Las canciones y la música le salían a Alberto Cortez de lo más profundo de su corazón para tocar otros corazones. Qué forma tenía de generar electricidad. Además, fue el cantor que cantaba para todos. Un cantor que, con sus letras y música, nos hacía mejor la vida. Aun cuando ya evolucionó a un nuevo plano, se mantiene vigente  y nos lleva a reflexionar sobre su legado, entonces es cuando me pregunto ¿Cuántas ocasiones Alberto Cortez con su canto nos ayudó a expresar ese hondo pesar que nos invade Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar, la llegada de otro amigo, cuando un amigo se va, queda un tizón encendido, que no se puede apagar, ni con las aguas de un río, cuando un amigo se va, una estrella se ha perdido, la que ilumina el lugar, donde hay un niño dormido?  Así recuerdo la partida de alguien entrañable que ya no está más con nosotros. Y en estas circunstancias el maestro, quien también ha partido, está presente con su canto en este humilde corazón.

México siempre tendrá un lugar muy especial en la obra de este noble trovador, donde deja un gran vacío, México admiró y le entregó su cariño a Alberto Cortez, decía su eterno representante Daniel Fraga que siempre le decía que tendrías que quedarte en México, ahí donde lo adoran y se distinguía de otros autores porque todos cantaban para la mujer y él le cantó a cosas que eran más para el hombre, el amigo, el padre, el perro, como atinadamente lo expresara el mismo Fraga. No era de extrañarse que eran los caballeros los mayores admiradores, quienes esperaban con la viva emoción y los ojos a punto de las lágrimas que les firmara discos después de sus conciertos. He visto llorar a mares, con el sentimiento que tienen los mexicanos, que son muy sentimentales, muy apasionados. En una época íbamos tres veces al año, para todos era una fiesta. Habría que definir al maestro, además de como un extraordinario ser humano, como el artista  por la elegancia creativa de su repertorio.