ENJAMBRE

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Un enjambre. Abejas que a nadie persiguen: son  mis ideas la madeja que se enreda sobre el canasto de estambres de colores. Perdí mi pluma en la desesperación y busqué algo que no me dejara perder la dirección, esa vela que se enciende en el camino.

El cristal está fracturado, a pedazos se empaña, me habla del  pasado que se congela en el día borroso; el ventanal me muestra la calle  que luce llena de niebla  sobre gotas saturadas, el día comienza antes de que el sol salga, antes de que sonara el despertador ya estaba despierta.

Un mensaje habló para que lo oyera y me impulsó a salir pronto. El frio en la espalda, pesa y se queda en pausa, frisa el corazón, solo lo calienta el saber que miraré de frente esa luz que me espera. Vuelvo, vuelvo otra vez a mirar el bosque humedecido, escucho su respiración lenta y pausada. Lo que se guarda en cada una de sus raíces.

He decidido caminar un poco apresurada, dicen que me hace bien. Es el mismo sendero el que recorro aunque el tiempo sea renovado, agudizan mis sentidos, especialmente mi vista que ya no distingue bien,  aún así, sigo viendo en la memoria el portón de tu casa, del que incontables veces entré y salí para volver con mis pasos arrastrando la ilusión de callar ese enjambre.

Salí de madrugada para aplacar el miedo de dejar tu cuerpo en  manos que lo saquearan, no sé definir la hora de partida, sentí que ya no estabas en el mismo sitio y salí casi dormida, llegué al cementerio del pueblo, sólo pude entender que no era un sueño, me apresuré a leer la tumba señalada.

En el ataúd abierto no hay nadie, ahí solo está mi imaginación,  el muerto era de sal, ese espíritu se lleva a todos los vivos en criptas de cristal que se rompen  y se desmoronan al mínimo roce. Pasan a mi lado retratos de seres que se fueron, suplican atormentados en caravanas, van y crean multitudes que ya no tienen un destino. Desfilan ante mí todas las personas que conozco, en una gran fila se adhieren aquellos que jamás he visto, tú eres el gran ausente.

De lejos, un enjambre se escucha, son mis ideas deformadas, acumuladas en el aire, en la sombra de tu figura lejana, en tu voz que me llama en la distancia, acudo corriendo, me sonríes y me das un tarro de miel, tomo tu mano y viajamos por la nubes sin un destino que nos guie.