Enfoques equivocados

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Algunos textos de Metafísica hacen énfasis en el poder de las palabras, y cómo es que éstas son tan poderosas que decretan cosas que eventualmente nos favorecen o perjudican; en lo particular creo que las palabras mismas (sin ayudas energéticas o similares) son capaces de orientar nuestra vida y decir mucho de nosotros.

 

Me sorprende que, justo en ese tenor, el de hablar para expresar lo que sentimos, vemos o vivimos, tenemos una interpretación de las cosas que no necesariamente es correcta, y que bien podríamos revisar para no caer en enfoques equivocados.

 

Por ejemplo, es común escuchar a padres de familia que, ante los compromisos escolares de compra de útiles, uniformes, cuotas y otras parecidas, expresan que tienen gastos fuertes.  Si lo vemos como gasto, por supuesto que genera enojo y pesar, pero si reenfocamos y lo consideramos una inversión (lo que es en realidad, porque estamos ocupando recursos para la formación de los hijos), el sentimiento es completamente diferente, porque implica una visión a futuro y no sólo una acción inmediata.

 

De igual manera, quienes en el enojo (entendible, pero no justificable) llaman a sus herederos pinches escuincles, estos cabrones, por citar dos ejemplos, están utilizando palabras no pertinentes para referirse a seres humanos que supuestamente queremos. No, nuestra lengua ofrece muchas posibilidades de sinonimia para mostrar nuestro descontento sin caer en la agresión.  Por supuesto que es necesario hacer saber a seres humanos en formación que están cayendo en conductas inadecuadas, pero aquí también forma es fondo. Con el tiempo, los receptores acaban por convencerse de que son, todo aquello que sus propios padres les han reiterado con el tiempo.

 

Hay un tercer elemento que favorece (sic) las incongruencias en los enfoques; la falta de congruencia. Por un lado, criticamos al vecino porque su hijo nunca recoge su plato cuando viene a nuestra casa, pero no volteamos a ver el desorden que tenemos en nuestro espacio vital; hablamos de tal o cual persona porque nunca hace lo que dice, a la vez que nosotros estamos en la misma condición. Si las palabras no van acompañadas de acciones alineadas con cada significado, es difícil convencer a los demás de que tienen algún valor o sentido.

 

Debemos tener claro hacia dónde queremos llegar y cómo es que lo vamos a lograr, eso es enfocar una vida; no podemos seguir por la misma haciendo lo que queremos sin orden, sin disciplina y sin hacer algunos sacrificios en el camino.

 

El éxito no se obtiene durmiendo o levantándonos a las 11:30 de la mañana todos los días, es necesario trabajo, voluntad, disposición, compromiso, constancia y amor por uno mismo. De otra forma, no queda más que simular y tratar de convencernos de que vamos por buena ruta, aunque los resultados nos muestren lo contrario.

 

Al tiempo, diga lo que quiera decir y véndase como la última botella de agua en el desierto; al final nada más usted sabe si ha llevado una vida bien enfocada, y si todo su entorno está bien alineado.  Si así es, le felicito; si no, usted sabrá.