Ella, La Diosa
Hija de Zeus y la memoria Némesis, la Diosa no puede ser otra que la fuente suprema, el misterio, la belleza misma. Acaso el arquetípico Amor. Mueve la mano escritora, le imprime fuerza vital a la obra poética, esto en caso de ser una diosa de inspiración, otras veces puede serlo de la destrucción, nunca la musa, aún menos la musa pasiva que impulsa los estertores creativos de los poetas. En La Diosa. Poemas de amor y otras soledades (Ediciones Eón, México, 2023).
La escritora y Doctora en Humanidades, periodista cultural y de género -reconocida poeta mexiquense- Blanca Aurora Mondragón desdobla los pliegues de una soberanía espiritual y de la resistencia ante lo impuesto en lo escritural. Descubrirse la Poesía en Diosa es uno de los procesos involucrados, poder comunicarse la poeta con la deidad que se piensa lejana mediante el poema como un acto ritual, personal. La autora irá más allá, al desmitificar la carne, el deseo, en la primera parte del poemario (I De Amor) Déjame…beber el agua, venerar la sombra…subir al altar de los deseos
La naturaleza forma parte de la Diosa, pero posee una dualidad: la hechicera, sorciere que ofrenda y orquesta, ayuda material comunicante con lo mortal; no importando el Olimpo del que se desprende, o el mito desde el que irrumpe, la totalidad es la Diosa, la única liberadora del padecer: Hechicera… fíjate dónde pones los pies
Hechicera/no me ciegues con tus huellas/sobre mis ojos, sobre mis labios:/no calles mi voz ni mi palabra… Déjame vivir para mirarte, /para decirte adiós cuando camines/hacia tu horizonte verdadero, /Hechicera, Diosa mía.
El misticismo de La Diosa. Poemas de amor y otras soledades desafía el juicio de lo masculino, pues la feminidad también se somete a un escrutinio de su independencia, a través del reflejo de la voz en un genérico masculino que, bajo la tiranía del autocontrol, descubre que la divinidad no está fuera del cuerpo de la mujer, y que el espacio propio es sagrado, aunque humano
No supe
No supe tocar tus ojos, Diosa mía, /cuando la profundidad de los tuyos/se posó sobre mi frente
Te odio
Te odio/porque no sé cómo llegar a tu corazón/ ni a tu lecho, Diosa mía…La tibieza de tus labios permanecerá conmigo/cada vez que la serpiente del bien o del mal/aparezca desde y con Tetitla/mi Diosa
La Diosa es principio del Eros, del cosmos construido por la percepción del Otro, de la Otra, del amor idealizado de otras diosas que generan deseo y vida. Poseer el amor es poseer la Diosa, el lenguaje, el conocimiento, se muestra aquí el amor poético como adoración Descubrí, siglos después, /que la Diosa es el Amor/la Luz, el Sol, el Universo/endiosados.
En la teoría platónica del amor y la belleza, la Diosa es un mero reflejo, amarla es elevar el alma al absoluto universal como en el poema Solo Luz: Percibo tu nombre, mi Diosa/y mi corazón se alegra
Sin embargo, pasar los límites trae consecuencias. La experimentación del amor por el sujeto lírico puede llegar o a la iluminación o bien, a la destrucción del yo en Contrito:
Estrujé tu cuerpo Diosa/y tu silencio enmudeció mis labios/y el vacío inundó mi alma/y la nada llenó mi cuerpo, fatalmente
Ese yo fragmentado deja de pertenecerse a sí mismo deja de ser un Sujeto, para entregarse a la tribulación y luego al anhelo de pertenencia:
Dame las manos
Hija de Lilith, tú eres de mi clan/Diosas, tú-yo-ella-nosotras/compartiendo el Universo
Asistí
Asistí a la caída de los dioses. El Dios efebo, el Dios maduro, el pequeñísimo Dios, el Semidiós monstruoso. Cayeron todos, Caí yo
Entonces viene la fertilidad creativa, el desafío al tiempo, obligar al lenguaje a estirarse para nombrarlo todo:
De otras soledades
Te quiero, gato; te quiero, cortina, /te quiero, cama; te quiero, toalla.
Desamparo
Te odié, es cierto, /en el desamparo volver a mi casa/abandonada
La poesía conduce a cierto estado de enajenación, de abandono, sin embargo, la muerte se convierte en un estandarte del delirio, el resto del mundo se desdibuja como en un fervor místico
Febrero
Febrero es una ilusión:/el miedo al todo
La melancolía y el vacío revelan el lado oscuro de la fuerza de la poeta, en el dolor de la ausencia, la memoria se convierte en expiación en camino para sobrevivir también
Espejo
Y mañana sólo el espejo, las cortinas extendidas/en largas telas blancas; las paredes se deshacen/en caminos hacia el Volcán que mira por mi ventana
El cultivo de la atención plena o la mirada poética nos lleva a ver lo extraordinario en lo común, el hecho del enfrentamiento de la realidad, de esas otras soledades que nos acompañan, la aceptación del misterio final:
Miro tus manos que aniquilan mi muerte
Acercarse a la lectura de La Diosa. Poemas de amor y otras soledades de Blanca Aurora Mondragón es un acto de valentía contemplativa, ejercicio creativo como lector y admirador de Ella, La Diosa, La Poesía. Agradezco en mucho el poder conocer este libro de manos de su autora, justo cuando ella comparte su creación, su amor a la literatura y algunas soledades otras.

