ENTRE LA CIBERSEGURIDAD, EL COMPLIANCE Y LOS PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

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2018 es un año que a más de uno nos ha dado importantes lecciones, como en cada etapa de la vida, cada año, cada ciclo y cada momento nos transforma e inyecta en nuestros seres una serie de experiencias que nos programa y nos desprograma para enfrentar nuevas situaciones, por lo cual para marcar una nueva hoja de ruta en el último día del año, considero importante realizar un recuento de los principales sucesos que involucran los derechos en la era digital y su prospectiva para 2019.

La agenda del derecho de las tecnologías de la información y comunicación se ha modificado vertiginosamente desde la década del año 2000 sobre todo con temas de tecnologías emergentes exponenciadas a través del internet como la principal herramienta disruptora, por lo que si bien en dicho periodo se abordaron temáticas importantes, la técnica fue avanzando y rebasando los hechos sujetos a discusión, por lo que muchos de los documentos de interés que surgieron constituyen estudios o aproximaciones para la comprensión de los fenómenos y efectos en la vida de las personas.

Así mismo, el periodo de referencia fue importante como una etapa de organización y planificación marcada por las diversas organizaciones que surgieron en torno a la nueva gobernanza mundial, que a partir de la Agenda del Milenio fueron tomando rumbo, tales como la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, el Foro Global de Gobernanza en Internet e inclusive, hasta la Alianza para el Gobierno Abierto, de manera paralela al funcionamiento de las organizaciones internacionales que trabajan bajo el amparo de la Organización de las Naciones Unidas.

Dentro de esta nueva organización, la década a partir de 2010 ha estado marcada por una serie de sucesos tecnológico sobre los cuales cada vez existe una mayor preocupación y ante ello una serie de medidas de control contingente que cada vez más apuntan hacia la prevención y proactividad sobre nuevas dimensiones del concepto de accountability.

Así, estas medidas de protección alrededor de 2012 estuvieron marcadas por una nueva estructura legal de los derechos digitales a través de las leyes de protección de datos y en ese momento, un instrumento de vanguardia frente a dichas tecnologías, como lo es el Reglamento General de Protección de Datos en Europa, que ante su plena entrada de vigencia este año, ha marcado las directrices de una nueva serie de prerrogativas frente a la explotación de la información y los datos personales a fin de brindar una continuidad en el esquema de prevención y que a finales de este año recibió un nuevo impulso a partir de la publicación y entrada en vigor de la Ley de Protección de Datos y Garantía de Derechos Digitales en España, sucesos frente a los cuales México no es ajeno en atención a las relaciones sociales y económicas de nuestro país en el mundo.

A su vez, en el ámbito empresarial, los modelos de gobierno corporativo y de cumplimiento frente a los mercados han evolucionado hacia esquemas de cumplimiento legal o compliance más sofisticados, en los cuales, se ha transitado de los modelos de control interno tradicionales y de prevención de actividades ilícitas, a esquemas multifactoriales, multirregionales y de diversos actores involucrados, emulando aspiraciones insertas de la gobernanza en internet, traduciéndolos en una serie de derechos y privilegios civiles con su positivización en el derecho.

Esfuerzos que sin duda vienen satisfacer requerimientos básicos del derecho y del Estado, como son: la seguridad, la justicia y el bien común, los cuales a pesar de su intangibilidad son requeridos hoy mas que nunca frente a las ventajas, beneficios y riesgos que traen aparejados el uso de las tecnologías de la información y comunicación, que han centrado sus esfuerzos en la seguridad, la cual es necesaria para que esas relaciones puedan cumplir sus fines y producir efectos deseados con una perspectiva de sustentabilidad.

En esa inteligencia, la agenda internacional marcada a partir del año 2014 en torno a la ciberseguridad no es sino una necesidad emergente que deriva de un uso cada vez más extendido de esas tecnologías que a su vez han virtualizado cada vez más nuestras interacciones dando paso a la economía digital.

Por ello, incidentes como los que se han apuntado este año permiten develar que a pesar de que el ser humano ha logrado controlar su entorno físico de manera importante (sobre lo cual, no dejan de existir pendientes difícil de atender en el ámbito de delincuencia), el entorno virtual representa una nueva serie de retos sobre el uso extendido de los dispositivos, protocolos y características, pero más aún, sobre la cultura y concientización sobre su uso que nos incumbe a todos.

Esto es así, puesto que la tecnología es neutra y un diseño eficiente, sin duda allana muchos caminos, pero que para su implantación efectiva requiere de establecer alianzas estratégicas para su uso a fin de lograr un uso extendido de manera segura, disminuyendo los riesgos más variables y a la vez críticos, los cuales siempre estarán asociados al factor humano, ya sea tanto de los proveedores y las empresas, hasta de los propios usuarios.

Por ello, ante la inminiente continuidad en los riesgos con el uso de las tecnologías de la información y comunicación y la ciberseguridad, uno de nuestros propósitos para 2019 obligadamente nos debe llevar a informarnos más del tema, así como de mejorar nuestras habilidades tecnológicas con la finalidad de brindar un ambiente que nos permita crecer a todos.

Que nuestros deseos y propósitos para el año 2019 se conviertan en los objetivos para trazar una hoja de ruta exitosa en nuestras vidas, hasta la próxima.