En estos tiempos oscuros de iluminación interna, alegremos corazones con ‘villancicos’

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A unos días de la Navidad, días de esperanza, este año tan terrible y al mismo tiempo de tanta bendición, en donde más que los parques, las calles, los templos y colonias adornamos con luces, renos y arbolitos nuestros corazones; cantemos con fe y esperanza los villancicos con quienes hemos elegido vivir una de las más terribles pandemias de la humanidad, que eso no evitará la alegría y la esperanza  de la llegada del niño Dios.

En España, las canciones de Navidad se desarrollaron con más fuerza en la región de Castilla, tienen sus orígenes en las composiciones musicales que llevaron los musulmanes en la época de la conquista y además tienen sus orígenes en la Iglesia católica. Por ahí cuentan las historias que la composición más antigua se remonta al siglo IV llevando por título Jesus refulsit omnium. Más tarde se relacionó con lo eclesiástico, cantando en el Corpus Christi o Asunción. Así fue  como se generaron los villancicos que hoy en día conocemos, cantados por niños en el coro de la iglesia y en torno a la Navidad.

A lo largo de su historia y hasta nuestros días, el concepto, la rima, las letras y las melodías han ido evolucionando a lo que hoy conocemos. Son tradicionales en España y Latinoamérica, así es que conforman parte importante de nuestra cultura. Nos sirven como elemento indispensable para compartir, cantar y festejar la Navidad en familia y con nuestros seres queridos. Ahora bien, la música navideña es tan antigua como la tradición de usar el canto como forma de alabanza al niño Dios. En estos días que ha llegado el tiempo de una necesaria pausa que abra la puerta a la fe y esperanza en tiempos tan complicados y de cierta obscuridad, pero también de una gran iluminación para la conciencia de quien así lo elija, aparece  la Navidad, la época que conmemora el nacimiento de Jesús, no hay mejor momento para recuperar el verdadero espíritu de su llegada; la bondad, el amor, la compasión, la contribución, la convivencia como hermanos y tantas otras enseñanzas que urge poner en práctica. Es momento de alegrar los corazones con estos cantos que surgieron conmemorando ese nacimiento en el año cero. Fue hacia el Siglo IV, con texto en latín y con gran influencia de los salmos hebreos.

Por otra parte,  hacer la distinción entre aquella música que tuvo un origen popular y la que surgió del ambiente académico y trascendió a las celebraciones litúrgicas. La música navideña surge ya desde el siglo XIII en Italia, donde se hallan los primeros ejemplos de lo que hoy podrían considerarse como los actuales villancicos, o carols en inglés. Aún se cantaban en latín y la notación musical no había alcanzado la evolución que conocemos en la actualidad. De ahí pasaron a Francia, Alemania e Inglaterra. Hay que tener en cuenta que en aquellos momentos aún no se establecía el embate de la reforma protestante que cambiaría las reglas de juego del cristianismo en Europa.

Por ejemplo, los villancicos conocidos surgen en el Renacimiento. En realidad la palabra villancico, con la cual se nombra a estas canciones, se utilizaba para designar a los villanos; dícese las personas que habitaban en las villas. Se recurría a melodías muy sencillas para, de esta forma, distinguirse de la clase noble. Así es que se trataba de alegres composiciones que se cantaban en el mundo rural y cuyo fin era ir explicando los acontecimientos que habían sucedido en las villas, son originarios de España villancicos populares como, Los peces en el río, 25 de diciembre y Campana sobre campaña. Aparte de estos que podrían considerarse como los más populares, hay villancicos regionales, conocidos sólo por la gente natural de esas zonas. También podemos recordar algunos tan entrañables como en Belén tocan a fuegoAy del chiquirritín, Ya vienen los Reyes Magos, o Hacia Belén va una burra.

Ahora bien, retomando los orígenes, en las mismas épocas en España, también surge en Inglaterra un género similar llamado carols, se trataba de unas obras vocales en inglés, relativamente sencillas, de contenido religioso, aunque aún no navideño. Su carácter era alegre y festivo y sus intérpretes los cantaban en medio de rondas y círculos. Lo profano y lo sagrado se mezclaban. Y fue hasta el siglo XV que se comenzaron a asociar con la Navidad. Es imperante señalar que aquí sí tiene una relevancia la reforma religiosa que vivió Inglaterra durante el reinado del famoso Enrique VIII y sus esposas. Durante el gobierno de Oliver Cromwell en el siglo XVI estas composiciones se prohibieron porque se consideraban paganas, y por surgir en un ambiente popular y no eclesiástico. Hubo que esperar un siglo para que se reanudara su interpretación e incluso se ligara al ambiente eclesiástico.

En el ámbito hispano, la  composición musical que llevó el nombre de villancico, a diferencia de Inglaterra, no tenía estricto contenido religioso. Incluso algunos tenían contenido amoroso o picaresco. Musicalmente eran composiciones alegres y se caracterizaban por tener un estribillo que se repetía a medida que se cantaban otras estrofas. La misma estructura que tienen hoy las canciones. Se trata de un género entroncado en la más genuina tradición, se proyecta en la historia de la música latinoamericana en dos cauces paralelos: la música folklórica y la docta. Pasando ya a la era colonial, los músicos profesionales adscritos a las grandes catedrales e iglesias urbanas impulsaron su desarrollo como forma artística. Al mismo tiempo proliferó como forma folklórica en las zonas rurales, siendo propagado por misioneros y curas párrocos así como  cultivado por los campesinos indígenas, mestizos y criollos.

Ahora bien, el esquema es compartido tanto por la cantiga como por el villancico; la diferencia radica en que la primera repite el estribillo final y el segundo omite dicha repetición. Entonces, es fácil reconocer el parentesco que une este esquema formal con el de otras formas contemporáneas de la cantiga, tales como el virelaí trovadoresco francés, el laude religioso italiano. Siendo el villancico renacentista una forma fija de la poesía lírica más antigua de Europa. Inclusive se le podría considerar como un superviviente tardío de la lírica primitiva medieval. Es decir su identidad podría ser trovadoresca y románica. Tenemos entonces que la variante más primitiva del villancico se confirma de dos frases musicales que se repiten con ligeras variaciones en la canción entera. En algunos casos inclusive se caracteriza por eliminar el estribillo inicial, una nueva modalidad polifónica renacentista en la cual comienza a diferenciarse la dicotomía mayor-menor.

Por otra parte, hay que señalar que durante el Renacimiento, los villancicos poseen tres funciones musicales: profana, religiosa y mixta. Con respecto a estas últimas, Isabel Pope dice: Entre estos villancicos tradicionales se encuentran reminiscencias de las canciones de romería que vuelven a las canciones populares religiosas y seglares, con motivo de las romerías medievales. También este género se incorporó, igualmente, a la pastorela, que es una pequeña escena dramática dialogada, cuya figura central es la serranilla. Otros villancicos se asocian a fiestas de carnaval, días de santos o Navidad. El Cancionero de Upsala incluye dos de estos últimos, los cuales conservan la estructura dialogada y danzada de las canciones de peregrinos. Hay que comentar también respecto a que el traslado de los repertorios musicales hispánicos a las colonias americanas trajo consigo diversos géneros poético-musicales, tales como el romance, la copla y la décima, entre los cuales el villancico ocupó una posición fundamental, un género que evolucionó primariamente  como canción religiosa promovida por el clero colonial y fue insertada en las festividades navideñas. Del lado de la música culta, adoptó la forma polifónica a capella del Renacimiento español, de ahí se transformó en cantata barroca. En el nivel de la música folklórica, se asoció a las más heterogéneas formas, que van desde la canción infantil y el romance tradicional a canciones y danzas criollas o indígenas, agregadas a veces a las pequeñas escenas dramáticas o procesiones navideñas.

En México, el desarrollo del villancico se extendió durante los siglos XVI y XVII, período en el cual los indígenas fueron capacitados por misioneros y sacerdotes para componer y ejecutar villancicos polifónicos. Tenían un número indeterminado de coplas que alternaban con un estribillo. Sor Juana Inés de la Cruz, sobresaliente compositora mexicana del siglo XVII, acostumbraba reunir grupos de ocho o nueve villancicos dedicados a algún santo. Sin embargo, hacia fines del siglo XVII, el villancico mexicano degeneró adquiriendo cierta forma picaresca que lo separaba de la Iglesia ¡Incluso villancicos mordaces fueron recogidos por la Inquisición durante el año 1715!

Hay que decir que en la actualidad, estamos tan acostumbrados a escucharlos que ni siquiera nos preguntamos acerca de su procedencia. Sin duda muchas de estas canciones tienen una larga tradición y ya las cantaban las abuelas de nuestras abuelas. Algunas más, han llegado en los últimos tiempos. Sin embargo, una mirada a su historia podría alegrar aún más nuestros corazones.

Es momento de voltear la mirada más allá de la oscuridad hacia la luz de una esperanza y cantar estas melodías que inundan los hogares y corazones aun cuando no todos estén entre las mismas paredes, haciendo que las fronteras no existan y los corazones del mundo canten al unísono, llenándonos de alegría a mayores y pequeños; son  esos cánticos con estribillos muy pegadizos que a los niños les encantan. Es el momento de tomar una pandereta y entonarlos.