EL VALOR INTRINSECO DE LA INTUICION

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Una justicia puramente intelectual, que no satisfaga los anhelos intuitivos humanos, no sería nunca una justicia completa, tal vez ni siquiera merecerá el nombre de justicia. Por consiguiente, no sólo es imprescindible admitir a la intuición como único camino para acercarnos a determinados aspectos de la realidad y a la realidad total, sino que se le debe reconocer como la luz del entendimiento que anima y da sentido a los procesos lógicos y a los conocimientos sensoriales.

Al llegar aquí, una vez más debemos contestar a las inquietudes de los que temen que dar un lugar a la intuición en el saber científico equivale a abrir las puertas a toda forma de subjetivismo afectivo o sentimental. Ya hemos dicho que para nosotros la intuición no es un proceso irracional sino una función del entendimiento distinta del proceso discursivo. Al defender a la intuición no pretendemos, por consiguiente, confundirla con las “corazonadas” que no pueden ser verificadas y que además de esporádicas, no forman parte de un proceso cognitivo o que llega a presentarse de manera aislada o con cualquier otro acto de tipo sentimental o afectivo.

El proceso intuitivo es un proceso de carácter racional, aunque en él la razón no opere en un plano consciente y explícito como opera en el proceso discursivo. Puesto que es racional, la

intuición puede ser sometida a la crítica del proceso discursivo y, para alcanzar un lugar en el terreno científico, debe ser legitimada ante el tribunal de la razón. En otras palabras, el proceso discursivo deberá verificar lo razonable de las afirmaciones alcanzadas por intuición. Pero la razón en cuanto proceso discursivo tiene ya otro papel que el que le señala el racionalismo: ya no es el único instrumento que puede alcanzar la verdad sino un instrumento que se reconoce limitado y que como tal es utilizado a la vez que se utiliza la intuición. Por ejemplo, la existencia del mundo real es conocida por intuición; el proceso discursivo no puede ir más allá de la existencia en nosotros de ideas e imágenes cuyo nacimiento se debe a algo que está fuera del sujeto-como-cogito. ¿En qué forma podrá la razón legitimar esta intuición? Ciertamente no por la prueba racional de que el mundo tiene existencia real, pero sí verificando si es razonable la creencia intuitiva en un modo real: porque nuestras ideas e imágenes no son creadas arbitrariamente por nuestro yo pensante, porque nuestro conocimiento sensorial concuerda y verifica la intuición de un mundo real, porque los principios de causalidad y de razón suficiente exigen su existencia, porque las explicaciones racionalistas, relativistas y subjetivistas son insuficientes interpretaciones del fenómeno humano, porque en mi yo hay tendencias de amor y de justicia que me obligan a salir de mí mismo y a dirigirme a otros que carecerían de sentido si no fueran reales.

Al presentar al proceso discursivo como trabajando con el proceso intuitivo en alternada y mutua relación de control y vigilancia, en realidad no hacemos más que describir el proceso

psicológico por el cual el hombre trata de descubrir toda verdad incluso la científica. En efecto, como lo explica muy bien Sir Peter B. Medawar, Premio Nobel de Medicina en 1960, la mayor parte de los científicos no son conscientes de que están empleando un método. “Sí un científico tiene mayor o menor éxito en la tarea que lo ocupa, lo atribuye a haber tenido mayor o menor suerte, o ciencia, o perceptividad, y olfato, pero nunca al uso o no uso de una metodología formal”. Los descubrimientos realizados por los científicos no se han debido a que se se atuvieron a un método, sino a “un ágil intercambio entre un proceso de la imaginación y otro de crítica racional, entre una conjetura imaginativa y una evaluación crítica”. La intuición trabaja de manos con la razón, al punto que se puede decir que “el acto de descubrimiento y su justificación forman un acto integral del pensamiento. Lo que nos lleva a formarnos una opinión, es también lo que justifica que defendamos esa opinión. Los procesos racionales que nos dirigieron a una generalización son ellos mismos los fundamentos que nos hacen suponer que es verdadera”.

La intuición está presente en los procesos racionales tanto inductivos como deductivos de todo adelanto científico. Nada menos que Albert Einstein explicó: “No hay un camino lógico para descubrir las leyes fundamentales de la naturaleza. Sólo hay un camino que es el de la intuición”.