Empoderamiento riesgoso
Por más calma que se pretenda tener, es sorprendente el nivel de incongruencia –de miedo– que encontramos en las nuevas generaciones de padres de familia. A menos de una semana de haber arrancado el ciclo escolar, ya comenzaron las quejas de varios de ellos porque las instituciones educativas se atreven a tener un reglamento que, en aras de una convivencia armónica y disciplinada, limitan la libertad de su retoño y le roban su personalidad, ¡a los 7 años!
El razonamiento utilizado es peligroso, ya que al permitir que el niño decida todo: la ropa que se pone, el corte de cabello que más le plazca o hasta el Colegio en el que desea ser inscrito, le estamos tergiversando su concepción de integración al mundo.
Empoderar a los niños puede sonar como una idea moderna y atractiva, pero no debe ser porque los menores de edad no tienen la capacidad plena para tomar decisiones que afectan significativamente su vida y su futuro. En ese proceso de crecimiento, los niños y adolescentes deben enfrentar límites que los guíen y protejan. Estos límites no sólo son necesarios para su seguridad, sino también para su desarrollo integral.
Un niño carece de la experiencia, el conocimiento y la madurez emocional necesarios para tomar decisiones importantes por sí mismos. En el ejemplo referido, elegir a qué escuela asistir implica considerar factores complejos como el currículo, la calidad de la educación, la ubicación y el impacto a largo plazo en el desarrollo académico y social del niño. Los padres, con su experiencia y comprensión del entorno educativo, están en una mejor posición para hacer una elección informada que beneficie a sus hijos, pero prefieren renunciar a ese derecho.
Esta postura no debe confundirse con autoritarismo, pues existe una diferencia clara entre imponer reglas de manera inflexible y guiar a los hijos con una autoridad sabia y considerada. El objetivo de los límites y la orientación parental es crear un entorno en el que los niños puedan crecer y aprender dentro de un marco seguro y estructurado.
El empoderamiento infantil debe ser entendido como un proceso gradual y a medida que los niños crecen, sus capacidades para tomar decisiones y asumir responsabilidades también deben crecer.
Por supuesto que se les debe ofrecer la oportunidad para tomar decisiones adecuadas a su nivel de desarrollo, permitiéndoles experimentar las consecuencias de sus elecciones en un entorno controlado. Esta estrategia les ayuda a desarrollar habilidades de toma de decisiones y juicio crítico, mientras siguen recibiendo la guía necesaria de sus padres.
Al final de camino, lo que realmente sucede es que los padres evaden su responsabilidad y delegan en sus propios hijos la toma de decisiones; es más cómodo dejar ser que enfrentar las situaciones.
Si estas conductas ya son de facto inadecuadas, agreguemos que, en el mismo paradigma, esos progenitores de revista se atreven a contraponer la autoridad escolar con argumentos demasiado endebles, pero que, para desgracia de las instituciones educativas, tienen oídos con la autoridad escolar, quien acabará por mandatar a las escuelas que el niño tiene derechos, ¡hágame el chi…stoso favor!
Como siempre se ha defendido en este espacio, ¡todo comienza en casa!, y si llegamos al punto de ser tan permisivos, simplemente aguantemos las consecuencias de un empoderamiento riesgoso.

