Encuentro

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Aquel día…

Ramiro vestía una chamarra de cuero negro, jeans claros apretados, muchacho presumido, botas vaqueras. Salió de su alquiler, recién bañado, después de cerrar la puerta, se acomodó el cabello que le caía en la frente, todo un galán. Seguro iba al bar de siempre. Cada viernes llegaba de su trabajo todo mugroso, se oía que dejaba caer su casco luego de abrir la puerta de su departamento y aventaba sus botas pesadas. Una hora más tarde, no era el mismo.

Elías usaba siempre unos mocasines bien lustrados, su uniforme bien planchado.  Se peinaba con el cabello hacia atrás con mucho gel, por eso le gustaba a Jenny, porque aunque no decía mucho, siempre sonreía y olía bien.  Salía de la zapatería a las siete y sus compañeras siempre lo invitaban a tomar algo y él, inventaba mil pretextos para no ir, no era muy bueno conviviendo, sin embargo,  esta vez fue diferente. Terminaron de hacer el corte de caja y cerraron,  fueron a un bar.

Ramiro

Entró al bar y se encontró con sus amigos, uno de ellos le presento a Tatiana y comenzaron a conversar. Tatiana había bebido más de la cuenta y se lanzó a Ramiro sin tapujos y con tal brusquedad que derramo la cerveza que estaba en la mesa encima de los pantalones del pobre galán.  

Elías

Entraron al lugar y Jenny no se le despego de Elías, tomaron unas cervezas y parecían divertirse. Jenny coqueteaba con Elías y él, con su nula experiencia es esos asuntos, lo intentaba, vaya que lo hacía. Aunque sus movimientos eran un poco torpes porque tampoco estaba acostumbrado a beber alcohol, a tal punto que se sonrojo y sintió su cara caliente. Debía hacer algo. 

Ramiro

Al entrar al baño para limpiar y secar, un poco, su pantalón con la secadora de manos, Ramiro se percató de alguien enjuagándose la cara,  antes de dirigirse al lavamanos aprovecho y fue a los mingitorios,  de reojo,  vio los mocasines bien lustrados del chico, cerró su cierre y se acercó. Ramiro le preguntó al joven si estaba bien, el chico le sonrió y le dijo que sí. Ramiro le preguntó si estaba solo, el chico sólo respondió no. Ramiro pregunto algo una vez más y el chico salió rápidamente. 

Elías

Entró al baño aliviado de tanto ruido y de Jenny, enjuagó su cara y también refrescó su cuello, se miraba al espejo y veía su acné, pensó en quién podría quererlo así, claro, que no fuera una chica. No quiso verse más al espejo y volvió a poner agua en su cara, en ese momento entro alguien. En la posición en la que estaba, pudo ver unas botas vaqueras y después, al levantarse, el rostro más bello que había visto en su vida. Se puso nervioso, el chico le hizo unas preguntas y el sentía que la cara le iba a explotar, sintió un deseo, así que salió corriendo del baño.

Ramiro

Tatiana ya había vomitado y estaba acostada en uno de los puffs casi dormida. Ramiro la vio con gracia. No entiendo a las chicas –dijo  en voz alta a sus amigos. Ramiro comenzó a mirar a su alrededor para ver si podía encontrarse con ese chico del baño, no le fue nada indiferente, le pareció curioso. Después de tomar una cerveza más, se despidió de sus amigos, pero ellos le dijeron que llevara a Tatiana a su casa, él se negó, en la moto no puedo llevar un bulto, y además no traigo otro casco,  –les respondió. 

Elías

Las chicas y Elías pagaron la cuenta y salieron del bar, Jenny le pidió a Elías que la acompañara a su casa, Elías dijo que sí. Una de las chicas llevaba carro, pero como la casa de Jenny no estaba muy lejos, decidieron ir caminando. Acompañaron a las otras chicas al carro para despedirse, las vieron irse. En ese momento alguien arrancaba su moto, Elías vio las botas y sintió un estallido en su corazón. En el camino, Jenny sólo hablaba, pero Elías no puso atención, al llegar a la casa de Jenny ella se abalanzó y le dio un beso. Mismo que él no correspondió, ella se dio cuenta. Elías con las manos en las bolsas de su pantalón y algo avergonzado, camino hacia su casa, mientras sentía el frio de la noche, un motociclista de acercó a él, Elías se asustó un poco, pensó que lo asaltarían. Al aparcarse frente a él, el motociclista se quitó el caso; soy Ramiro, y estiró la mano para saludarlo, soy Elías, respondió. Ambos salieron de ahí. 

Elías y Ramiro

Ramiro llevo a Elías a otro bar cerca de su casa, algo tranquilo, como pensó que le gustaría. Ambos hablaron, coquetearon y después fueron al departamento de Ramiro, subieron a la azotea, aquella noche en particular estaba repleta de estrellas. Se abrazaron, y uno frete al otro se miraron, se sonrieron y lentamente se acercaron para darse un beso, lento, profundo, ambos corazones latían rápidamente. 

El encuentro de dos latidos de mundos diferentes, en un espacio imaginable, los unió para darles la oportunidad del amor, de saberse el uno del otro, de no volver a esconderse, de encontrarse juntos.