Es necesario escribir con las uñas: Juan Carlos Barreto

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Según mis recuerdos, el primer libro de poesía que sujeté en la vida fue Vivir de cualquier modo (2003) de Juan Carlos Barreto Estrada, poeta originario de esta ciudad; lo recibí de manos del autor junto con la invitación para su presentación.

¿Cómo fue? Pues bien, mi madre es compañera de trabajo de él desde hace varios años, y aquél día me encontraba de visita y ella ocupada, por eso fui quien recibió el ejemplar y la invitación que en realidad era para ella.

Mi primera reacción fue el asombro. Nunca había imaginado estar tan cerca de un escritor y me emocionaba lo que quizás pasaba por la cabeza de Juan Carlos al ver un libro con su nombre en la tapa y más tarde, una sala escuchando su obra.

De aquel libro no recuerdo mucho, tristemente se perdió con la mudanza, sin embargo, más tarde tendría la oportunidad de volver a recibir un libro suyo, esta vez dedicado: Polvo en el silencio, IMC, 2014.

Un poeta que conoce la tarde, que la mira todos los días, que la describe en sus formas y tonos; que la recorre con los ojos y con las manos cual si fuera una amante a la que hay que perder y con suerte encontrar de nuevo algún otro día para continuar el romance; que exige su soledad: el mayor, pero más frágil tesoro. Remembranza de la niñez: lejanos días también abrazan al hombre porque el tiempo nunca deja de construir sobre el alma y la piel, Al final los ojos se llenan de surcos. / Vivimos un soplo de tiempo, dice Juan Carlos en la radiografía que hace a la ciudad como un cronista al que sólo le falta nombrar las calles para ubicar específicamente cada cruce, cada acera que delinea en su prosa.

Esta luz anaranjada y el viento hacen lento este tráfico

de la tarde.

Muchas crines, rasgaduras en las cortinas del cielo.

¿Quién camina airoso en el aire sin volver los ojos

ni ser visto?

Nadie. Tal vez el mismo viento o la sangre a galope.

Tribus de nostalgia devastan las llanuras, caballos

del ocaso.

[ …]

La palabra no es la vida.

La vida no es la vida.

Búsqueda y extravío en tiempo fugaz.

Lo yermo del paisaje carcome el árbol de la infancia,

en un cielo cada vez más amplio.

            El mundo en la lengua de Dios.

            Qué lejano el patio materno, los pétalos del rostro,

los ojos del barro.

            Un hombre desea volver al vientre, acunarse. Bajo

su piel un nudo de entrañas provoca el tedio. Hay un

temblor en el ojo izquierdo: desciende el sol del recuerdo.

Naves del ocaso (Fragmento).