Errata

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Me pregunto insistentemente

si las semillas germinan en el agua sucia

de los platos que impávidos me miran

suplicando una consuetudinaria caricia.

En mi recámara abandonada a la herencia

ya no hay canciones de espera

que me regresen acaso una áspera sonrisa,

sólo el techo se desploma y las aves

no vuelven a anidar la pared de la memoria.

Por eso salgo a la calle transitada por almas únicas

que supieron decir yo voy primero,

madres superiores que tuvieron un hijo

de maneras naturales y patrióticas,

abogadas de causas difíciles, cobradoras,

legítimas amantes, profesoras de lenguas,

artistas de la urbe, estudiantes,

todas ellas con mayor derecho, privilegio

de reclamar como suyo el mundo ausente,

una Nación de las Mujeres, que como siempre,

me excluye y me confiere la penosa tarea de

reconocerme cobarde por mi activismo tan pasivo;

ratón de biblioteca, boca de opiniones seca,

teórica del género sin ninguna protesta,

los ochos de marzo llevan una profunda falta

en sus pancartas

donde dice mujer empoderada

debiera decir mujer que mira las noticias,

encerrada en casa.