ESCUELA NACIONAL PREPARATORIA

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Hago lectura del folleto titulado Sucesos y personajes de hace una centuria / Homenaje a la Escuela Nacional Preparatoria publicado en el año de 1967, texto escrito por el periodista Raúl Noriega, el cual se divide en la Plática en el Museo de la Ciudad de México el 20 de julio de 1976 y, el Discurso pronunciado en la Sesión Solemne de la Cámara de Diputados, el 5 de diciembre de 1867, conmemorativa de la expedición del decreto-ley de 2 de diciembre de 1867. En la segunda parte el periodista dice: Hoy, los diputados de la XLVII legislatura del Congreso de la Unión […] rendimos pleno homenaje a la ya centenaria Ley del 2 de diciembre de 1867, que constituyó el último y efectivo triunfo del liberalismo mexicano en el siglo XIX al dar institucionalidad definitiva a la escuela elemental que entrega a la niñez los conocimientos primordiales y sirve así a la gran masa del pueblo; ley que, simultáneamente, aportó a la juventud, mediante la creación de la Escuela Preparatoria, las perspectivas de mejores y más útiles destinos para la gran comunidad del país y el camino para llegar a las profesiones en las que se ejerce mayor responsabilidad social y económica y aún hasta aquellas actividades que estructuran las directrices de las grandes realizaciones nacionales”.

Se habla y se estudia mucho lo que vino con el siglo XX en la creación intelectual del Ateneo de la Juventud de México. Bien se puede decir que aquellos que le fundaron seguramente venían de esta Escuela Preparatoria que se ubicó en el Colegio de San Ildelfonso, y que es tan orgulloso recinto, pues el bazucazo tirado en el año de 1968 contra su legendaria y artística puerta se rememora como un ataque al liberalismo y sus ideales de democracia, contra el autoritarismo y por las libertades de la sociedad mexicana en todas sus áreas. Bien haremos en estudiar cuáles fueron los alumnos que pasaron por ella y, quiénes sus profesores. Pues al recordar el Instituto Literario de Toluca a quienes pasaron por sus aulas, nos lleva al educador Ignacio Ramírez El Nigromante venido de Guanajuato, y a Ignacio Manuel Altamirano, como alumno de dicho Instituto, al venir de Tixtla —hoy estado de Guerrero—, pero en aquellos años perteneciente al estado de México. Expresa en dicho evento: Esta tarea, Juárez lo sabía, radicaba exclusivamente en la escuela, igual que hoy. Juárez sabía, por sí mismo, cuánto vale la instrucción. Juárez mismo había sentido cómo, al aprender a leer, se le abrieron infinitos horizontes; y cómo también, como alumno, maestro y director del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, en la juventud que estudia se fortalece el corazón y se modela el cerebro de la Patria.

Mucho se debe recordar a la Generación de la Reforma, pero es claro que esta Ley es fundamental, y que quien está al mando de la nación es Juárez por lo que encontramos en las cosas del Estado por todos lados a quien los reaccionarios y todo tipo de enemigos del país, desean desdibujar su imagen para hacerle aparecer un peligro en aquellos tiempos aciagos para México. Así que es bueno recordar en las palabras de Raúl Noriega lo sucedido, escribe: Y así, cuando su Ministro de Justicia e Instrucción Pública le llevó a la firma el Decreto-Ley cuya expedición conmemoramos, el Presidente Indio, tras la limpia caligrafía del amanuense, en cada uno de los ordenamientos allí inscritos, vio la marcha de las nuevas generaciones, las de las niñas y niños, hijos de campesinos, obreros, artesanos y empleados humildes, que mediante la enseñanza primaria adquirirían conciencia de su ser como mexicanos, y vio la marcha de los jóvenes en el estudio preparatorio para llegar a la escuela que más tarde habrían de llamarse facultades, dueños de la noción de que, manejando la ciencia como instrumento, serían capaces de elaborar soluciones técnicas adecuadas al beneficio directo de la superación personal y el mejoramiento colectivo.

Largo camino el de la educación en México, donde sus más preclaros educadores, intelectuales, artistas y científicos pusieron su granito de arroz para darle el sendero de la extensión hacia las masas del pueblo y, a la vez, poner la piedra principal para crear instituciones relevantes en ese largo camino como la Universidad Nacional Autónoma de México, la principal institución de investigación en este país, y también, el Instituto Politécnico Nacional de feliz idea creado por el gobierno de don Lázaro Cárdenas del Río.

Raúl Noriega dice: Con el auxilio de los pequeños anteojos que él usaba, leyó palabra por palabra el documento con el que culminaban, ahora sí, con total posibilidad de realización, las ideas largamente acariciadas por quienes, aún desde antes de la iniciación de la Independencia, habían requerido la reforma educativa. Figuran entre éstos, los padres franciscanos del Colegio de Santa María de Guadalupe, de Zacatecas, que en 1812, en plena Insurgencia, publicaron un folleto en el que preconizaban la inclusión de la enseñanza de las ciencias exactas en colegios y seminarios de la Nueva España; y hay que recordar también a los fundadores de las escuelas lancasterianas y rendir tributo a aquella trilogía que forman Gómez Farías, el doctor Mora y Ramos Arizpe, y mencionar la información de que, en 1862, poco antes de que se iniciara la intervención napoleónica, se hizo público un prospecto en el que se anunciaba la creación de una escuela, cuyos lineamientos programáticos eran, en substancia, los de la misma Escuela Preparatoria, conforme a la letra del Decreto-Ley. En el siglo XVIII el rey de España hace desaparecer los colegios de jesuitas en toda la América hispana, pues era claro que los estudios que se daban en dichas instituciones iban contra la mentalidad del tardo medievo en que vivía la España de sus últimos años en América Latina, ya que el siglo XIX terminaría con su dominio sobre esta América que tanto había dado a su imperio.

Basta leer el texto escrito con sinceridad y con el corazón por parte de Benito Pablo Juárez García titulado Apuntes para mis hijos donde el Benemérito de las Américas escribe de la importancia de la educación en su persona. La experiencia que vive en Oaxaca al crearse el Instituto de Ciencias y Artes en dicho lugar, y la persecución social e ideológica que por parte del alto clero se siguió contra la institución educativa, que en su cometido llevaba la palabra libertad de cátedra y fuera el dogmatismo. Así, que no es raro que Juárez ponga su mayor atención en el deseo que la oportunidad que él vivió la puedan vivir todos aquellos que en el país que gobierna le sea dado y defendido, como obligatoriedad por el Estado y sus leyes. Cita Raúl Noriega: El mandatario ya con la pluma entintada, volvió a leer: “Benito Juárez, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, a sus habitantes, sabed: “Que en virtud de las facultades de que me hallo investido, y considerando que difundir la ilustración en el pueblo es el medio más seguro y eficaz de moralizarlo y de establecer de una manera sólida la libertad y el respeto a la Constitución y a las leyes, he venido a expedir la siguiente: Ley Orgánica de la Instrucción Pública en el Distrito Federal. 150 años se dice fácil en el tiempo, pero lo que México era en aquellos tiempos tenía a la nación en condiciones graves para el erario público, para el mundo de la producción en el campo y la clase obrera apenas se comenzaba a crear, pues México como siempre llegaba tarde al progreso, cuando en Europa la creación de partidos políticos llamados socialistas contaban ya con una presencia del proletariado, tanto era así que en 1848 el texto de El manifiesto comunista invitaba por parte de Carlos Marx y Federico Engels a unir al proletariado en todo el mundo. Fueron tiempos de creación de la Primera Internacional a propuesta de Marx y de quienes desde el anarquismo aceleraron la presencia de una clase emergente que iba a cambiar el mundo con sólo llegar a defenestrar al zarismo ruso y fundar con la revolución de 1817 el primer estado socialista en el mundo. Así que la preocupación de los reformistas por la educación mucho tenía de urgencia para crear en el país que había perdido más de la mitad de su territorio, y era urgente el crear identidad en la nación, de ahí la negación para aceptar un país multilingüe, sólo el español fue obligado.