Enrique Bátiz

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Este domingo amanecimos con la triste noticia de que el gran maestro Bátiz se había visto de frente con la muerte dejando caer la batuta y colocando el fieltro rojo en su piano, simplemente ocultó las teclas blancas y dejó visibles  las negras.

México está de luto.

Parece que el mismo Piano le brindó un tributo, porque justo ayer fue El Día Mundial del Piano.

¿Qué seríamos sin música?

Me duele profundamente su muerte, este hombre además de ser mi amigo, fue un hombre fino y culto, era un genio y, mis hijas por él empezaron a amar la música clásica cuando apenas eran unas bebés.

Cada viernes era una cita obligada con la Orquesta Sinfónica, (OSEM).

Él se mantuvo activo hasta los últimos días de su vida, hablábamos recurrentemente y me comentaba todos los proyectos que tenía, su mente nunca descansaba.

Él nació en la Ciudad de México en el año 1943, en el mes de mayo, como regalo divino para su Madre, quien siempre le amó profundamente. En verdad era un genio, demostró su talento desde los 5 años de edad, al ofrecer su primera presentación de piano, increíble no es cierto…

Sabrán los amantes de la música lo complicado que es ser admitido en la escuela de música Juilliard, pues él entró con el pie derecho y sin ningún problema. Ahí estudió Dirección Orquestal en Julliard School of Music, en Nueva York, y estudios de Posgrado en Piano con Zbigniew Drzewiecki en Varsovia.

Fundó la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM) en el año 1971, y jugó un papel fundamental en su consolidación como una de las orquestas más destacadas del país y, me atrevo a decir, del mundo.

Llevó a cabo múltiples giras con la OSEM, de manera internacional, en Los Ángeles, Estados Unidos, Zaragoza, España, 48 ciudades de Estados Unidos, República China, Alemania, París y Varsovia, solo por mencionar algunas.

Debutó como Director de Orquesta en la Ciudad de México nada más y nada menos que en el Palacio de Bellas Artes, con la Orquesta Sinfónica de Xalapa. 

Durante su carrera dirigió importantes orquestas como la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, la Orquesta Sinfónica Nacional, la Orquesta de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (OSUAEM), fue director invitado de la Royal Philharmonic Orchestra.

Pero no sólo brillaba con luz propia, ya que constantemente traía a México a lo mejor de lo mejor del mundo musical, para deleite de nosotros y para admiración de propios y extraños.

Tenía en mente ofrecer una sola grabación  de su impecable y perfeccionista trabajo y, terminó grabando más de 100 discos, abarcando un extenso repertorio de compositores clásicos y contemporáneos como la obra completa de Joaquín Rodrigo, Rossini y Verdi, del acervo mexicano de Ponce, Revueltas, Moncayo, Galindo y Chávez, al encanto francés de Dukas, Chabrier, Ravel y Debussy, sin soslayar Albéniz y Falla, y el prodigio orquestal de Wagner o Borodin.

En el año 1960 ganó el premio de las Juventudes Musicales de México para Jóvenes Artistas y el Segundo Lugar en el Concurso Homenaje a Chopin del Canal 11, Semifinalista del Concurso Internacional de Piano “Marguerite Long”, París, Francia en el año 1965. 

Recibió la Medalla José Martí, otorgada por la “Gran Logia del Valle de México” por su labor en su desempeño y por llevar el prestigio cultural y social de México a través de nuestra república y el mundo.

Su pasión por la música y su inigualable talento le convirtieron en un referente en la dirección orquestal, siendo reconocido con numerosos premios y distinciones. 

Su legado perdurará a través de sus interpretaciones, grabaciones y, contribuciones al desarrollo musical en México y el mundo, así como en el impacto que dejó en la formación de estas y nuevas generaciones de artistas.

Milena querida, te abrazo desde el fondo de mi corazón.

Les hago llegar un abrazo inmenso donde quiera que se encuentren y que el eterno cielo azul, les proteja por siempre.

AZA/glr©️