¿Enemigos íntimos?
A raíz de las últimas columnas, he recibido muchas preocupaciones de colegas que, de alguna manera, ven que lo se ha escrito tiene un reflejo, lamentablemente fiel, en sus centros laborales; todos, sin duda alguna, hombres y mujeres cuyo compromiso con su labor queda fuera de toda discusión, tanta negatividad nos obliga a redefinir nuestra postura.
La realidad es que en el entorno laboral, especialmente en instituciones educativas, es fundamental fomentar un clima de colaboración y respeto. La competencia desmedida, donde algunos intentan sobresalir a expensas de otros, no solo genera un ambiente tóxico, sino que también perjudica la calidad de la educación que se ofrece a los estudiantes. En lugar de intentar meterse el pie entre colegas, debemos buscar acuerdos que beneficien a todos y, en última instancia, a la institución y sus alumnos.
La idea de trabajar en equipo, creando sinergias, es esencial para el éxito de cualquier organización, cuando los miembros de un equipo colaboran, comparten conocimientos y recursos, y se apoyan mutuamente, se crea un entorno donde la creatividad y la innovación pueden florecer.
Cada colaborador puede aportar habilidades únicas que, al ser enriquecidas con las de otros, pueden resultar en soluciones más efectivas a los desafíos que enfrentamos, que valga decir, no son sencillos.
Respetar los acuerdos establecidos es otro pilar fundamental en este proceso; cuando dos, tres o todos los miembros de un equipo se comprometen a cumplir con ciertos parámetros y objetivos, se genera un sentido de responsabilidad compartida y por supuesto que fortalece la confianza entre colegas, mostrando una mejor coordinación, eficiencia en el trabajo y un sentido de imagen pública positiva; cuando alguien no lo cumple, rompe con todo y evidencia no ser tan buena persona.
Algo similar sucede con quienes están super pendientes de la falla del otro, sin voltear a ver sus propias conductas; deporte nacional hacer leña del árbol caido.
¿Por qué se hace?, ¿porque hay una incontrolable la necedad de querer sobresalir a expensas de los demás?, esto se traduce en prácticas poco éticas y en un clima de desconfianza. Esta mentalidad no solo afecta las relaciones interpersonales, sino que también impacta negativamente en la motivación del equipo; tan simple que es promover un ambiente donde cada logro es celebrado como un triunfo colectivo, que impulsa e inspira a todos a dar lo mejor de sí.
Generar bloques de unión y apoyo es esencial para el desarrollo de una cultura organizacional saludable, formas hay muchas: actividades de team building, espacios de diálogo abierto y el reconocimiento de los logros individuales y grupales. Al construir estas relaciones sólidas, no solo se mejora el bienestar de los colaboradores, sino que también se crea un ecosistema donde los alumnos se benefician directamente de la pasión y dedicación del equipo, ¿realmente tenemos que vivir con el enemigo en casa?
En conclusión, al optar por la colaboración en lugar de la competencia destructiva, y al respetar los acuerdos que establecemos, contribuimos a una institución más fuerte y unida.
Este enfoque no solo mejora el ambiente de trabajo, sino que también asegura que nuestros alumnos reciban la mejor educación posible. La verdadera grandeza en el trabajo radica en cómo apoyamos y elevamos a nuestros compañeros, construyendo juntos un futuro prometedor. En las escuelas, ¡con mayor razón!
Cada quien.

