+ Entre el Machismo y la Soltería… Hacia Una Nueva Ética del Amor
La frase:
El machismo es el miedo de los hombres a las mujeres sin miedo.
VERDAD DE PESO
Entre el Machismo y la Soltería… Hacia Una Nueva Ética del Amor
Cada vez es más común que mujeres en edad reproductiva prioricen otros aspectos de su vida, como el laboral o sus vínculos familiares y de amistad, relegando la posibilidad de encontrar pareja para formar una familia, nos comentan Aldo Esteban Castro León; Fernanda Xilonen García Albiter, y Fernanda De Blas López. El primero es licenciado en Fisioterapia, especializado en Fisioterapia Neurológica, por la Facultad de Medicina de la UNAM; la segunda es licenciada en Fisioterapia, especializada en Fisioterapia Geriátrica, egresada de la UNAM; y la tercera es maestra y doctora en Ciencias por la UNAM en el Programa de Maestría y Doctorado en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud, campo disciplinario en Bioética.
Refieren que el machismo, entendido como el conjunto de actitudes y comportamientos que violentan injustamente la dignidad de la mujer en comparación con el varón, no sólo afecta la forma en que se establecen y desarrollan los vínculos sexoafectivos, sino que tiene implicaciones profundas en el bienestar de las mujeres. En una sociedad donde ellas han comenzado a exigir relaciones basadas en la equidad y el respeto, la perpetuación de actitudes machistas genera relaciones asimétricas que atentan contra la distribución equitativa de los beneficios y cargas en cualquier interacción social, incluyendo las de carácter afectivo y sexual.
Si bien en estos párrafos nos centramos en analizar la manera en la que el machismo afecta las relaciones heterosexuales, es importante reconocer que las problemáticas planteadas alcanzan a todo tipo de relaciones sexoafectivas, ya que éstas no pueden ser entendidas únicamente como dinámicas personales; también son expresiones de estructuras sociales que refuerzan o desafían patrones de opresión.

Asimismo, es importante aclarar que este texto no busca plantear la soltería como algo inherentemente negativo o indeseable. Por el contrario, se reconoce que muchas personas eligen la soltería como una opción de vida plena y satisfactoria. Sin embargo, en este caso, se examina particularmente la realidad de las mujeres que desean establecer una relación de pareja, pero se enfrentan a tomar la decisión entre vincularse con hombres que perpetúan dinámicas relacionales que son injustas y desiguales, o no aceptar este tipo de vinculación y optar por la soltería, desatando fenómenos radicales que se expanden de manera social, pero que no necesariamente son incluyentes con otras causas identitarias.
Ejemplo de lo anterior es el movimiento 4B, surgido en Corea del Sur, cuyo nombre proviene de las palabras en coreano “no citas, no sexo, no matrimonio, no hijos“. Éste ha ganado popularidad entre mujeres jóvenes que buscan desvincularse de las expectativas patriarcales que tradicionalmente las han condicionado. Al rechazar estas normas, las integrantes del movimiento 4B no sólo desafían el machismo estructural, sino que también plantean preguntas éticas profundas sobre el valor de las relaciones sexoafectivas tradicionales y su impacto en la autonomía de las mujeres. Desde una perspectiva bioética, el movimiento 4B pone de manifiesto la necesidad de cuestionar las estructuras de poder que moldean nuestras relaciones y reflexionar sobre alternativas que promuevan el respeto y la equidad.
El gobierno de dicho país, preocupado por la tasa de fertilidad que los coloca en el último puesto entre los países miembros de la OCDE, a partir del 2016 ha realizado importantes esfuerzos para atender esta problemática. Las propuestas que el Estado ha llevado a cabo se centran en subsidios y programas sociales tales como apoyos financieros para padres, servicios de guardería y asistencia en tratamientos de fertilidad, que buscan incidir en las causas derivadas de la precariedad laboral y económica a la que nos enfrentamos en la actualidad.

Esta realidad no es distinta a la de México. Si bien esta tendencia no se ha popularizado como en el país asiático, cada vez es más común que mujeres en edad reproductiva prioricen otros aspectos de su vida, como el laboral o sus vínculos familiares y de amistad, relegando la posibilidad de formar una familia. Esto puede deberse a que existe una diferencia entre las percepciones de hombres y mujeres sobre la brecha salarial, el matrimonio o la maternidad, lo que afecta directamente en la decisión de buscar pareja.
Así, la decisión de no vincularse responde a contextos donde persisten actitudes machistas, que incluyen la falta de disposición de muchos hombres para deconstruir sus privilegios, asumir tareas de cuidado emocional o cuestionar comportamientos que reproducen desigualdades. Esto no sólo limita las posibilidades de construir relaciones equitativas, sino que perpetúa un modelo vincular que mina la capacidad de las mujeres para ejercer plenamente su agencia.
Por lo anterior, el reconocimiento creciente de las mujeres respecto al machismo plantea grandes desafíos éticos: ¿De qué manera pueden las mujeres vincularse sin caer en relaciones donde existe desequilibrio de poder y falta de equidad emocional? ¿Deben las mujeres asumir la responsabilidad de educar a sus parejas sobre estas dinámicas? ¿O es imperativo que los hombres asuman un rol proactivo en su propio proceso de construcción? Estas preguntas invitan a una reflexión ética que trasciende lo individual y apunta hacia una transformación social más amplia.
Como puede observarse, los vínculos sexoafectivos contemporáneos exigen una revisión profunda de las dinámicas de género y de poder que los atraviesan. Esta realidad refleja la transición social que vivimos actualmente, marcada por una creciente conciencia por parte de las mujeres sobre las desigualdades de género y un cuestionamiento de los roles tradicionales. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos realizados por ellas para transformar esta realidad, dicha transición no exime a los hombres de su responsabilidad de reconocer y erradicar las actitudes machistas que perpetúan. Es crucial fomentar espacios de diálogo que permitan a los hombres asumir un rol activo en la construcción de relaciones equitativas y éticas, basadas en el respeto y la responsabilidad afectiva, ¿no le parece a usted, estimado lector?


