El trovador de mil caminos… ¡Lo Cortez no quita lo Cabr… ! (Segunda Parte)

Views: 630

Como decía Fraga, el eterno representante de Alberto Cortez: empezó desde abajo y escaldó peldaño a peldaño hasta lograr su status y tocar los sentimientos de sus fans, ofrecía conciertos largos, generalmente de dos horas o un poco más, y aun así, la gente le decía, maestro, le faltó ‘El Abuelo’, por ejemplo o cualquier otra canción que no hubiera cantado en ese momento.  Vamos a dar un espacio para seleccionar algunas de las frases expresadas por el trovador Alberto Cortez, con la idea de que sea él mismo quien, desde donde sea que se encuentre evolucionando y trovando, nos comparta sobre su propio legado. 

Podríamos comenzar con el tema de la muerte. El maestro compartía: El día que venga la señora de blanco, me gustaría que llegara como llegó a Yupanqui: afinando la guitarra para un recital. Y remataba: Ya no me pongo metas. Sólo amar y amar a mi mujer, con quien llevamos 47 años de casados. Respecto a lo que ya se le mencionaba a Cortez como pionero en la canta autoría, él mismo nos comenta, con gran humildad que: Soy de alguna forma, pionero en la cantaautoría. Y no lo digo para colgarme medallas. Llegué a ese país, me metí en la música francesa, en el momento en que en España, la mentalidad era de una mediocridad absoluta. Ahora bien, he que decir y siendo honestos, que sus canciones se inspiraban en sus vivencias. Es de destacarse sus formas de transmitirlas y hacerlas populares. Uno de sus éxitos más sonados fue Callejero. Por allá a lo lejos comienzo a escuchar: Era el callejero de las cosas bellas. Y se fue con ellas cuando se marchó. Se bebió de golpe todas las estrellas. Se quedó dormido y ya no despertó. Nos dejó el espacio como testamento. Lleno de nostalgia, lleno de emoción. Vaga su recuerdo por los sentimientos. Para derramarlos en esta canción. 

Y desde la otra esquina me quieren vender algunos gritos que aquel que se rasgaba la garganta había robado al gran maestro: Fue como si me clavaran un puñal en el alma. Éramos tan amigos… se trataba entonces de una canción que le dedicó a un perro callejero de su barrio en las calles de Madrid. Es un perro que se crió como el guardián nocturno de la obra del edificio donde después fuimos a vivir. Se llamaba Moro o Palomo. Y fue el punto de partida de hermosas amistades, porque todo el mundo lo quería. Pero él nos escogió a mi mujer y a mí como amigos. Al único departamento al que subía era al nuestro. Y cuando se quería ir, se paraba delante de la puerta, había que abrirle y se iba. Por eso digo en la canción que ‘su filosofía de la libertad fue ganar la suya sin atar a otros, y sobre los otros no pasar jamás’.

Por otra parte, inclusive por inverosímil que pareciera para algunos finos lectores Cortez defendía a Ricardo Arjona ante el apodo de Serrat de los supermercados que ponían de moda sus críticos: Que le llamen como quieran. Ellos quisieran ser Arjona (…) Lo conocí en el programa de Juan Alberto Badía. Ese día, luego en el hotel encontré un ramo de flores. Me lo había mandado y nos hicimos amigos. Y continuó insistiendo en el tema en alguna  otra entrevista del diario Clarín de Argentina: ¿Si Arjona abusa de la metáfora?, nadie usó más la metáfora que Lope de Vega. Ha partido el trovador a la otra vida con sus cantos y poemas, pero en ésta se quedará para siempre En un rincón del alma. Lo condeno en silencio. A buscar un consuelo. Para mi corazón. Me parece mentira. Después de haber querido. Como he querido yo. Me parece mentira. Encontrarme tan solo. Como me encuentro hoy. ¿De que sirve la vida? Si a un poco de alegría. Le sigue un gran dolor.

Habrá que ser sinceros, también y ubicar al maestro Cortez como un trovador, un cantante, un artista que le cantó al amor y a la mujer, a la amistad y a los hombres, a la nostalgia y al sentido de la vida, al desarraigo y a la ausencia. Es de la generación de los cantantes argentinos que irrumpieron con su música desde la década de los sesentas. Habría que recordarlo por allá de la década de los setentas cuando llegó a México con la canción Te llegará una rosa cada día. Aquella que tanto me gustaba tan solo de pensar, que tal vez, alguien que pudiera leer estas líneas me dedicara una sonrisa y posiblemente un pequeño guiño quisquilloso. Te llegará una rosa cada día augurándote tiempos de ventura, compañera total del alma mía, propietaria de toda la ternura. Quisiera ser un mago fabuloso para trocar las rosas por estrellas, dejarlas en tu almohada sigiloso, que iluminen tu sueño todas ellas. Te llegará una rosa y la mañana, será para “vivirla” entre comillas, tu alma escapará por la ventana de tu orilla volando hasta mi orilla.

Escuchando esta melodía a la distancia le recuerdo y exalto su elegancia con su fino traje negro. Las canciones y la música le salían a Alberto Cortez de lo más profundo del corazón para tocar otros corazones. Qué forma tenía de generar electricidad. Es el cantor que cantaba para todos. Un cantor que con sus letras y música nos hacía mejor la vida.